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La paradoja de los Goya: el peor año en el BOE cierra con récord de taquilla

Las dos películas más vistas en nuestro país el pasado año, Ocho apellidos vascos y El niño, son españolas. La cuota de pantalla se dispara.

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Una imagen de 'Ocho apellidos vascos', la película española más taquillera de la historia.

Diciembre de 2013. En lo que se refería al cine español, El Día de la Bestia no era sólo el título de una película, sino la mejor descripción de lo que había ocurrido en el último año y, escuchando a sus protagonistas, de lo que se anticipaba en el horizonte. Los ingresos por taquilla se habían desplomado. Apenas 11 millones de euros, menos de la mitad que en 2003. España era uno de los países de Europa en el que las páginas de descargas eran más populares. Y el número de salas y espectadores seguía bajando, siguiendo una tendencia que duraba ya más de una década.

El Gobierno, además, tomaba algunas decisiones polémicas. Recortaba por tercer año consecutivo las subvenciones al cine en los Presupuestos Generales del Estado (PGE), dejándolas en 33,7 millones de euros. Y mantenía la subida del IVA de septiembre de 2012. En el sector todo eran quejas: "ruina", "venganza", "desprecio por la cultura",...

El 14 de marzo de 2014 se estrenaba Ocho apellidos vascos. Desde el punto de vista de la taquilla, el proyecto tenía buena pinta. Venía respaldado por Mediaset, que había puesto toda su maquinaria promocional en marcha. Estaba protagonizado por caras conocidas, con actores que se habían hecho famosos sobre todo en la pequeña pantalla. Y explotaba el humor regional, que tan buenos frutos ha dado en Europa en los últimos años: Bienvenidos al norte, por ejemplo, se había convertido en 2008 en la película francesa con más espectadores de la historia en su país, con más de 20 millones de entradas vendidas. Pero nadie podía esperar lo que pasó. Al cierre de 2014, el filme de Emilio Martínez Lázaro era la película española más exitosa de la historia, rozaba los 10 millones de espectadores y los 60 millones de recaudación. Y la fiesta no se quedaba en Argoitia. A lo largo del verano llegaban La isla mínima, El niño y Torrente 5. Entre todos, han logrado que el cine español casi alcance los 21 millones de espectadores, el doble que un año antes. Es un nivel que no se recordaba desde comienzos de siglo, cuando había muchas más salas abiertas y todavía no se sentía el mordisco de internet.

Según las cifras oficiales del Ministerio de Cultura, en 2013 se rodaron 174 largometrajes íntegramente españoles y 57 coproducciones. En total, 231 filmes, que se comparan muy favorablemente con los 110 de 2003. Son datos que aparentan ser muy positivos y, sin embargo, coinciden en el tiempo con las quejas de un sector que asegura que ha sido golpeado por la crisis con más fuerza que otros. Desde 2007, han caído los ingresos en taquilla, el número de salas y de espectadores. Sí, es cierto, 2014 fue un gran año para algunos títulos. Pero aún así, la sensación de precariedad no desaparece.

Las cifras

Como puede verse en los siguientes gráficos, desde el comienzo de la crisis los datos han empeorado. Curiosamente, eso no se ha traducido en una disminución del número de largometrajes. Al contrario, entre películas íntegramente españolas y coproducciones, 2013 cerró con 231 filmes. Claro que habría que ver de qué tipo de proyectos estamos hablando. En el sector apuntan a que el presupuesto medio de un largo ha pasado de 3,2 millones en 2009 a poco más de 1,3 millones en 2013. En este sentido, Fapae recuerda que el 58% de los rodajes notificados tienen un presupuesto menor de 1 millón de euros. El 32% cuenta con presupuesto medio entre 1 y 3 millones, el 5,5% tiene un presupuesto que "alto" para el sector, entre 3 y 5 millones de euros, y el 4,5% presupuesto es "muy alto" con más de 5 millones de euros. Todo apunta a más películas, pero más pequeñas; más títulos, pero menos profesionalización.

Además, sólo ha subido el número de producciones. Todos los demás datos caen con fuerza si se comparan con los años previos a la crisis: el número de salas, la recaudación total y los espectadores. En cuanto a cuota de mercado, en los últimos años hay subidas y bajadas. En 2012, por ejemplo, Lo imposible y Tadeo Jones dispararon las cifras de películas españolas. También es cierto que en esta cuestión hay que ir con pies de plomo. En ocasiones se cuentan como largometrajes nacionales super-producciones de Hollywood que tienen una mínima parte de propiedad española, lo que infla las cifras de forma un tanto artificial.

Sobre 2014 todavía no hay datos completos oficiales en la web del Ministerio. Pero con las cifras que ofrece Fapae ya puede intuirse que fue un buen ejercicio. Las dos películas más vistas en nuestro país, Ocho apellidos vascos y El niño, son españolas. La taquilla total vuelve a subir en 2014 después de 4 años de caídas, un 14% en espectadores y un 3% en recaudación. Esto es consecuencia de que el precio medio de la entrada ha sido de 5,98€ lo que supone una bajada del 9% respecto a 2013.

El mercado cinematográfico en España, en su conjunto cerró 2014 con un total de 522 millones de euros y 87 millones de espectadores. Las producciones españolas recaudaron 129 millones de euros y fueron vistas por 21,7 millones de espectadores el pasado año, con una cuota de mercado de casi el 26 por ciento (a continuación, los datos hasta 2013, último ejercicio con cifras oficiales).

