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A favor del copago

La sanidad pública es un ejemplo de lo que hemos sabido hacer bien. Y por eso urge preservar su viabilidad económica a toda costa.

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Es poco sabido que los españoles gozamos de la mayor esperanza de vida entre todos los europeos, ochenta y un años y treinta días por más señas. Una longevidad récord de la que en buena medida es responsable nuestro modelo sanitario público. Un sistema bueno y razonablemente barato. Al punto de que en España hemos alcanzado la cobertura universal de la población gastando en salud la mitad que los norteamericanos (un 9,5 % del PIB frente al 16% de USA). Y es que nuestro sistema es mucho mejor que el suyo, algo de lo que debemos estar orgullosos. La sanidad pública es un ejemplo de lo que hemos sabido hacer bien. Y por eso urge preservar su viabilidad económica a toda costa. La Seguridad Social es la joya de la corona. De ahí que el debate sobre los copagos tenga que dejar de ser algún día el gran tabú de nuestro debate político.

Porque simplemente no es de recibo que, por ejemplo, la factura farmacéutica que aquí soporta el Estado supere en nada menos que un cuarenta por ciento de promedio a las que abonan sus homólogos de Bélgica, Dinamarca o el Reino Unido. Países todos ellos donde los pensionistas, usuarios últimos de siete de cada diez cajas de medicamentos en España, contribuyen con algún tipo de desembolso al coste de los fármacos. Aunque ni siquiera hace falta buscar comparaciones en el extranjero para contrastar esa asimetría tan acusada en el consumo hispano de fármacos. He ahí, sin ir más lejos, los pensionistas de Muface, que usan una cuarta parte menos de medicamentos que sus pares del Régimen General. Sesgo hacia el ahorro que acaso mantenga alguna relación con el hecho de que deben abonar un treinta por ciento del precio de cada compuesto.

Si aspiramos a ser como Suecia, y aquí todo el mundo, tanto a diestra como a siniestra, quiere ser Suecia de boquilla, tendremos que empezar de una vez a comportarnos como los suecos. Como todos los suecos, igual los socialistas que los liberales o los conservadores. Y es que cuando, a mediados de los noventa, se vieron envueltos en una crisis presupuestaria que era una broma al lado de la nuestra actual, a sus gobiernos no les tembló el pulso antes de introducir el copago por las visitas médicas. En lugar de hacer demagogia, se pusieron todos juntos a hacer números. En Suecia, sí, un usuario de urgencias tiene que pagar 40 euros por el servicio. A cambio, dispone gratuitamente de los últimos avances mundiales en el tratamiento del cáncer y demás afecciones muy graves. Aunque cueste votos, hay que empezar a perderle el miedo a la verdad. Hablemos del copago.

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