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Podemos propone organizar por decreto la vida de las familias

La formación asegura que su modelo es el de los nórdicos, pero plantea un programa lleno de medidas que ninguno de estos países aplica.

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La presentación del documento | EFE

El pasado lunes, Podemos presentó su última propuesta. El documento es una mezcla entre medidas económicas y sociales y ha pasado relativamente desapercibido. Quizás, el título ("Reorganizar el sistema de cuidados") ha hecho pensar a muchos que hablamos de una especie de nueva Ley de Dependencia, con mucho gasto público, subvenciones crecientes y algún apunte en temas de igualdad.

En realidad va mucho más allá. La formación quiere organizar a todas las familias españolas según sus criterios. A los que estén de acuerdo con sus gustos y a los que no. Si gana las elecciones, todos tendrán que amoldarse al esquema mental de los chicos de Pablo Iglesias.

La propuesta habla a menudo de la socialdemocracia europea, con sus promesas de que el Estado cuide del ciudadano de la cuna a la tumba. Pero Podemos adelanta por la izquierda cualquier programa político que se haya conocido en España hasta el momento, al menos entre los partidos con opciones a llegar al Parlamento. En realidad, lo que piden es que los burócratas sustituyan a las familias y que los hogares se organicen de acuerdo a lo establecido por la ley.

De hecho, el programa reniega ahora algunas de las propuestas clásicas del feminismo. Los permisos de maternidad, las ayudas por hijo, las subvenciones para dependencia: todas estas medidas fueron durante años el caballo de batalla de la izquierda. Muchas de ellas se han aplicado, pero no han dado los resultados que sus defensores aseguraban que tendrían.

¿Y qué plantea ahora Podemos? Aceptar las críticas y reconocer que se equivocaron los que durante años tacharon de retrógrados a los que disentían. No. Culpa a las "políticas neoliberales" de las consecuencias y anuncia una nueva vuelta de tuerca. Como la sociedad no ha cambiado como se preveía, habrá que dar un paso más. Ahora se conseguirá por la fuerza.

¿Socialdemocracia nórdica?

Como decimos, lo largo de todo el documento hay constantes referencias a los países nórdicos. No es la primera vez que Podemos usa a Suecia, Dinamarca, Islandia o Finlandia como reclamo. Es lógico. Todos ellos son países con una alta calidad de vida, elevados ingresos y una economía competitiva.

El problema es que prácticamente ninguna de las medidas que presenta el partido de Pablo Iglesias se aplican en ninguno de estos países. De hecho, algunas se aplicaron en su momento y fueron descartadas por sus pésimos resultados. No hay más que recordar que Suecia, que fue una de las economías que más creció entre los años 50 y 60, entró en una profunda decadencia en las dos décadas siguientes. El país estuvo al borde de la bancarrota a comienzos de los noventa. Sólo con las medidas liberalizadoras que se aplicaron a partir de 1990 se logró la recuperación.

Pero no es sólo una cuestión temporal. También hay diferencias cualitativas. En los países socialdemócratas del norte de Europa la idea era otorgar más posibilidades a través de la redistribución, pero dejando la organización de su vida a cada ciudadano (o cada familia), incluyendo un amplio margen para la provisión privada de servicios públicos. Es discutible si han logrado su objetivo y si es ésta la única forma de conseguirlo; pero en cualquier caso, no es esto lo que pide Podemos. El programa de esta formación no quiere que cada hogar se organice, al menos si lo hace en dirección contraria a sus deseos. En muchos casos, lo que pretende es diseñar cómo tienen que ser las familias españolas.

Las medidas

- "Jornada laboral máxima de 35 horas semanales con cómputo semanal": ningún país tiene este modelo. Francia, el único que se acercó, tuvo que dar marcha atrás porque supuso un desastre en términos de pérdida de puestos de trabajo, competitividad y menores salarios para los nuevos contratos. Universalizar la jornada de 35 horas sólo puede hacerse de dos formas: o se reducen los salarios en la misma proporción (algo a lo que los trabajadores no parecen muy dispuestos) o se pierde competitividad. Si le ley obliga a mantener los sueldos, eso implicará un aumento de los costes del 15% para las empresas españolas. En estas condiciones, será muy complicado que mantengan su producción (y el empleo) frente a sus competidores exteriores.

