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Circulando en sentido contrario

Para distribuir riqueza primero hay que generarla, y para eso nunca ha servido el comunismo.

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De las evidencias parece poder afirmarse que siempre los ha habido, que los hay en la actualidad y que, probablemente, seguirá habiéndolos en el futuro. Son personajes que se empeñan en discurrir en contra de lo aconsejable, avalado por sus resultados, y a favor de lo abandonado por obsoleto y por estéril, también por los que fueron sus adalides.

Lo curioso no es que haya quienes se empeñen en propagar lo ya abandonado, tras un estrepitoso fracaso, sino que siempre encuentran un coro, a veces numeroso, de ángeles y de diablos, que al unísono cantan las excelencias de prédicas a las que se suman sin más reflexión de la que merece, para un fumador, encender o no un cigarrillo.

Con independencia de lo que piense el conductor –ese es el significado literal del vocablo Führer–, que bien puede pretender satisfacer simplemente sus apetencias, incluso planteadas en términos de negocio político, económico o social, la masa que sigue al conductor se presenta como uniforme, cuando en realidad es bien diversa; de hecho, la conforman dos grupos: uno, el de los ángeles, que creen que un mundo angelical puede existir en aquel punto del que todos vuelven, y otro, el de los diablos, cuyo objetivo es la destrucción, el caos, la miseria y desesperación de la mayoría.

La locura que les acompaña al circular en sentido contrario les impide ver la realidad a la que se dirigen, y, generalmente, de nada sirve que se les hable y se les muestre qué ocurrió en el mundo cuando se practicó lo que ahora proclaman como gran novedad, y que se abandonó tras repetidos fracasos.

Es cierto que algunos países aprendieron y nunca más trataron de poner en práctica las fórmulas fracasadas. Comprendieron que los ejemplos, propios y ajenos, están para mirarse en ellos y para nunca volver a cometer los mismos errores que ya purgaron en el pasado. Pero ¿qué pasa en España? ¿Por qué tenemos esa tendencia milagrera a escuchar y seguir a los que predican experiencias caóticas, fracasadas en nuestro país y en otros? ¿Han sido las elecciones andaluzas un indicio de que algo está cambiando?

Resulta interpelante leer en un mismo medio de información el programa político, económico y social de Podemos, haciendo alarde de nacionalización de empresas de energía, de transporte, bancarias, etc., y a renglón seguido se nos informe de las privatizaciones de empresas públicas, en número tan elevado como para hacer crecer el Producto Interior Bruto, en la República Popular China. Mientras éstos vienen, tras 67 años de comunismo, los de Podemos, circulando a la contra, ofrecen aquel nirvana comunista que los chinos pretenden abandonar.

Los chinos saben, por experiencia, que el comunismo es capaz, gracias a la coacción, de distribuir la pobreza, pero que para distribuir riqueza primero hay que generarla, y para eso nunca ha servido el comunismo.

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