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Las tres preguntas a las que deberá responder Syriza (y Podemos) si gana las elecciones

La convocatoria de elecciones dispara la incertidumbre. ¿Habrá quita de la deuda? ¿Se enfrentará el nuevo Gobierno a la troika? Y eso, ¿qué significa?

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La convocatoria de elecciones dispara la incertidumbre. ¿Habrá quita de la deuda? ¿Se enfrentará el nuevo Gobierno a la troika? Y eso, ¿qué significa?
Alexis Tsipras y Pablo Iglesias, durante la asamblea constituyente de Podemos, en Madrid.

Tras un par de años de relativa tranquilidad, Grecia ha vuelto a las portadas de los periódicos europeos. La convocatoria de elecciones anticipadas y la posible victoria de Syriza, un partido populista de extrema izquierda, han provocado un pequeño terremoto en los mercados. Alexis Tsipras, el líder de la nueva formación, asegura que si llega al Gobierno ya nada será igual.

En su discurso se mezclan amenazas a la troika y promesas de cambio radical, para acabar con las pocas reformas acometidas en los últimos años en el país heleno. Ya no amenaza con salir del euro e incluso el impago unilateral de la deuda se ha caído de la agenda. Ahora, Tsipras habla de "reestructuración ordenada" y asegura que negociará con sus socios en Bruselas.

El problema es que no está muy claro qué hará Syriza en el poder. ¿Cuál es su verdadero rostro? El del discurso antisistema con el que ha crecido en los últimos tres años o el del posibilista que asegura que no hay nada que temer. El del que hablaba de salir del euro o el que pide que se acabe con los "relatos de terror". Probablemente no hay una respuesta y sólo la habrá si se produce el triunfo que algunas encuestas pronostican. Para empezar, los inversores ya han dado su opinión: este lunes, ante la mera posibilidad de que Tsipras toque poder, la bolsa griega perdía un 3,46% y la rentabilidad del bono griego a diez años se disparaba por encima del 9,5%.

Desde España, los comicios griegos tienen un nuevo aliciente. En política internacional, los líderes de Podemos llevan unos meses marcando distancias con los gobiernos latinoamericanos que siempre han sido su referente. Así, Pablo Iglesias o Juan Carlos Monedero, que han actuado como asesores de Hugo Chávez o Rafael Correa, huyen ahora como alma que lleva el diablo cuando alguien les menta.

No es así en el caso de Syriza. Iglesias ha ligado su suerte a la del partido griego y ha hablado en numerosas ocasiones de un frente del sur de Europa que se plante ante la austeridad alemana. Por lo tanto, una victoria de Tsipras, que participó en la asamblea constituyente de Podemos, serviría de campo de pruebas para saber que haría la formación morada si llegase a La Moncloa.

Si las elecciones españolas se retrasan hasta noviembre, tendríamos 7-8 meses para ver cómo funciona el experimento heleno. Para empezar, hay tres preguntas a las que Tsipras deberá responder nada más llegar al poder. Y serían muy parecidas a las que enfrentará Iglesias a comienzos de 2016 si logra su sueño.

1. ¿Quién manda aquí?: el discurso pre-electoral de Podemos y Syriza está muy bien construido. Se busca un enemigo extranjero (la troika, personificada en Angela Merkel) y un eslogan llamativo ("la austeridad nos está matando"). A partir de ahí, sólo queda enfrentarse al primero y acabar con la segunda para salvar a la patria.

El problema es que la realidad casa mal con el titular. Para empezar, lo de la austeridad hay que cogerlo con todas las comillas del mundo. El déficit público en Grecia ha rondado el 10% en los últimos seis años. Desde 2008, el ejercicio con unas cuentas más saneadas fue 2012 (déficit equivalente al -8,9% del PIB). El año pasado, por ejemplo, ascendió al 12,3% del PIB. Siempre habrá alguien que diga que el Gobierno heleno podía haber gastado todavía más. Pero hablar de austeridad con estas cifras es cuanto menos curioso.

Todo esto tiene importancia cuando se combina con el discurso incendiario de Syriza. Tsipras, como Iglesias, señala a Alemania, Bruselas, el FMI y el BCE como culpables de todos los males que aquejan a su país, pero lo cierto es que si Grecia sigue viva es gracias precisamente a ellos.

Con esas cifras de déficit y una deuda pública que ronda el 170% del PIB, hace años que nadie está interesado en financiar el Gobierno heleno. Como apuntaba hace unos días Antonio Roldán en El País, el año que viene este país hará frente a unas necesidades de financiación de 17.000 millones de euros y hay un tramo pendiente de negociación de 7.000 millones del anterior rescate. De hecho, el FMI ya ha anunciado que suspende sus ayudas hasta la formación del nuevo Gobierno, algo lógico: nadie pone dinero si no sabe quién y cómo se le va a devolver.

Eso será lo primero que tendrá que explicar Tsipras. Después de años insultando a la troika y acusando a Berlín y Bruselas de todos los males, se enfrentará a la realidad de que su supervivencia depende de ellos.

