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El Gobierno no logra calmar al sector del ladrillo

La mayoría de inversores confía en que Podemos no se alzará con la victoria en España, pero Colau y Carmena desatan el pánico en el sector inmoiliario

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La mayoría de inversores confía en que Podemos no se alzará con la victoria en España, pero Colau y Carmena desatan el pánico en el sector inmoiliario

Tal y como anticipó Libre Mercado, durante este fin de semana se celebró el mayor cónclave financiero del año en Madrid: el 8º foro de Fusiones y Adquisiciones y Fondos de Capital Riesgo organizado por Mergermarket, con la colaboración de Cuatrecasas. El evento unió, como viene haciendo, a lo más selecto de los banqueros españoles y europeos, a los gestores de los fondos de capital riesgo de mayor prestigio, a los gestores de los fondos buitre más temidos, a los abogados más poderosos y a la representación del Gobierno del Estado de la mano de Miguel Temboury (subsecretario de Economía).

El evento, celebrado en el exclusivo Hotel Villamagna de Madrid, pretendía ser un reconocimiento a la gestión de Luis de Guindos, un brindis por la recuperación y una muestra de compromiso del sector con el ala menos socialdemócrata del Gobierno. Así lo anticipaba la agenda del evento y los grandes paneles de debate: recuperación económica, retorno de la inversión, vuelta de la financiación.

Sin embargo, todo quedó en un segundo plano después de lo ocurrido el día 24 de mayo. Después del verdadero pánico desatado entre los inversores, el evento se masificó como nunca antes se había visto. Tras varios años en los que se había convertido en una ocasión para hacer networking al más alto nivel, saludar a viejos conocidos y conversar con el Gobierno de manera informal, este año no sólo acudieron al evento los mayores directivos de España y de Londres, si no que asistieron con un único tema de conversación en su cabeza: Podemos.

Ya anticipábamos que el intento de Pablo Iglesias por tranquilizar los ánimos de los inversores había salido rana. No en vano, el ánimo de Podemos por incumplir las leyes de manera arbitraria, violar la propiedad privada y asaltar las libertades personales es de sobra conocido. Pero los inversores no querían confirmar en el evento sus sospechas sobre Podemos, querían preguntarle al Gobierno si tenía un plan para pararles y si seguiría siendo España un país en el que poder invertir y hacer negocios.

Miedo e incertidumbre entre los inversores

De ahí que, una vez terminó su conferencia Miguel Temboury, se le asaltase con todas estas cuestiones. El subsecretario ofreció una magistral exposición de la recuperación española y de las acciones que había tomado el Gobierno para sustentarla. Temboury había sido incluso sibilino al resaltar las medidas efectivas de su Ministerio y obviando medidas que no eran de su agrado (ni una sola mención a la subida de impuestos o a la manifiesta incapacidad de Montoro por controlar el déficit).

Sin embargo, al bajar del atril se le iban acercando banqueros de BNP Paribas, banqueros de Citi, abogados de Cuatrecasas, gestores de Magnum, CEOs de ingenierías industriales. Todos querían saber si el Gobierno podía parar la maquinaria bolivariana de Podemos. Miguel Temboury no aclaró mucho sobre el plan electoral de Rajoy. Pero fue muy eficiente logrando calmar los ánimos de la gran mayoría de los inversores. Las perspectivas económicas que difundió durante su charla, la solidez con la que defendió la posición de España y el posicionamiento de la marca España en el mercado exterior, y el ánimo de trabajo que demostró a los inversores sirvió para placar parte de los ánimos que éstos traían.

Tras disolverse el corrillo montado alrededor de Miguel Temboury, la opinión que compartía la gran mayoría de los allí presentes era que el Gobierno lograría reafirmarse en el poder tras las Generales, que había mucho tiempo de trabajo por delante y que Podemos no lograría alzarse con la victoria.

Evidentemente, el miedo al partido de Pablo Iglesias permaneció intacto, pero la confianza en el Gobierno y en el votante español se recuperó de manera parcial. Muchos de los asistentes, que están en la actualidad levantando fondos para invertir en oportunidades de negocio españolas, reafirmaron su interés por continuar esa búsqueda de capital para crear empleo en el país.

La nota discordante la puso el sector inmobiliario allí presente y representado por los más temidos fondos del mercado; aquéllos que compraron deuda de los bancos y se adjudicaron viviendas en plena crisis de insolvencia bancaria; aquéllos que arriesgaron el capital de sus inversores y libraron a muchos bancos del problema de la deuda morosa; aquéllos que se están viendo obligados a atesorar vivienda vacía en Madrid, Barcelona y otras ciudades de España; aquéllos que no sienten en ningún momento compasión por el inquilino que desahucian.

Todos ellos tienen razones para temer a Ada Colau y a Manuela Carmena. Saben que ambas atacarán sin paliativos al sector: Azora, Lone Star, Blackstone, Cerberus, Centerbridge y un largo etcétera de fondos internacionales que estaban anticipando ya en 2012 la recuperación del ladrillo en España son los que sienten más cerca el riesgo de Podemos.

Y el problema de estos fondos buitre no es que se asusten y dejen de invertir en España, el problema es que son la punta de lanza de los inversores internacionales que empezaban a llegar con proyectos ilusionantes a España en el ladrillo. Que venían a anticipar un mercado de alquiler fuerte, robusto y renovado. Venían a crear valor. Y si los fondos buitre son los primeros que temen a Podemos, al final tendrá razón Fernando Encinar, y Manuela Carmena, Ada Colau y Pablo Iglesias lograrán matar no solo el mercado de alquiler, si no el futuro del sector.

En Libre Mercado

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