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China se enfrenta a uno de los mayores ajustes económicos en décadas

La revista The Economist critica con dureza las medidas de Pekín para combatir su frenazo económico.

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Medidas desesperadas del banco central chino | Cordon Press

¿Deben preocuparnos las importantes correcciones que se están dando en la economía china? De entrada, podría parecer que Occidente se va a quedar al margen de la tormenta, pero lo cierto es que nuestros países sí deberían prestar mucha atención a lo que ocurra en los próximos días.

De entrada, como recuerda el servicio de estudios del banco RBS citando estudios del Banco Internacional de Pagos, la exposición de la banca estadounidense a China es 17 veces mayor que la observada en el caso de la crisis griega.

Lo vemos en el siguiente gráfico:

El riesgo va mucho más allá del sector financiero. Goldman Sachs ha publicado la lista de las veinte empresas que más pueden sufrir si se confirma el deterioro de la economía china. Entre las elegidas figuran cadenas como Wynn (hoteles) o Starbucks (cafeterías), pero también gigantes de la tecnología como Intel o Texas Instruments.

A nuestro lado del Atlántico, en Europa, la cosa va por el mismo camino. Firmas españolas como Inditex están en el punto de mira, pero la incertidumbre en los mercados no se ha quedado en casos, tiñendo de rojo al Ibex 35 (se deja casi un 4% en dos días). Idéntico resultado se ha observado en la mayoría de índices bursátiles del Viejo Continente.

Queda claro, por tanto, que merece la pena seguir lo que ocurre en China, especialmente porque su impacto en la economía europea puede ir a más.

Un ajuste inevitable

¿Estamos ante un desequilibrio puntual? No parece que sea el caso. Cierto es que la elevada tasa de ahorro va a amortiguar los golpes, pero también parece claro que la economía china no se va a librar del inevitable ajuste.

En el último lustro la deuda privada saltó del 60% al 200% del PIB. Por cada euro de crecimiento se han añadido casi cuatro euros de deuda. Este enorme caudal de gasto ha inflado inversiones improductivas en sectores como el inmobiliario o el industrial. Según explica el inversor Richard Vague, "el resultado es un franco problema de sobrecapacidad que ahora habrá que resolver".

Según el economista Zac Tate, este camino no va a ser fácil: "Pekín deberá asumir reformas dolorosas, porque la economía necesita asumir una transformación importante para abandonar el modelo dirigido y obedecer a un paradigma de mercado. La competencia es fundamental para que no se repitan malas inversiones, por lo que China debe volver a recuperar la senda de las liberalizaciones, aceptando que tiene que haber cambios para absorber y superar las malas inversiones".

La revista The Economist tiene claro que, de momento, el régimen comunista está haciendo todo lo contrario: "Estamos asistiendo a un espectáculo de medidas drásticas. Se limitan las posiciones cortas, se fuerza a los fondos de pensiones a comprar acciones, se suspende la cotización de compañías, se frenan salidas a bolsa, se limita la emisión de nuevas participaciones, se imprime dinero para inflar cotizaciones...".

Como explica el Wall Street Journal, la mayoría de inversores confiaba en que el peculiar "modelo económico" vigente en China seguiría funcionando tras el anuncio de estas medidas. Los datos conocidos en las últimas semanas demuestran que estos golpes de mando ya no son suficientes.

Un buen ejemplo lo tenemos en la tasa de crecimiento. Tras décadas en niveles del 10%, el aumento del PIB observado en 2014 y 2015 se sitúa en niveles del 7%, umbral que el gobierno chino considera insuficiente. La cosa podría ser aún peor: hasta el primer ministro ha reconocido en privado que los datos de crecimiento no son del todo fiables.

¿De qué servirá la devaluación monetaria?

El Banco Popular de China ha respondido a la desesperada, rebajando un 3,62% el tipo de cambio del yuan. Las cifras de exportaciones de julio apuntaban a un descenso del 8%, por lo que esta medida busca animar las ventas al extranjero a base de recortar el valor de la divisa china.

Medios como New York Times o Bloomberg ya se preguntan si esta medida desencadenará una "guerra de divisas". Desde Société Générale interpretan que este es solo el primer paso de una oleada de reacciones por parte de las autoridades monetarias de otros países. Sin embargo, la agencia Standard & Poor's no lo ve del mismo modo y entiende que no habrá grandes movimientos paralelos por parte de los bancos centrales del resto del mundo. El debate está servido.

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