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Rajoy gasta hoy 40.000 millones de euros más al año que Zapatero al inicio de la crisis

La 'austeridad' aplicada por el PP ha consistido en disparar los impuestos y en reducir la inversión pública, no el gasto estructural.

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La 'austeridad' aplicada por el PP ha consistido en disparar los impuestos y en reducir la inversión pública, no el gasto estructural.
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Ahora que ya se conoce el dato provisional de déficit en 2014 (5,8% del PIB), es posible actualizar la evolución de las cuentas públicas en España durante la crisis para comprobar si, efectivamente, ha existido o no austeridad por parte de la clase política.

Y lo que indican los datos oficiales es que, por mucho que se diga lo contrario, la manida austeridad española tiene mucho de mito y muy poco de realidad, ya que el conjunto del sector público gasta hoy mucho más dinero que al inicio de la crisis. Además, los escasos recortes acometidos son, en gran medida, coyunturales, puesto que se han centrado en reducir la inversión pública y no la estructura estatal, lo cual indica que aún queda mucho por hacer en materia de consolidación fiscal.

A continuación, se recogen los diez principales gráficos que desmontan la falacia de la austeridad en España, según los últimos datos oficiales facilitados por la Intervención General del Estado.

El gasto público crece un 10% durante la crisis

La primera gran cifra a tener en cuenta es, sin duda, el gasto público. Las Administraciones (Estado, CCAA, Entes Locales y Seguridad Social) gastaron un total de 461.474 millones de euros en 2014 (43,6% del PIB) frente a los 420.680 millones (38,9%) de 2007.

Así pues, el Gobierno del PP, con Mariano Rajoy a la cabeza, gasta hoy más de 40.000 millones adicionales que el Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero (PSOE) al inicio de la crisis financiera internacional, cuyo estallido tuvo lugar en el verano de 2007.

Difícilmente se puede hablar de austeridad pública si resulta que el Estado, lejos de reducir el gasto, lo ha aumentado de forma sustancial durante estos años de graves dificultades, hasta el punto de gastar un 9,7% más que en el pico de la burbuja crediticia, cuando las cosas, aparentemente, iban extraordinariamente bien.

De hecho, el gasto público alcanzó su nivel máximo a cierre de 2012, cuando rozó los 500.000 millones de euros, sumando así unos 79.000 millones extra a los Presupuestos (+18,7%). Desde entonces, se ha reducido en cerca de 38.000 millones. Sin embargo, cabe tener en cuenta que aquí también se está contabilizando el rescate de las cajas de ahorros, cuyo coste total asciende ya a 50.698 millones de euros desde 2010, cuando el Estado empezó a inyectar dinero público en las entidades insolventes.

Si se excluyen las ayudas financieras, se observa que el gasto crece en algo más de 73.000 millones entre 2007 y 2009 (+17,4%). Desde entonces, se ha reducido en algo más de 33.000 millones (-6,8%), pero, en realidad, el grueso de los ajustes se concentra tan sólo en dos ejercicios muy concretos: 2011, último año de Zapatero en el Gobierno, cuando el gasto baja en más 9.000 millones de euros (-1,9% interanual), tras la congelación de las pensiones y el recorte de sueldos públicos; y 2012, primer año de Rajoy en el poder, cuando cae en 23.000 millones adicionales (-4,8% interanual).

Sin embargo, desde el cierre de 2012, el nivel de gasto público permanece anclado en 460.000 millones de euros. Es decir, tanto en 2013 como en 2014 no hubo recortes de ningún tipo.

El recorte se centró en la inversión pública

Ahora bien, ¿qué recortó el PP? ¿Redujo de forma sustancial el Estado del Bienestar y el gasto social, tal y como denuncian oposición y sindicatos? Los datos también desmontan esta afirmación.

El escaso ajuste acometido por Rajoy se concentró, básicamente, en revertir el aumento de plantillas públicas que protagonizó Zapatero durante los primeros años de crisis (el empleo público creció en más de 300.000 personas entre 2007 y 2011) y en reducir de forma sustancial la inversión en infraestructuras y obra pública, tal y como muestran los siguientes gráficos.

