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Adiós, elefantes

La solución del buenismo animalista siempre pasa por la coacción.

Carlos Rodríguez Braun
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Leí en La Razón este alarmante titular: "Los elefantes desaparecerán en un siglo por la caza furtiva". Aparte del asombro que provoca que alguien pueda realmente saber lo que va a pasar dentro de cien años con los elefantes, o con cualquier cosa, lo interesante es la combinación de análisis y moral.

El problema analítico queda resumido en una palabra: furtiva. En efecto, los datos sobre la disminución del número de elefantes se presentan junto a la caza furtiva, y no se establece relación alguna entre ambos hechos. Parece probable, sin embargo, que los elefantes desaparecen porque su caza es furtiva. Como es sabido, los cazadores furtivos no tienen interés en proteger la especie que cazan, porque, al estar prohibida su caza, no se obtiene ventaja alguna en hacerlo.

La corrección política jamás contempla la posibilidad de proteger las especies en peligro de extinción alineando los intereses de los cazadores con la preservación de lo que cazan. Eso es lo que ha permitido desde hace siglos que las especies cazadas no desaparezcan: porque si la caza está permitida, los propios cazadores estarán interesados en que no se liquide por completo aquello que cazan, y los criadores estarán interesados en mantener y acrecentar un negocio legal y rentable. Pero el ecologismo supuestamente bondadoso nunca se pregunta por qué se acaban los elefantes mientras que no lo hacen los ciervos ni las perdices.

La moral es también ingrediente relevante en toda esta confusión. Así, en el reportaje de Alfredo Reinoso Kuklinski se puede leer: "Cerca de 35.000 elefantes se asesinan al año por su marfil". La palabra clave, por supuesto, es "asesinan". Es decir, identificar al animal con el ser humano, para predisponer, lógicamente, en contra de su caza. En esta misma línea dice Javier Moreno, cofundador de Igualdad Animal (por cierto, nombre notable que equipara animales y personas):

La caza es un crimen legalizado. El interés de los cazadores en cazar no puede estar por encima del interés en vivir de los animales.

La solución del buenismo animalista siempre pasa por la coacción:

Una legislación que priorice el bienestar y la vida de los animales sobre los intereses de los cazadores (…) perseguir el mercado negro del marfil (…) avanzar hacia la prohibición la caza (…) que no se compre marfil.

Pero la prohibición de cazar elefantes, a pesar de que la consideren un avance, no extinguirá la demanda de caza ni la demanda de marfil; en cambio, puede extinguir precisamente lo que los prohibicionistas dicen proteger: los propios elefantes.

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