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España es uno de los países con menor desigualdad de Europa

El último informe del Instituto Juan de Mariana desmonta cinco mitos muy extendidos sobre el problema de la desigualdad en España.

El último informe del Instituto Juan de Mariana desmonta cinco mitos muy extendidos sobre el problema de la desigualdad en España.

Ahora que la economía nacional crece y la creación de empleo se ha activado, buena parte de la atención mediática y política se ha desviado hacia el creciente problema de desigualdad económica que, en teoría, experimenta España.

Sin embargo, al contrario de lo que suele afirmarse, las evidencias disponibles indican que "España se halla entre las sociedades más igualitarias del mundo", tal y como muestra el último informe del Instituto Juan de Mariana (IJM). Bajo el título, La desigualdad en España: ¿Realmente es España uno de los países más desiguales de Europa?, dicha entidad desmonta los cinco mitos más extendidos sobre esta cuestión, aportando así las realidades correspondientes en esta materia.

1. Elevada igualdad en riqueza

La primera realidad es que España es uno de los países de Europa con menor desigualdad de riqueza. El índice Gini de riqueza (2015) para España es 0,67, uno de los menores de Europa junto con Bélgica (0,63) e Italia (0,67), y muy lejos de los países europeos con mayor desigualdad en la riqueza como son Dinamarca (0,89), Suecia (0,81), Austria (0,78) o Alemania (0,78).

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A las mismas conclusiones se llega si se analizan otras métricas habituales para medir la desigualdad de riqueza, como el porcentaje de riqueza en manos del 10% más rico del país o la ratio de la riqueza del 20% más rico frente al 80% menos rico.

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El principal motivo por el que España es uno de los países más igualitarios en riqueza es que la propiedad inmobiliaria está más extendida que en la mayoría de economías europeas.

2. Desigualdad de renta, en la media europea

Por el contrario, las mediciones habituales sí parecen indicar que España se encuentra entre los países con mayor desigualdad en la distribución de la renta. Por ejemplo, el índice Gini de la renta (2013) para España es de 0,34, mayor que la media de la Unión Europea (0,31) y lejos de los países más igualitarios en renta como Suecia, Holanda o Finlandia (los tres en torno a 0,25).

Sin embargo, esta medición es incompleta, pues se basa en rentas estrictamente monetarias. Si se le añade el valor de los alquileres imputados, el índice Gini de la renta de España (0,297) cae a niveles intermedios de desigualdad en el contexto europeo, comparable a los de Alemania (0,288) o Italia (0,291), e incluso inferior al de Francia (0,298).

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Además, según la OCDE, si también incluyéramos otras rentas en especie que no se contabilizan en las mediciones, como servicios sanitarios, educativos o de vivienda social proporcionados por las Administraciones Públicas, el índice Gini para España se reduciría en torno a un 20%, en línea con la media de la Unión Europea.

"La conclusión es que la desigualdad de la renta real en España, si bien no es de las menores de Europa, sí es sustancialmente menor de lo que se suele expresar una vez tenemos en cuenta rentas en especie como los alquileres imputados y servicios públicos no contabilizados. Estos matices proporcionan una visión más completa de la desigualdad real de la renta en España", aclara el IJM.

3. El problema es el paro, no la desigualdad

Además, la principal causa de desigualdad en la renta en el caso de España no son las diferencias salariales ni los rendimientos del capital, sino la "extraordinariamente elevada tasa de desempleo". España es el país de la ODCE en el que el desempleo tiene un mayor impacto desigualitario: de los 7,5 puntos porcentuales de cambio en el índice Gini de rentas del trabajo durante la crisis, más de 6 puntos se explican por el brutal incremento del desempleo (un 80%).

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España necesita, por tanto, "una liberalización profunda del mercado laboral" para reducir la desigualdad de la renta, según el estudio. "Las barreras que impiden que en la actualidad muchas personas puedan acceder a un puesto de trabajo no sólo vulneran la libertad de dichas personas, sino que además exacerban la desigualdad de la peor manera posible: imposibilitando que quienes están peor puedan progresar por sus propios medios".

4. Alto nivel de bienestar material

Por otro lado, la forma más adecuada de medir el bienestar real de la población no es mediante la desigualdad de la renta sino la del consumo. Y la cuestión es que España se encuentra entre los países europeos con una menor desigualdad en el consumo (bienes y servicios que disfruta cada hogar para satisfacer sus necesidades).

El índice Gini de consumo (2010) es de 0,22 para España, al nivel de Suecia o Bélgica (0,22 en ambos casos), y por debajo de países como Dinamarca (0,23), Francia (0,23), Italia (0,26) o Alemania (0,27).

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5. Movilidad social intermedia

Por último, España figura como un país con una movilidad social intermedia en el contexto europeo. La elasticidad de ingresos entre padres e hijos en España es de 0,32. Esto, básicamente, significa que, como media, el 32% de las desigualdades de renta entre los padres se transmiten a los hijos, al mismo nivel que en Alemania (0,32), no muy alejada de la de Suecia (0,27) y bastante por debajo de la de Francia (0,41), Italia (0,48) o Reino Unido (0,5).

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Así pues, España está muy lejos de ser uno de los países de Europa con menor movilidad social, permitiendo así que la desigualdad de la renta tienda a difuminarse entre generaciones.

El mito de la desigualdad

Así pues, lejos de ser el país más desigual de Europa, tal y como se denuncia habitualmente, España es uno de los más igualitarios en materia de riqueza y consumo. Además, el indicador de desigualdad de renta se sitúa en la media de la UE, una vez que se incluye en la medición el valor de los alquileres imputados y se tiene en cuenta la movilidad social.

De este modo, "la desigualdad del bienestar real de los españoles se ubica entre las más reducidas de Europa" y, si bien es cierto que la desigualdad ha aumentado durante la crisis, la raíz del problema reside en la alta tasa de paro, fruto de la rigidez laboral, y no en las diferencias salariales ni en los rendimientos del capital, según concluye el informe.

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