Ni siquiera se preguntan en el documento si no habrá miles de trabajadores (especialmente en los sectores mejor pagados y de más productividad) que quieran dedicar más tiempo a sus empleos a cambio de un mayor salario. En contra de lo que se insinúa en ocasiones, en la actualidad son las ocupaciones mejor pagadas las que también exigen una mayor dedicación horaria.

Además, el cómputo se hará de forma "semanal". Es decir, también se prohíben los picos de actividad. Las industrias que tengan períodos especialmente intensivos no podrán pedir a sus trabajadores un esfuerzo extra en esos momentos a cambio de más vacaciones o jornadas más cortas en la temporada valle. Del mismo modo, aquellos trabajadores que ahora agrupan su actividad durante unos meses (algo habitual en España en el sector turístico) tampoco podrán hacerlo. Son 35 horas, para todos y en todo momento.

- "Acabar con la dualidad entre jornadas interminables y empleo a tiempo parcial", un tipo de ocupación que "no es un trabajo digno porque no proporciona los mínimos derechos económicos, sociales y laborales": habrá quien piense que reducir la jornada laboral es una buena idea. Sobre todo si le convencen de que no llevará aparejada una reducción equivalente en el sueldo (es difícil imaginar cómo se conseguiría, pero eso es lo que dicen desde Podemos).

Pero el partido de Pablo Iglesias no sólo quiere poner un límite máximo. También le molestan las jornadas laborales cortas. Por eso, en su propuesta ataca al empleo a tiempo parcial, del que asegura que no es "trabajo digno".

En el norte de Europa la extensión de este tipo de trabajos viene de la mano de la prosperidad. Esto Podemos lo oculta, pero son precisamente los modelos en los que dice fijarse los que presentan una mayor incidencia del empleo a tiempo parcial. De esta forma, los países de la UE en los que el empleo a tiempo parcial es más habitual son: Holanda (cerca del 50% del total de puestos de trabajo), Suecia, Austria, Alemania, Dinamarca o Reino Unido (todos estos con porcentajes alrededor del 25%). Además, en todos estos países, la gran mayoría del empleo a tiempo parcial es voluntario y no está asociado a trabajos poco cualificados o mal pagados. En algunos casos, incluso, la remuneración por hora es igual o superior a la de los trabajadores a jornada completa.

Es un fenómeno que se ha intensificado en las últimas décadas y que no tiene nada de malo. Simplemente, llegados a un determinado nivel de ingresos, las familias suecas, holandesas o austriacas deciden que uno de los dos progenitores limite sus horas de trabajo. Es cierto que en la mayoría de las ocasiones es la mujer la que toma esta decisión, pero también es verdad que cada vez existe más igualdad en esta cuestión. Lo que podría entenderse como una conquista de las familias (su capacidad para decidir cómo organizar su tiempo y si dedicar más espacio a su trabajo o a su hogar) no tiene cabida para los ideólogos de Pablo Iglesias que quieren que todos los hogares sean iguales.

- "Permiso de paternidad igual para cada persona progenitora, intransferible y pagado al 100% del salario": es una de las medidas estrella. Entre otras cosas porque a primera vista puede sonar bien a buena parte del electorado y porque parece una ampliación de los "derechos" de los que tanto hablan los políticos.

Sin embargo, hay que hacer varias puntualizaciones. Para empezar, aunque se cite a los países nórdicos, hay que recordar en ninguno de ellos existe un esquema similar. Quizás lo más parecido sea Suecia, en el que los padres tienen hasta dos meses de permiso no obligatorio que no pueden ceder a sus parejas. En la mayoría de los países (incluido España), la tendencia es la de ampliar opciones para que las familias escojan. Normalmente, se garantizan unas semanas de permiso para la madre justo después del parto y unas semanas (menos) para el padre; luego se permite que sea cada familia la que decida cuál de los dos padres se acogerá al resto de beneficios permitidos por la ley (en la UE hay de todo, desde permisos hasta que el niño cumpla uno o dos años hasta la posibilidad de pedir una reducción de jornada durante unos años). La idea es que no sean siempre las madres las que se acogen a estas alternativas, pero no suele haber imposiciones legales, sino que se admite que cada hogar decida según sus preferencias y circunstancias.

