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3+2, 4+1... ¿En qué consiste la última reforma de la universidad?

El ministro asegura que el cambio nos acerca a Europa. Los rectores hablan de falta de tiempo y financiación. Hablamos con el único que votó a favor.

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57 votos a favor de una moratoria, cinco abstenciones y un voto en contra. La Conferencia de Rectores (CRUE) fue casi unánime. No les gusta la reforma de José Ignacio Wert y retrasarán su aplicación todo lo posible. Los nuevos grados de tres años que ha puesto encima de la mesa el Gobierno no les convencen. ¿Por qué? Pues hay todo tipo de argumentos: desde que será más cara para los alumnos, a que falta financiación o a la necesidad de más tiempo para desarrollarla.

Enfrente, el Ministerio de Educación les recuerda que es un cambio que nos acerca a Europa, donde este modelo es la norma. De hecho, los rectores ya plantearon en 2006 la necesidad de flexibilizar los grados. En un documento de la Comisión Académica Sectorial de las Universidades Españolas aprobado en aquel año, cuando se empezaban a implantar los grados de cuatro años, los rectores decían que "la duración uniforme de 240 créditos introducía un elemento de rigidez aparentemente innecesario" y que era necesario promover "una mayor diversificación curricular, permitiendo que las universidades puedan hacer propuestas innovadoras" ¿Qué tipo de propuestas innovadoras? Pues el informe apuntaba que "podría optarse por una posición más flexible en la que existieran grados de entre 180 [tres años] y 240 créditos [cuatro años], porque no está claro que todos los grados necesiten ni deban tener una misma carga de créditos".

Claro, ahora la pregunta es por qué han cambiado de opinión en estos años. No es que no se pueda modificar el criterio, pero al menos sería interesante algún tipo de explicación sobre por qué lo que hace una década era el camino a seguir, se ha convertido ahora en una amenaza para facultades y alumnos.

El modelo

En realidad, lo más novedoso del nuevo modelo es que no hay un modelo cerrado. El Ministerio ha planteado una reforma abierta, que permitirá a las universidades ofrecer grados de tres años o de cuatro, que podrían complementarse con másteres de uno o dos años. Así, Wert habla de "flexibilidad", mientras los rectores creen que aumenta la confusión.

Para sus defensores, con más opciones, las universidades podrán ofrecer carreras más flexibles, adaptadas a la necesidad de un mercado laboral en transformación. Ni siquiera será necesario que todo el mundo se quede en el 3+2 o el 4+1, habrá quien sólo quiera el grado de 3 años, el que apueste por dos másteres de 1 (3+1+1) o incluso de año y medio (3+1,5)... Es cierto, no habrá uniformidad en los títulos, pero tampoco está claro si es necesaria.

La intención del Gobierno es hacer unos grados mucho más generalistas, al modo habitual en las universidades anglosajonas. Y que luego sean los másteres los que redirijan al alumno hacia su especialidad. De esta forma, los graduados tendrán más flexibilidad para cambiar de ocupación a lo largo de su vida, puesto que tendrán una formación general que luego puede complementarse fácilmente.

De hecho, para muchos de los nuevos titulados el camino normal será la incorporación al mercado laboral una vez obtenido el grado y la vuelta a las aulas unos años después, ya con experiencia profesional, para completar su aprendizaje en el área en el que haya decidido especializarse. Incluso, será cada vez más habitual que una persona con un grado generalista cambie de sector varias veces a lo largo de su carrera profesional a través de una formación extra de un año que le permita especializarse rápidamente.

Es cierto que sobre el papel casi todas las reformas educativas quedan muy bonitas, pero en la práctica es todo más complicado. Así, los que rechazan la reforma de Wert aseguran que encarecerá la educación superior. Los créditos de los másteres son más caros que los de los grados, por lo que aquellos que quieran estudiar cinco años tendrán tasas algo más altas. Desde el Ministerio responden dándole la vuelta por completo a este argumento: en su opinión, lo que ocurrirá será exactamente lo contrario, puesto que al pasar de 4 a 3 años, los grados son más baratos. Además, recuerdan que hacer un máster no será obligatorio para incorporarse al mercado laboral y ni siquiera será la opción más común, como puede verse en los países europeos que ya tienen un modelo similar en marcha. Por otro lado, la opción del 3+2 es sólo eso, una opción. En realidad la reforma no impone un modelo, sino que deja a las universidades la capacidad para elegir cómo quieren que sean sus titulaciones, en función del tipo de carrera, las posibilidades de especialización, etc...

El 'rebelde'

En esta fotografía, destaca la posición de Eduardo Nolla, rector de la Universidad Camilo José Cela. Como explicamos, fue el único que votó en contra del documento que la CRUE y que ha anunciado que su centro comenzará cuanto antes a aplicar la reforma del Ministerio. En su opinión, los actuales grados de cuatro años son la excepción en Europa y no tiene sentido que España no se adapte al modelo que utilizan nuestros vecinos más ricos.

Hace unos días, Libertad Digital entrevistó a Nolla. El rector rebelde explica por qué le gusta el nuevo modelo y asegura que no serán los únicos que ofrecerán los grados de tres años, aunque les hayan dejado solos en la foto:

- ¿En qué consiste el nuevo modelo?: "El 3+2 no es de hecho 3+2. Es 3 simplemente, pero también puede ser 3+1, 3+1+1, 4+1, 3+1,5... Lo que cambia es el grado. [Las universidades] pueden pasar, voluntariamente, de 4 a 3 años".

- ¿Se devalúan los grados?: "Es la discusión que hubo en su momento cuando se pasó de cinco a cuatro años. Y en aquel momento los rectores pidieron que se pasara a grados de tres años. La idea era volver a lo que había hace mucho tiempo en España, tres años generalistas y dos de especialización. [No se hizo y] ahora nos encontramos con el problema de que toda Europa funciona con grados de tres años".

- ¿Cómo serán las nuevas carreras?: "Los grados en tres años deben tener un carácter más generalista. Ahora estamos encajonando a los alumnos en grados de cuatro años mucho más especializados, que no permiten luego movilidad laboral".

- ¿Por qué hay una oposición tan fuerte en una reforma que nos acerca a Europa?: "Hay un problema de financiación que afecta a las universidades públicas, que pasan de cuatro a tres años, con una masa salarial que es estable. Necesitamos que las autoridades ayuden con estos problemas de financiación".

- ¿Por qué usted votó a favor?: "Entiendo que es inevitable. Abre las puertas a la internacionalización de las universidades españolas. Ahora contamos sólo con un 2% de alumnos extranjeros en grados, mientras otros países están en el 12-15%".

- Con tanta oposición, ¿saldrá adelante?: "Mi impresión es que algunas universidades van a lanzar grados de tres años, independientemente de que hayamos sido nosotros los únicos que votamos a favor".

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