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Suiza votará en referéndum para prohibir a los bancos 'crear' dinero

La iniciativa Vollgeld logra las firmas necesarias para someter a votación un sistema sin reserva fraccionaria.

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Un lingote de oro y unos cuantos billetes de francos suizos. | Corbis

¿El sueño de los defensores del patrón oro o el objetivo del más acendrado intervencionista? Suiza, el país con el sistema financiero más estable del mundo y una de las divisa más sólidas, mantendrá un referéndum en los próximos meses en el que sus ciudadanos decidirán si prohíben que los bancos comerciales puedan seguir creando dinero de la nada. Puede parecer una cuestión complicada para los no aficionados a temas monetarios, pero la aprobación de la moción implicaría una auténtica revolución en el sistema bancario helvético. Las consecuencias a medio plazo ni siquiera es fácil preverlas.

La propuesta, conocida como Iniciativa Vollgeld por su promotor, obligaría a todos los bancos a mantener un coeficiente de reserva del 100% en sus depósitos y cuentas a la vista. Es decir, las entidades ya no podrían prestar el dinero que sus clientes tienen en estos productos. Se convertirían, de esta manera, en meros almacenes de dinero. Su función sería de seguridad (y en vez de pagar por tener ese dinero, cobrarían por la custodia).

A primera vista, como apuntamos al comienzo del artículo, parece una propuesta cercana a lo que defienden los promotores del patrón oro y la escuela austriaca de economía. Pero hay un matiz importante. Lo que Vollgeld plantea es que sea el banco central el que determine en cada momento la oferta monetaria disponible en el país. Esto hará que más de un libertario enarque una ceja. ¿Un órgano político, como son todos los bancos centrales, decidiendo (aún más que ahora) cuánto dinero hay en cada momento? No parece una perspectiva muy liberal.

En cualquier caso, la propuesta es, como mínimo, llamativa. Aún no hay fecha para el referéndum, pero en teoría tiene que celebrarse en los próximos 18 meses. Eso sí, los promotores ya han conseguido su primera victoria, reuniendo las más de 110.000 firmas que, según la ley suiza, se necesitan para la convocatoria.

Al final, todo este tema gira en torno a la discusión de cuáles deben ser los fundamentos del sistema bancario. Puede que muchos de sus clientes no sean conscientes de ello, pero los bancos apenas tienen una pequeña fracción del dinero que les dejamos y que, teóricamente, está allí disponible para que lo retiremos cuando deseemos. Y no hablamos de préstamos a largo plazo, sino de depósitos a la vista. Simplificando mucho:

  • una entidad tiene 1.000 clientes y cada uno de ellos tiene cien euros en su cuenta corriente
  • estos 1.000 clientes tienen el derecho de ir al banco cuando lo estimen conveniente y retirar sus cien euros
  • en teoría, el banco debería mantener 100.000 euros en sus cajas para poder pagar a esos clientes cuando quieran retirar sus fondos
  • sin embargo, todos sabemos que en realidad el banco no tiene más del 8-10% de ese dinero a su disposición (y eso siendo bondadosos con los bancos y sus reservas)
  • el resto lo ha prestado a otros clientes, para hipotecas, para préstamos empresariales, para comprarse un coche,…
  • por lo tanto, si más del 10% de sus clientes acuden al banco a retirar sus fondos, éste quebrará, porque no tendrá dinero para devolverles lo que les debe (y no puede exigir a un hipotecado que le pague todo lo que le queda por abonar, éste es un préstamo a largo plazo)

Repetimos que éste es un esquema muy simplificado del negocio bancario. Pero puede servir para hacerse una idea de lo que piden los promotores del referéndum suizo. Con una medida de este tipo, las consecuencias serían de dos tipos. Por un lado, se acabaría de un día para otro con los pánicos bancarios: si el banco está obligado a mantener un coeficiente de reservas del 100%, nunca quebrará por falta de fondos para hacer frente a sus depósitos a la vista.

Los pánicos bancarios se producen cuando los clientes de una entidad piensan que ésta pasa por problemas. Entonces, su razonamiento es el siguiente: "Si mi banco sólo tiene el equivalente al 4-5% de los depósitos a la vista y otros clientes como yo empiezan a retirar sus fondos, me quedaré sin mis ahorros si no estoy entre los más rápidos". Además, es fácil ver que este tipo de lógica se retroalimenta: cuanta más gente piense así, más posibilidades hay de que el pánico tenga base real.

Piensen en lo que le pasa a James Stewart en ¡Qué bello es vivir! George Bailey (el personaje de Stewart) no ha engañado a nadie y, sin embargo, en un momento de la película está a punto de ver cómo su negocio se arruina ante las retiradas masivas de efectivo. Por eso, implora a sus clientes para que no se lleven todo el dinero, explicándoles que sus cuentas están en las casas y las obras de otros vecinos (que pidieron esos fondos a préstamo).

La segunda consecuencia es que los bancos perderían su capacidad para crear masa monetaria. Ahora mismo, cuando alguien lleva 100 euros a un banco, éste se queda con 10 en sus reservas, pero presta los otros 90. Y esos 90 van a otro banco que se queda con 9 y presta 81,… De esta forma, el sistema financiero infla la masa monetaria a través del crédito.

Y aquí llega la discusión teórica. Los defensores del actual modelo, aseguran que ese crédito es fundamental para el funcionamiento de la economía real y que secar las fuentes de financiación traerá un estancamiento duradero y sin sentido. Los Vollgeld del mundo creen que detrás de las burbujas que generan las crisis está este privilegio concedido a los bancos. Eso sí, incluso entre quienes defienden esta postura podemos diferenciar entre los que piensan, como los promotores de esta iniciativa, que debe ser el Banco Central de cada país el que controle estas variables y los que creen que darle este poder a un Gobierno (aunque sea con un organismo interpuesto) es peligrosísimo, la puerta por la que se colarían el populismo y el descontrol del gasto. Para estos últimos, debe ser un factor externo (para la mayoría el patrón oro) el que actúe como elemento regulador de todo el sistema.

Un debate complejo, pero apasionante. En Suiza, el país de los bancos y de las cuentas secretas, llegará el próximo movimiento.

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