Min. Cultura

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Las causas

En lo que hace referencia las causas del declive en la última década, el cine español no se aleja mucho del argumentario que emplean sus colegas de otros países. También Hollywood, como apuntamos hace unas semanas en Libre Mercado, está pasándolo mal. El número de espectadores en EEUU está en el mismo nivel que en 1995. Y los sospechosos del problema son los habituales: internet, piratería, competencia de otras formas de ocio, precio de las entradas,... En España, a estos se suma la subida del IVA y tenemos el cuadro completo.

Es evidente que todas estas cuestiones tienen su importancia. Es complicado sacar a una familia de su casa, para que se gaste 40 euros en entradas y 30 en palomitas cuando, por unos pocos euros, puede ver una película en su pantalla panorámica con sonido de alta definición. Y eso si se rascan el bolsillo y compran la película de forma legal, a través de alguno de los formatos de streaming. Porque la otra alternativa es que se lo bajen de internet, de forma pirata. Hay que admitir que las alternativas de ocio barato se han multiplicado. No habría sido fácil para ningún sector adaptarse a una realidad tan cambiante y el cine no ha sido una excepción.

Pero cuidado, las cifras también apuntan a que hay razones en la oferta que explican lo que está pasando. Es decir, que cuando productores, distribuidores, directores o guionistas se han centrado en el público y le han puesto delante lo que éste demandaba, los datos han mejorado de forma radical.

Por ejemplo, en los últimos meses los distribuidores se han sacado de la manga una de las iniciativas más exitosas que se recuerdan en España. Y no hablamos sólo de temas culturales. Es complicado encontrar una marca, sector o producto que haya recibido más atención y respuesta del público que La fiesta del cine. En su última edición, entre el lunes 27 y el miércoles 29 de octubre, más de 2,2 millones de espectadores se acercaron a las salas españolas. Los medios de comunicación reprodujeron imágenes de colas a las puertas de los cines que ya casi ni se recordaban. Es cierto, mantener las entradas a 2,9 euros durante todo el año quizás no sea sostenible. Pero parece evidente que el público es muy sensible al precio y que, cuándo éste baja, su respuesta es muy positiva (hay que recordar que en muchas salas de Madrid, por ejemplo, las entradas en fin de semana rondan los 10 euros).

Lo que pide el público

También habría que analizar si lo que estaban ofreciendo los artistas era lo que el público les pedía. En este sentido, no hay más que ver la lista de las cinco películas más taquilleras en España en los últimos cinco años

Películas más vistas.

Ya sean españolas, norteamericanas o incluso francesas, que alguna se cuela en la lista, parece claro lo que quiere ver el aficionado al cine: superproducciones de aventuras (entendido este término en un sentido amplio), comedias y películas dirigidas a un público infantil/juvenil. Y cuando el cine español ofrece eso puede competir de igual a igual con cualquier blockbuster norteamericano. A pesar de las habituales quejas de que compiten en inferioridad de condiciones con respecto a Hollywood, lo cierto es que cuando el producto es similar al que llega de California, los resultados también lo son.

Lo imposible, Tadeo Jones, El niño, Ocho apellidos, Torrente, Los otros, El orfanato, Ágora, Alatriste, Celda 211,... La lista (y eso que sólo hemos cogido cintas posteriores al año 2000) es muy larga. Cada uno podrá tener su opinión sobre la calidad de todos estos títulos. Los habrá mejores y peores. Pero todos ellos se colaron entre los más vistos de su año. Es cierto, si un director español quiere hacer una película intimista sobre un matrimonio roto por las drogas, debe saber que tendrá pocas posibilidades de liderar las listas. Pero tampoco hay ningún filme americano con esta temática que rompa las taquillas. No es un problema de nacionalidad, sino de producto.

En este punto, hay una circunstancia que no siempre se recuerda. Prácticamente todas los éxitos de la última década del cine español están producidos por las televisiones. A Telecino y Antena 3 la ley les obliga a invertir hasta el 5% de su facturación en la realización de largometrajes. Las dos cadenas siempre han protestado por esta imposición, que consideran una intromisión ilegítima en su negocio. Pero más allá de esa discusión, lo cierto es que, una vez obligados a invertir en cine, lo han hecho con un criterio comercial no reñido en absoluto con la calidad. En realidad, tiene lógica. En sus cuentas, las subvenciones que puedan recibir son apenas migajas respecto a los beneficios de un taquillazo: ellos no sólo ganan por la venta de entradas, también emitirán la cinta en sus cadenas y pueden darle continuidad en sus programas (invitando a los actores, haciendo reportajes, etc...). No hay más que ver lo que hizo Telecinco, por ejemplo, en las semanas previas y en las posteriores al estreno de Ocho apellidos vascos.

Es una cuestión fundamental, porque cuando estas empresas se plantea realizar una cinta, su objetivo principal no es hacer un filme para acceder a unas ayudas, sino para atraer al espectador. Seguro que no renuncian a las subvenciones que les corresponden, pero tampoco ésta será la motivación número 1 cuando el proyecto se inicia. Ni la viabilidad económica del mismo dependerá de los Presupuestos Generales del Estado. Cuando uno tiene en la cabeza al público y no al político de turno, el resultado es muy diferente. Lo que ha pasado es que en este año de desplome de las subvenciones, la taquilla ha respondido. De hecho, ya hay quien apunta a que uno y otro hecho podrían estar relacionados (y para bien).

Además, las teles quizás estén abriendo una nueva vía que, de forma inesperada, también sea la salvación del sector. En EEUU las series están sustituyendo en cierto modo a las películas y no sería extraño que en España sucediera algo similar. Nadie mejor que las grandes cadenas para aprovechar estas sinergias. Lo que parece evidente es que el futuro del cine español estará cerca del público o no estará.

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