2. Reestructuración, ¿a cambio de qué?: cuando Tsipras o Iglesias hablan de "deuda ilegítima" y de la reestructuración de la misma, se olvidan de la otra parte de la ecuación. Los acreedores quieren que se les pague aquello que se les prometió. No es tan fácil decir "ya no pago" e irse de rositas.

En este caso, además, se une otra circunstancia. Como apuntamos en el anterior epígrafe, los acreedores del pasado son los financiadores del futuro. Tsipras pide "acabar con la austeridad" o, lo que es lo mismo, subir el gasto público en los próximos años. Pero ya hemos visto que Grecia tiene un déficit estructural cercano al 10%. Por lo tanto, para incrementar el gasto lo primero que necesitará es alguien que le financie anualmente una cantidad equivalente al ¿10-12-15% del PIB? Como no parece sencillo que encuentre ese dinero en los mercados, tendrá que recurrir a los habituales: FMI, BCE y Bruselas (que es otra forma de decir Alemania).

Si le dices a alguien que no le vas a pagar lo que le debes, puede que no esté muy dispuesto a prestarte más. Sólo aceptará la quita e implementará nuevas líneas de crédito si el deudor le asegura que le podrá pagar. No hay otra.

En este sentido, hay que recordar que Grecia ya aplicó una importante quita en su deuda. Y que no ha servido para restaurar las finanzas del país. Por lo tanto, si el Gobierno heleno, sea del color que sea, quiere renegociar su deuda, tendrá que dar pruebas fehacientes de que esta vez va en serio y de que los préstamos que asuma en el futuro sí serán pagados.

Por eso, incluso en el mejor escenario posible (que la troika acepte la reestructuración de la deuda) Syriza se encontrará en una trampa: o acepta lo que sus acreedores le prescriben (reformas y austeridad) o se queda sin financiación para lo que queda de 2015. Si escoge la primera opción, todas sus promesas electorales se vendrán abajo. No sólo tendrá que aceptar las reformas que ha implementado Antonis Samaras en los últimos años, sino que tendrá que ir varios pasos más allá.

Si rompe con la troika (ya sea dentro o fuera del euro), tendrá que buscar los 17.000 millones en otro sitio. No parece sencillo que un Gobierno que hace bandera de sus impagos de deuda y que acaba de despreciar a sus anteriores acreedores consiga toda esa financiación así como así. Es decir, si Syriza y Podemos cumplen con su programa de máximos (salir del euro y pasar de la troika) en realidad los ajustes que han realizado sus países desde 2010 serán un cuento de niños comparados con los recortes de gasto que tendrían que afrontar.

3. ¿Y ahora qué: reformas o contrarreformas?: imaginemos a un parado que debe 200.000 euros al banco. Los pagos mensuales de intereses y principal se comen la mayor parte de sus escasos ingresos. Por eso, acude a su entidad a negociar una quita que le sirva de alivio. Lo que ocurre es que su problema no se deriva tanto de su deuda como de su falta de ingresos. Supongamos que el banco le perdona 100.000 euros. ¿Y qué? Podrá tener un alivio a corto plazo pero, si no encuentra un empleo que le proporcione más ingresos, su situación financiera no cambiará demasiado.

Algo parecido podría decirse de Grecia. Su problema no es de deuda. Sí, debe el 170% del PIB. Pero la razón de fondo de su quiebra está en que nadie cree que será capaz de crecer los suficiente como para pagar esa cantidad. Por eso, incluso aunque logre reducir mediante una quita aquella cifra, seguirá presente el verdadero dinosaurio de la economía helena: cómo conseguir un crecimiento sostenible a medio plazo.

En realidad, en eso consiste el programa de rescate de la troika. Por mucho que Tsipras hable de austeridad, lo que el FMI, Bruselas o el BCE han hecho ha sido prestar a Atenas casi todo el dinero que el Gobierno griego les ha pedido. Incluso tras la primera quita, lo que han exigido es que éste aplicase las reformas que consideran imprescindibles para el futuro del país.

Como explican George Pagoulatos and Panos Tsakloglou, profesores en la University of Economics & Business de Atenas, la raíz de toda la incertidumbre que rodea a Syriza (y lo mismo podría decirse de Podemos en España) es que nadie tiene muy claro cómo actuarán si llegan al Gobierno. Tsipras asegura que deshará las reformas aplicadas en los últimos años, que no han sido muchas pero al menos han introducido un poco de flexibilidad en una de las economías más rígida y menos competitiva de la UE.

Hay quien apunta a que el mercado ya descuenta una nueva quita de la deuda griega. No es un escenario descartable. Pero el otro problema seguirá presente, ¿cómo conseguir el crecimiento? Y aquí volvemos a la pescadilla que se come la cola: Grecia sólo logrará el alivio a corto plazo de la financiación si es capaz de convencer de que crecerá a medio plazo.

Por eso, hay analistas que creen que el escenario no cambiará mucho, con o sin Syriza. Vamos, que Tsipras no podrá aplicar las contrarreformas que ahora mismo promete. Da igual cuáles sean tus planes, sin dinero para pagarlos y sin crédito para financiarte, los eslóganes podrían quedarse simplemente en eso.

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