El gasto corriente, en donde se incluyen las principales prestaciones y servicios públicos, apenas ha caído en 5.000 millones de euros desde 2011 (-1,1%) y, de hecho, ha aumentado ligeramente si se toma como referencia su peso en el PIB debido a la fuerte recesión sufrida años atrás: el gasto corriente ha pasado de representar el 40,6% del PIB en 2011 al 40,8% en 2014.

Pero lo más relevante es que se ha disparado en casi 75.000 millones de euros durante la crisis, un 21% más, pasando del 33,1% del PIB en 2007 al 40,8% actual.

Dentro del gasto corriente se incluye la factura total de los sueldos públicos. En este sentido, es cierto que el recorte de plantillas acometido desde 2011 ha reducido el coste de personal en 8.000 millones de euros (-6,6%), pero esta partida sigue siendo hoy 7.000 millones superior a la registrada en 2007. Es decir, pese a todo, el dinero destinado a sueldos públicos ha crecido más de un 6% durante la crisis.

El grueso de los recortes aplicados durante la crisis, por el contrario, se ha centrado en la inversión pública, una partida más coyuntural que estructural, ya que no afecta al funcionamiento básico del Estado: 18.000 millones menos desde 2011 (-47%) y 28.000 menos desde 2007 (-57,3%).

El Estado gasta un 15% más de lo que ingresa

Y lo grave es que las cifras demuestran que las cuentas públicas sufren un problema estructural, ya que el nivel de gasto -excluyendo las ayudas financieras- ha seguido creciendo durante la crisis, mientras que la recaudación fiscal se ha hundido en más de 40.000 millones de euros, a pesar de las constantes e históricas subidas de impuestos aplicada por PSOE y PP en los últimos años.

Como consecuencia, el Estado continúa gastando a día de hoy un 15% más de lo que ingresa por vía fiscal. El Gobierno de Rajoy confía en reducir esta brecha gracias a la recaudación adicional derivada del crecimiento económico, pero, tal y como advierte el Banco de España, será muy difícil recuperar el nivel de ingresos previo a la crisis. Los ingresos fiscales extra que generaba la burbuja inmobiliaria no regresarán, de modo que habrá que reducir más el gasto para cuadrar las cuentas.

Elevado descuadre fiscal

Pero la prueba más evidente de la ausencia de austeridad es el mantenimiento de un agujero fiscal elevado, tal y como sucede en la actualidad siete años después del estallido de la crisis. El déficit público rondó los 62.000 millones de euros el pasado año, equivalente al 5,8% del PIB, superando ligeramente el límite marcado por Bruselas.

Además, se observa que, una vez excluido el rescate de las cajas, la reducción del déficit ha sido mínima desde 2012. Incluso excluyendo el pago de los intereses, la diferencia entre ingresos y gastos (déficit primario) supera los 27.000 millones de euros.

Como resultado, España registra hoy uno de los déficits más elevados de Europa y de la OCDE. Además, aunque el PP ha logrado reducir esta brecha en un total de 3,6 puntos del PIB en lo que va de legislatura, el grueso del ajuste se concentró en 2012 (-2,3 puntos) y, en todo caso, el esfuerzo de consolidación se ha repartido al 50% entre recortes de gasto (especialmente, inversión pública) y fuertes y generalizadas subidas de impuestos a familias y empresas.

La deuda y los intereses se duplican

Otro indicador que evidencia la falta de austeridad es tanto la evolución de la deuda como su coste, ya que ambos se han más que duplicado durante la crisis. Por un lado, la deuda ya supera ampliamente los 1,03 billones de euros, tras crecer en 290.000 millones desde 2011 y en más de 600.000 millones de euros desde 2007, pasando del 35,5% del PIB al 97,7% en 2014.

Y, como consecuencia, el gasto destinado al pago anual de intereses sobre la deuda ha subido en más de 8.000 millones de euros bajo el Gobierno del PP (+31,2%) y en 17.600 millones desde el inicio de la crisis (+104,4%). Esta partida representó el 3,3% del PIB en 2014, algo más de 34.000 millones de euros... Y creciendo.

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