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¿Defiende Pedro Sánchez un estricto plan de austeridad para España sin saberlo?

El líder del PSOE defiende el Fondo que propusieron los asesores de Merkel. Pero este plan implicaría un drástico plan de ajuste presupuestario.

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El líder del PSOE defiende el Fondo que propusieron los asesores de Merkel. Pero este plan implicaría un drástico plan de ajuste presupuestario.

El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, anunció el pasado sábado un nuevo decálogo de medidas económicas que deberían ser implementadas por la UE, aprovechando que este fin de semana se reunían en Galicia el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y la canciller alemana, Angela Merkel.

El documento en cuestión exige rectificar la senda de austeridad pública y reformas estructurales que han intentado impulsar Bruselas y Berlín para superar la profunda crisis del euro. Entre otras medidas, el PSOE reclama depreciar el euro y un gran plan de inversión pública a nivel comunitario -una especie de Plan E europeo- para reactivar el crecimiento y el empleo.

Sin embargo, dentro de estas diez medidas, destaca especialmente una, ya que su aplicación contradice por completo el discurso anti-austeridad de Sánchez. Se trata del punto 9, donde se señala lo siguiente:

Los socialistas apoyamos la creación de un Fondo Europeo de Amortización de Deuda, tal y como propuso el Consejo Alemán de Asesores Económicos de la Canciller Merkel. Dicho Fondo emitiría de forma temporal deuda conjunta a corto plazo con el fin de rebajar los niveles de deuda hasta el 60% del PIB.

¿Sabe Pedro Sánchez lo que significa realmente la aprobación del citado Fondo? Todo apunta a que desconoce por completo su contenido, a la vista de lo que supondría su aplicación: un drástico programa de austeridad para España y una nueva subida de impuestos, cuya recaudación iría a parar, directamente, a la Comisión Europea.

Los asesores económicos de Merkel, conocidos como los cinco sabios, lanzaron en 2011 la posibilidad de crear un Fondo europeo con el fin de reducir el elevado endeudamiento de los países del sur y que, al mismo tiempo, sirviera de alternativa a la emisión de deuda europea conjunta (eurobonos), tal y como defendían entonces algunos gobiernos.

La idea consistía, básicamente, en que dicho Fondo se encargase de la deuda de cada país participante en cuanto ésta superase el 60% de su PIB, el límite máximo que estable ce el Tratado de Maastricht. Pero, a cambio, dichos países se comprometerían a aplicar estrictas normas de austeridad hasta que sus deudas respectivas cayesen por debajo del 60% del PIB.

No por casualidad, el plan alemán llevaba por título "Pacto para el reembolso de la deuda", puesto que su objetivo último era reducir de forma "creíble" el endeudamiento de los países europeos hasta los límites que marca el Pacto comunitario de Estabilidad y Crecimiento.

En concreto, la propuesta de los consejeros alemanes supondría que los países transferirían a un fondo de reintegros, bajo una garantía común (aval conjunto de la zona euro), aquella deuda por encima del umbral del 60% del PIB, siempre y cuando a cambio aceptasen un plan individualizado de consolidación fiscal, comprometiéndose a amortizar la deuda transferida en un plazo de 20 ó 25 años, como máximo, y aportando como garantías al fondo parte de sus reservas de oro y de la recaudación obtenida a través de una sobretasa aplicada a nivel nacional, bien sobre el IVA o el IRPF.

Es decir, todos los países de la zona euro avalarían esa deuda pública excesiva que acumulan las economías más débiles, como es el caso de España, pero los beneficiarios tendrían que firmar una especie de memorándum por el cual aplicarían estrictas medidas de austeridad (recortes) y nuevas subidas de impuestos para amortizar la deuda transmitida a ese nuevo Fondo.

Así, en lugar de pagar a los inversores, el país en cuestión pagaría esa deuda excesiva al resto de sus socios (algo similar a lo que sucede con el rescate bancario, por ejemplo) y, en caso de incumplimiento, se ejecutarían las garantías aportadas al Fondo, de modo que el resto de socios se embolsarían las reservas de oro y la recaudación fiscal que genere la nueva subida del IRPF o del IVA (sobretasa).

Además, la propuesta de los sabios contemplaba que todos los países miembros incorporasen a sus respectivas constituciones un límite de deuda similar al aplicado por Alemania o España, al considerar que esta medida representa la única fórmula que garantiza la credibilidad a largo plazo del objetivo de consolidación.

"Un elemento fundamental de este modelo es que el fondo se autoliquida automáticamente a lo largo del tiempo por la existencia de un calendario fijo de reembolsos. Esta autoliquidación automática y las restricciones estipuladas haría de este fondo algo muy diferente de los eurobonos", precisaban entonces los cinco sabios autores de la propuesta.

Así pues, o bien Pedro Sánchez desconoce las condiciones específicas del citado Fondo, con lo que ha lanzado una medida cuyo contenido real ignora, o bien acepta el drástico plan de austeridad que implicaría su aplicación, contradiciendo el resto de su discurso, o bien tan sólo acepta el aval comunitario sobre parte de la deuda española, pero con la intención de incumplir cualquier compromiso de austeridad con el resto de socios de la eurozona.

Por último, cabe señalar que estos mismos sabios siempre se han caracterizado por ser muy críticos con la laxa política monetaria del Banco Central Europeo (BCE) durante la crisis, tanto por sus bajos tipos de interés como, sobre todo, por la posibilidad de comprar deuda de forma masiva. "El programa de compra de bonos desmantela la disciplina de los mercados sin haber fijado previamente ninguna alternativa disciplinaria en su lugar", advertían entonces. Esto es justo lo contrario de lo que defiende el PSOE en su decálogo, donde también aboga por la adquisición directa de activos por parte del BCE (Quantitative Easing).

La depreciación no funciona

En cuanto a las otras dos grandes medidas propuestas por el PSOE, devaluar el euro no ayudaría a solventar la crisis de deuda ni a incrementar las exportaciones españolas. Tal y como explica el economista Juan Ramón Rallo, "España depreció la peseta un 50% desde 1980 y la tasa de paro no bajó del 16% durante 20 años". Todo un "éxito", sin duda.

Asimismo, basta observar la política monetaria de Japón para comprobar que la devaluación de la moneda no se traduce en crecimiento ni en creación de empleo, tal y como está demostrando, una vez más, el denominado Abenomics, consistente en aplicar grandes estímulos monetarios (tipos de interés al 0% y compra masiva de activos públicos y privados por parte de su banco central) y fiscales (más gasto público).

El fracaso de los 'estímulos' fiscales

Y lo mismo sucede con el gran Plan E europeo que plantea el PSOE, tal y como se encargó de demostrar la fracasada política económica del anterior gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. La única novedad entre uno y otro plan de estímulo es que "después de arruinar e hiperendeudar a España, se ve que ahora le toca el turno de arruinar e hiperendeudar a Europa", aclara Rallo.

"En España no necesitamos ni más líneas de AVE, ni más carreteras, ni más aeropuertos y puertos vacíos", muestras inequívocas del "despilfarro masivo" cometido en el pasado, sino permitir un marco adecuado para que acontezca el necesario cambio productivo que necesita España. "España no tiene un problema de demanda interna, sino de oferta inadecuada", concluye.

Si EEUU crece, tal y como enfatiza el documento del PSOE, no es por las políticas de estímulo al estilo de Japón, sino por contar con un mercado más flexible que el europeo, una energía más barata y una fuerte reducción del déficit público.

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