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Podemos no quería "sillones"... hasta que empezó el reparto

Hasta hace poco, la cúpula de Podemos insistía, una y otra vez, en que no quería cargos ni sillones, pero a la hora del reparto...

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Íñigo Errejón se acerca a los periodistas que esperan junto al Congreso y que ya están pensando en irse a comer. El número dos de Podemos saca un papel de su bolsillo que, enfurruñado, ha doblado torpemente cuatro veces. Lo despliega. Mira, papá, las notas. Con rotulador ha pintado cuál va a ser la distribución de los asientos del Congreso. Los periodistas dicen, comprensivos, "a ver dónde os han puesto".

Errejón está claramente enfadado, por eso ha salido a chivarse. "No tener asientos en la primera fila del Congreso es un fraude a lo que votaron los ciudadanos", comenta. Lo cierto es que los ciudadanos no han votado sobre la posición en la que los partidos se sientan en la Cámara, pero se puede realizar una consulta e incluso un concurso de propuestas. Sería difícil evitar la tentación de formar cómicas u obscenas figuras con la distribución de los asientos. Sorprende, también hay que decirlo, que con la poca asistencia media que hay de diputados al Congreso, las entradas estén numeradas.

Pongámonos serios, como Patxi López cuando aseguraba que él no estaba de acuerdo con mandar a Podemos al rincón de pensar. La culpa, según él, era de Villalobos. El PP negaba que la especialista en videojuegos de lógica hubiera sido la responsable. Los populares prometían haber aceptado, seguramente sin mucho esfuerzo, una distribución que ya estaba hecha.

En el PP, por cierto, están encantados de que se desvíe un poco la atención de la corrupción de su partido. Por su parte, Juan Carlos Girauta, el portavoz de Ciudadanos, se enteraba de cómo quedaban los escaños en su propia rueda de prensa y celebraba la buena visión que tendrá desde su asiento. En definitiva, nadie sabía nada, salvo el plañidero Errejón.

Resultan curiosas las posiciones defensivas de los llamados "partidos del búnker", que seguramente buscan no alimentar el victimismo de la formación de Pablo Iglesias. Victimismo que, desde que se conoció la noticia en Twitter, llegó en apenas media hora a trending topic mundial con la fiel ayuda de los podemitas automatizados (los humanos y los no humanos). #5MillonesAlGallinero era el lema elegido. Hay que recordar que son los partidos que representan a 16 millones de votantes los que han mandado a Podemos a la parte alta del Congreso.

En Más Vale Tarde de La Sexta han montado una tertulia al respecto. Han hablado de falta de respeto y de marginación, y al principio han acusado a un "misterioso responsable" para acabar echándole la culpa a Albert Rivera, de quien, por algún motivo, esperan que ayude a Podemos.

Cristina Pardo, periodista de la casa (de La Sexta, no de Podemos), ha criticado estos "gestos infantiles" y ha apuntado que "la mejor forma de combatir a Podemos es con argumentos". No ha dicho que ella lo vaya a hacer. Es obvio que en La Sexta están más que molestos con lo del gallinero: tantas horas dedicadas a Podemos para acabar en la quinta fila es un golpe duro. Habrá que redoblar esfuerzos.

No toca hablar de sillones, ¿o sí?

No quiero ser yo el único que critique el berrinche de Podemos por sus asientos, con la de problemas que hay en España. Cedo parte de este humilde espacio a los propios miembros del partido morado.

- Y es que el día 12 de diciembre era Pablo Iglesias, en el extinto Un Tiempo Nuevo de Cuatro, el que aseguraba que estaban "dispuestos a dialogar con todo el mundo, pero eso sí, sobre propuestas, no sobre sillones".

- El día 23 de diciembre, Carolina Bescansa dejaba al niño en alguna parte para acercarse a La Noche en 24 horas. Allí aseguraba que "lo que toca es hablar sobre en qué nos vamos a poner de acuerdo y no sobre sillones".

- El día de Nochebuena, el día 24, Iglesias decía, muy serio, que "es una vergüenza que con la actual situación social algunos hablen de sillones". Seguramente Iglesias abroncó duramente a su familia a la hora de la cena en el momento en el que decidían cómo sentarse a la mesa.

- El día 28, el propio Iglesias comentaba indignado en Las Mañanas de Cuatro que "en este país algunos permiten que haya gente que siga sufriendo mientras hablan de sillones". Pocos minutos antes había asegurado desde Moncloa, tras reunirse con Rajoy, que "no toca hablar de sillones, sino de los problemas de España".

- El 7 de enero, con los regalos de Reyes estrenados, en los pasillos del Congreso, Errejón se rodeaba de la prensa para asegurar que le sorprendía "ver mucha gente hablando de sillones y muy poca hablando de política".

- En La Sexta Noche del sábado 9 de enero, Pablo Echenique reprendía tranquilo a sus acompañantes en el debate: "Sería útil para la ciudadanía que dejéis de hablar de sillones y empezamos a hablar de rescate ciudadano".

- El día 13, Pablo Iglesias aseguraba desde el Congreso que "no estamos aquí para negociar sillones, sino para mejorar la vida de la gente".

- Un día después, Errejón prometía en cursi y recurrente expresión que la mano de Podemos "sigue tendida, pero no para repartirse sillones, sino para llevar a cabo propuestas". Tanto tender la mano, se le va a cansar el brazo.

- El 18 de enero, la andaluza Teresa Rodríguez denunciaba que no se hablara de "política para la gente, sino de sillones".

- Dos días después, Echenique volvía a repetir que "hay problemas urgentes que resolver. Es deseable empezar a hablar de ellos y dejar de hablar de sillones".

Más y más sillones

Podríamos seguir, pero no hay ninguna necesidad de ser exhaustivo ante quien no pretende, ni por un momento, ser honesto en su discurso. Recordemos que hasta ahora las reclamaciones más urgentes de Podemos han sido más sillones para la izquierda en la mesa del Congreso, cuatro grupos en la Cámara para Podemos y sus alianzas regionales y media docena de Ministerios (que poco tienen que ver con lo social) de un gobierno compartido con el PSOE. Y finalmente lo han rematado con la disconformidad de los asientos de sus diputados en el Hemiciclo. Sobre sillones han discutido todo menos el tapizado.

Entiendo la decepción en un partido que vive del protagonismo en los medios, de los gestos vacíos, del espectáculo, del circo y del zasca a Marhuenda. En la quinta fila del Congreso, el hijo de Bescansa luce la mitad y las rastas llaman menos la atención. Resulta, además, que Iglesias parece haber heredado el escaño de Rosa Díez, a la que escrachó no hace mucho por el bien del pueblo y de sus antiguos alumnos. Irónico destino.

Pero en Podemos deberían estar contentos. No solamente porque vayan a tener el baño tan cerca del asiento, sino porque al fin los sillones están repartidos. Superadas (sin mucha suerte) todas sus peticiones en el Congreso, podrán hablar de política "para la gente", que es lo que dicen desde hace meses estar deseando. A ver si les dejan de una vez.

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