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José García Domínguez

¿Qué hacer con Grecia?

Ocurre que en Grecia se consideraba de mal gusto pagar impuestos.

José García Domínguez
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Todo ese tedioso asunto, el de la crisis de la Eurozona, ya lo explicó un tal Walter Bagehot, periodista inglés por más señas, hace unos ciento cincuenta años. Y lo hizo de tal guisa:

En determinados momentos, una cantidad considerable de gente estúpida posee una cantidad considerable de dinero estúpido. El dinero de esa gente, amén de estúpido, es especialmente grande y antojadizo; busca alguien que lo devore, y hay una plétora; encuentra a alguien, y hay especulación; es devorado, y hay pánico.

Imposible diseccionar el embrollo de la deuda griega con menos palabras. Ahora, otro periodista británico, este contemporáneo, Martin Wolf, ha aclarado la cuestión desde la perspectiva de Atenas en su último libro imprescindible, La gran crisis.

Ocurre que en Grecia, donde al igual que en España siempre han abundado más los liberales de la escuela egipcia que los de la austriaca, se consideraba de mal gusto pagar impuestos. Así, y mientras se iban turnando en el poder, tanto los de Samaras como los de Papandreu compartieron idéntico modelo de sociedad: ofrecer a los electores el Estado del Bienestar de Dinamarca, pero financiado con el régimen fiscal de Guatemala. El cuento de Laffer a ritmo de sirtaki. Al cabo, sostiene Wolf, el gasto público de Grecia en 2009, cuando el castillo en el aire explotó, no era tan desmesurado para los estándares europeos. El Estado absorbía un 54% del PIB, algo menos que Francia y Finlandia, y no mucho más que Bélgica, Austria, Italia y Holanda, todos ellos situados también por encima del 50%.

Repárese en que, de ese grupo, únicamente Italia entraría en crisis cuando la Gran Recesión. Pero la de los ingresos era otra historia. Tan otra que únicamente las haciendas de España, Irlanda y Eslovaquia recaudaban aún menos que la griega. Si el Estado retiene en Francia un 49% del PIB y el de Finlandia un 53%, la recaudación en Grecia apenas lograba alcanzar un 38%. He ahí todo el misterio: gastaban 54 e ingresaban 38. Y la mitad de los 54, encima, eran prestados. Eso sí, fue bonito mientras duró. Pero ¿qué hacer ahora con Grecia? Más allá de la retórica huera, la moralina barata y los titulares precocinados para la prensa, a Syriza le restan dos únicos escenarios: o continuar en el euro sin dignidad o salir del euro sin dignidad. Varoufakis, pues, proveerá.

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