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José García Domínguez

España nunca será Alemania

Hay un pecado del que jamás se podrá culpar a Alemania: el del liberalismo.

José García Domínguez
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Hay un pecado del que jamás se podrá culpar a Alemania: el del liberalismo. Los alemanes, sus elites que es lo que cuenta, nunca fueron liberales. Y siguen sin serlo. Para ellos, el liberalismo es un invento anglosajón solo útil para los anglosajones. Nada muy extraño, por lo demás. Los países pobres no acostumbran a creer en el liberalismo. Y Alemania, recuérdese, era un país pobre que llegó bastante tarde a la Revolución Industrial. Inglaterra se pudo permitir el lujo del liberalismo porque sus empresas no tenían que soportar la competencia de nadie. Igual que los inmensos, remotos y aislados Estados Unidos del XIX. Pero los que arrancaron con retraso en el tren del capitalismo, como el Imperio alemán, únicamente disponían de una estrategia ganadora: crear de la nada grandes, enormes conglomerados empresariales con el apoyo activo del Estado, proyectos que ningún empresario individual podría haber llevado a cabo por sí solo.

El gigantismo industrial de la Alemania del XXI se explica por la pobreza y el retraso de la Alemania del XIX. Y su mentalidad también. El alicorto, exasperante mercantilismo provinciano de Berlín, tan en las antípodas de la visión global típica de los norteamericanos, tiene mucho que ver con su propia biografía. A fin de cuentas, Alemania es lo que es gracias a haber creado una estructura productiva orientada desde el primer día hacia la exportación. La obsesión por el ahorro, fuente necesaria de las grandes inversiones, frente al consumo. La fijación prioritaria con la estabilidad monetaria. El repudio del déficit fiscal como germen potencial de inflación. El mandato exclusivo al banco central de blindar la estabilidad de la divisa. El estado de alerta permanente contra las barreras a la competencia (asunto indiferente a ojos de los neoliberales). Todo eso, el alfa y el omega de la filosofía de Bruselas hoy, no es nada más que la pretensión de trasplantar al resto de Europa el alma de Alemania. Alemania quiere que toda Europa sea como ella. Un imposible metafísico.

Porque Europa nunca será como Alemania. Jamás. Es lo que no logra entender Merkel. Alemania puede mantener excedentes crónicos en su balanza por cuenta corriente únicamente gracias a que la Europa del sur presenta deficits crónicos en esa misma balanza por cuenta corriente. Es un juego de suma cero. Todo lo que ganan ellos lo perdemos nosotros. Pensar que el resto de Europa podría comportarse como Alemania es lo mismo que creer posible en un partido de fútbol que ganen por 5 a 0 los dos equipos a la vez. Un absurdo lógico. Si todo el mundo en la UE ahorrase como los alemanes, ¿quién demonios iba a comprar los productos que exportan masivamente los alemanes? ¿Tal vez los marcianos, como alguna vez ha sugerido Martin Wolf? Y si todo el mundo en la UE pudiera orientarse a la exportación como los alemanes, ¿cómo demonios iba a mantener Alemania su tasa de ahorro interno? La única manera sería no comprando nada a nadie, pero eso mismo impediría que los demás aplicasen su receta. Tan sencillo y tan difícil de comprender.

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