Por eso, incluso sin tener en cuenta los temas económicos (cuánto cuestan estas medidas y quién las paga), habría que preguntarse cuál sería el impacto en la sociedad de las propuestas de Podemos, que no permiten la elección, sino que obligan. Su razonamiento es el siguiente: ahora mismo las mujeres "se ven etiquetadas por las empresas como 'menos disponibles para el empleo"; por lo tanto, equiparando permisos de paternidad y maternidad, eliminamos este problema. Pero cuidado, si seguimos la lógica de Podemos, la conclusión no tiene por qué ser ésta. Según los autores del documento, ahora las empresas discriminan al colectivo que se coge permisos de maternidad. Es muy discutible que exista esa supuesta discriminación, pero asumiendo que la hay, ¿qué les hace pensar en que no ocurriría lo mismo si se amplían por decreto los beneficiarios de ese permiso? Es decir, las empresas podrían "etiquetar como menos disponibles para el empleo" a todas las personas de entre 25 y 40 años que tengan una pareja estable, sean hombres o mujeres.

Visto desde el punto de vista del trabajador también hay consecuencias. Si hombres y mujeres saben que si tienen hijos tendrán que cogerse el permiso de maternidad o paternidad quieran o no quieran, ¿incentivará esto la natalidad y el matrimonio o tendrá exactamente el efecto contrario? Por un lado, Podemos dice que con el actual el permiso de maternidad se reducen las cifras de natalidad, porque las mujeres dejan de tener hijos para no ser penalizadas en el trabajo. Pero no se llega a la misma conclusión cuando hablan de obligar a los dos padres a hacer lo mismo. Cuanto menos es algo contradictorio.

- "Eliminar el artículo 18 de la Ley de Dependencia que prevé la prestación por cuidados en el entorno familiar": ésta es la propuesta más curiosa de todas. En una primera lectura, podría parecer contradictoria con el resto del documento que está trufado de promesas de incrementar el gasto público en "cuidados". De hecho, los autores reconocen que una de sus pretensiones es completar el trabajo que inició José Luis Rodríguez Zapatero con la Ley de Dependencia. No hay ninguna explicación de cómo se pagaría, pero si la intención clara de ampliar el intervencionismo del Estado.

Por eso, llama la atención que se pida "eliminar el artículo 18" de aquella norma. Este precepto prevé que los familiares de los dependientes puedan hacerse cargo de sus cuidados, recibiendo una paga del Estado a cambio de esos servicios. Pues bien, tampoco esto le vale a Podemos. Si hay un dependiente y el Estado paga por sus cuidados, que sea un funcionario el que se ocupe. Nada de una hija cuidando a su padre o un padre dedicando tiempo a su hijo.

- En lo que hace referencia a las empleadas de hogar, aseguran que "este tipo de trabajo se presta a relaciones serviles y a todo tipo de abusos" y abogan por su supresión o su reducción al mímimo. Podemos también pone a las empleadas del hogar en su punto de mira y afirma que su modelo son los países nórdicos, donde asegura que las cifras en este sector son "ínfimas".

También aquí se insinúa una cierta contradicción. Por un lado, admite que "un hogar no es un lugar de trabajo normal: la prueba es que la Inspección de Trabajo no entra en los hogares". Por otro, pide la "equiparación" de los derechos laborales para las personas que se dedican a estos menesteres, que en estos momentos tienen un régimen más parecido al de los autónomos.

Evidentemente, si esto saliera adelante, implicaría un incremento brutal de costes. Hay que recordar que los trabajadores por cuenta ajena le cuestan a sus empresas mucho más de lo que recoge su salario bruto. Los costes en cotizaciones, seguros o formación casi duplican lo que el empleado recibe en su cuenta bancaria. Si a eso le sumamos las complejidades administrativas de emplear por cuenta ajena (y viendo el programa económico de Podemos no parece que vaya a simplificar esta cuestión), parece lógico pensar que cientos de miles de familias tendrían que prescindir de sus empleadas. ¿Cómo afectaría a estas trabajadoras, las de menor cualificación y con menos posibilidad de recolocación? ¿Qué consecuencias tendría en el incremento del empleo sumergido? ¿En qué posición quedarían las familias que ahora optan por contratar estos servicios? Pues tendrían que dedicar parte de su tiempo libre a hacer algo por lo que ahora están dispuestos a pagar, simplemente porque a Podemos no le gusta cómo organizan su vida.

