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Cara y cruz de la última EPA: empleo y envejecimiento de la población

La reforma laboral acelera la creación de empleo, pero el descenso de la población activa arroja sombras sobre el crecimiento a medio plazo.

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La reforma laboral acelera la creación de empleo, pero el descenso de la población activa arroja sombras sobre el crecimiento a medio plazo.

Los datos de la EPA (Encuesta de Población Activa) correspondientes al cuarto trimestre de 2015 confirman, como ya apuntaban las afiliaciones, que el ritmo de creación de empleo se aceleró en la parte final del pasado año tras una ralentización en el tercer trimestre.

El crecimiento de la ocupación fue del 0,8%, lo cual significa que el empleo crece relativamente más que el PIB (el avance del INE del cuarto trimestre es del 0,8%), al igual que ha sucedido en el resto de trimestres de 2015.

Esta circunstancia indica que, actualmente, la economía española es capaz de generar más empleo que en el pasado a similares tasas de incremento de la actividad, gracias, entre otros motivos, a la reforma laboral.

Los servicios tiran del empleo

La ocupación cerró 2015 con un aumento del 3%, con la industria y la construcción generando nuevos puestos de trabajo, aunque es el sector servicios donde se concentra la mayor parte de la creación de empleo. Dentro de los servicios, destaca el sector público, ya que pone fin a tres años de reducción de plantilla, posiblemente impulsado por el ciclo electoral de las municipales, autonómicas y generales en 2015.

La población activa sigue cayendo

Si el ritmo de creación de empleo es la parte positiva de la EPA, el descenso en la población activa es uno de sus aspectos más negativos. Un primer efecto es la reducción del número de parados, aspecto que precisa tomar con cautela, pues, si bien es cierto que el descenso de la población activa amplifica el impacto de la creación de empleo en un menor paro, no lo es menos que emite una señal de aviso sobre el potencial de crecimiento de la economía.

Aunque la serie de la población presenta un cierto componente errático (no olvidemos que la EPA es una encuesta sujeta a error de estimación), en el siguiente gráfico se observa una tendencia de envejecimiento que no se compensa con una proporción de población en edad de trabajar que tiene o busca empleo.

Un dato que confirma dicho envejecimiento es la evolución de los mayores de 64 años sobre el total de población mayor de 16: del 19,5% en el cuatro trimestre de 2009, al 20,1% en el de 2011, 21,0% en 2013 y finalmente 21,7% en el último de 2015.

Si esta tendencia no se revierte, en el medio plazo habrá cada vez menos población en edad de trabajar y, al mismo tiempo, más población jubilada, lo que tiene diversas consecuencias, como, por ejemplo, poner en riesgo la sostenibilidad de las pensiones o un menor crecimiento potencial

Sobre este segundo riesgo, en un escenario de estancamiento o caída del empleo como consecuencia del citado envejecimiento demográfico, la economía sólo podría crecer mediante incrementos en la producción por empleado. Y el problema aquí es que España, por desgracia, no se caracteriza, precisamente, por el aumento de su productividad.

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