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Ecuador: rompiendo ventanas

La caída del precio petróleo constituye un golpe para una economía todavía petrolera como la ecuatoriana, con independencia de qué moneda tenga.

Gabriela Calderón
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La caída del precio petróleo constituye un golpe para una economía todavía petrolera como la ecuatoriana, con independencia de qué moneda tenga. La diferencia es que, con dolarización, en el ajuste al shock externo no predomina el efecto de ingreso sino el efecto de sustitución. Es decir, en lugar de reducirse el poder adquisitivo de los ecuatorianos, estos tienen en sus manos una moneda de aceptación universal que les permite sustituir con facilidad productos y servicios denominados en dólares por aquellos denominados en otra moneda, según les resulte conveniente. Por ejemplo, cuando el dólar se deprecia compran más autos Ford y menos Peugeots; si se aprecia podemos hacer lo contrario. Pero nos dicen que esto es algo terrible, que es necesario montar todo tipo de restricciones a las importaciones para proteger la producción nacional frente a los productos baratos del extranjero. Esto no es más que otra repetición de la falacia de la ventana rota de la que hablaba el economista francés Frédéric Bastiat.

El relato va así: un chico rompe una ventana de una panadería y los transeúntes se ponen a filosofar acerca de los efectos de la tragedia: "Esta desgracia puede tener su lado bueno: significará alguna ganancia para algún vidriero". El razonamiento continúa así: "Si los vidrios nunca se rompiesen, ¿qué pasaría con los negocios de vidriería?". Además, el vidriero que repara la ventana ahora tiene más dinero para gastar en otras cosas y quienes le proveen esas otras cosas también, y el efecto positivo se multiplica aparentemente de manera infinita. Siguiendo este razonamiento, el público que vio al chico romper la ventana deja de percibirlo como un vándalo y lo considera un ¡benefactor social!

El otro lado de la historia, explica Bastiat, es que el panadero ahora tiene que gastar 100 dólares en reparar su ventana y ya no podrá comprar el traje que tenía pensado (o cualquier otra cosa que hubiera podido adquirir con esos 100 dólares). En lugar de tener una ventana y un traje nuevo, ahora tendrá solo la ventana. Esto significa que no solo el panadero sino toda la sociedad han perdido un traje nuevo o 100 dólares. La sociedad se ha empobrecido, dado que "la ganancia que obtiene el vidriero no es otra cosa que la pérdida que tiene ahora el sastre".

Cuando una economía en vías de desarrollo tiene moneda propia y realiza un ajuste frente a un shock externo, puede predominar el efecto de ingreso. Este efecto se denomina así porque los ciudadanos experimentan una caída de su poder adquisitivo. Su ingreso real se deprime cuando la moneda nacional se devalúa y deriva en un aumento en la inflación. Es lo que le está pasando a los venezolanos, los argentinos y los rusos. Pero no tendría por qué pasarnos a nosotros, que usamos una moneda de aceptación universal.

Cuando el gobierno encarece artificialmente los productos y servicios importados que demandan los ecuatorianos se comporta como el chico que rompió la ventana del panadero. Se puede jactar de proveer un gran beneficio para la sociedad e incluso nos podrá mostrar incrementos en la producción nacional de determinados productos y servicios, pero está empobreciendo a la sociedad, ya que muchos potenciales empresarios dejarán de producir o nunca entrarán en escena, como el sastre.


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