- "Es necesario asegurar que todas las criaturas tienen plaza en una escuela de educación infantil pública de calidad desde el día siguiente a la finalización de los permisos de sus progenitores/as. Es importante que esta escuela sea gratuita y ofrezca horarios suficientes. La educación infantil no es solamente una necesidad de madres y padres sino también, y sobre todo, un derecho fundamental de las criaturas".

De nuevo, no sólo hablamos de ofrecer más opciones a las familias o de ayudar a pagar una guardería. Podemos quiere ir más allá. Aunque todavía no habla de hacer obligatoria la asistencia a la guardería, el documento habla claramente de "universalizar" la educación desde los cero años y asegura que éste es un "derecho" de todas las "criaturas" (por cierto, ésta es la denominación que utiliza a lo largo de todo el documento: ni hijos, ni niños ni siquiera menores... para Podemos son "criaturas").

Varias cuestiones llaman la atención. Lo primero es que cuando uno habla de "derechos" de la "criatura" lo que se intuye es que no es una potestad de los padres decidir si quieren o no llevar a sus hijos a la guardería, sino una obligación para con el niño. Sorprende especialmente cuando se combina con la exigencia de "permisos de paternidad y maternidad no transferibles". Es decir, como hemos visto anteriormente, para Podemos es inaceptable que durante los cuatro primeros meses de la vida de un niño (la duración actual del permiso de maternidad) cualquiera de sus padres trabaje y descalifica a aquellos que piensen lo contrario.

Pero al mismo tiempo, cree que es igualmente inaceptable que a los cuatro meses y una semana de la vida del mismo niño cualquiera de sus dos padres siga en casa y dedique su tiempo a cuidar a su retoño. Tienen que ser exactamente dieciséis semanas de permiso de paternidad para los dos padres y para todas las familias. Ni más ni menos.

Además, hay que apuntar que la idea de que las guarderías sean beneficiosas para el niño "desde los cero años" está muy lejos de estar ampliamente aceptada. Entre los expertos no hay ni mucho menos unanimidad, ni en un sentido ni en otro. Es una cuestión abierta a la discusión. Por eso, lo normal sería que cada familia eligiera en función de sus necesidades y sus criterios. En todos los países avanzados de Europa se hace así. Sin ir más lejos, en Finlandia el 71% de los niños menores de tres años es atendido por sus familiares. Es el porcentaje más elevado de la UE-15, muy por encima del 49% en España. Y hablamos del país con el sistema educativo más exitoso y uno de los estados del bienestar más completos del mundo.

- "Prestaciones universales por criatura, independientemente del nivel de renta y del tipo de familia. Prestaciones por familia monoparental. Especial atención en los servicios públicos e integración en el empleo de calidad de las familias monoparentales": en dos frases consecutivas Podemos se contradice. Primero habla de "prestaciones por criatura", sin tener en cuenta el tipo de familia. A continuación, se desdice y afirma que si la familia es monoparental entonces sí habrá un extra por cada hijo.

Resulta cuanto menos curioso que las únicas familias que vayan a recibir una ayuda extra sean éstas. En EEUU hace años que se preguntan por las consecuencias sociales del incremento de este tipo de familias y el sentido de unas ayudas que se instituyeron para resolver una situación de necesidad pero han terminado convirtiéndose en un incentivo perverso. Por ejemplo, este artículo en The Atlantic, una publicación más bien progresista, alerta de "El misterioso y alarmante crecimiento de los hogares con un sólo progenitor en EEUU". Este otro, en Forbes, asegura que "los hijos de padres solteros tienen muchas más posibilidades de experimentar pobreza infantil, convertirse en padres solteros o dejar la escuela".

*** Actualización (08-03): se ha añadido un párrafo en el epígrafe sobre los permisos de maternidad, para aclarar la diferencia entre lo actualmente vigente en la mayoría de los países europeos y la propuesta de Podemos.

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