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Algunas de las subvenciones públicas más surrealistas y vergonzosas de España

El Estado despilfarra miles de millones de euros cada año en ayudas y subvenciones públicas cuya lectura debería indignar a los contribuyentes.

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La cría de variedades regionales de gallina recibe cuantiosas subvenciones | Archivo

Qué semana tan intensa. Nuestros políticos se están dejando la vida para tratar de mejorar nuestras existencias a golpe de talonario. En pocos días hemos conocido que el Ayuntamiento de Madrid ha presentado un proyecto de obras de 1.300 folios, entre cuyas iniciativas consta un nuevo sistema de riego que será amortizado en cuatrocientos años.

También es posible que para mediados del milenio la Junta de Andalucía haya encontrado algo que hacer para los 1.800 empleados que reconoce tener "mano sobre mano". El que tuvo mucho trabajo fue Pablo Carbonell, al que el alcalde de Cádiz pagó 48.000 euros por su pregón del Carnaval, lo típico de un país en el que, según dicen, la gente se muere de hambre. Algún mal pensado podría intuir que es una contrapartida de Carbonell a cambio de su apoyo a Podemos, pero nosotros no somos así.

Cazar en grupo da buenas oportunidades. No es necesario ni el sigilo, es mejor la distracción. No hay riesgo alguno de resultar herido, aunque la supervivencia está en juego año tras año. Tras observar a su presa con detenimiento, lanzar un buen cebo parece la opción más sencilla. Se trata del ser más hambriento de la naturaleza: la ONG, el sindicato o la fundación, siempre a la caza de la indefensa subvención.

Lo importante es tener un proyecto con nombre largo y enrevesado y que alguien lo considere imprescindible. ¿Quién no pondría dinero para apoyar la Viabilidad del sistema silvopastoral roble-cerdo celta en la Galicia Atlántica o para la Conservación in situ y ex situ de la gallina valenciana de Chulilla?

Las comunidades autónomas deben mantener su identidad en términos culturales, lingüísticos y aviares. Así que, solamente en 2015, gastaremos 24.000 euros en la conservación de la levantina gallina, la primera de raza autóctona de la región. Nueva victoria del nacionalismo que impone la inmersión gallinácea frente a la pasividad, e incluso colaboración, del Estado español.

Mientras se rompe España, veamos otra subvención necesaria: Elaboración de snacks de nueva generación con compuestos bioactivos de algas y garrofín. Son apenas 110.000 euros. Si usted no es hipster o aficionado a MasterChef, es probable que no conozca qué es el garrofín. Son las semillas del fruto de la algarroba, de cuya producción somos líderes mundiales. España, siempre a la vanguardia en todo lo aburrido.

También es verdad que es infinita la superioridad moral del que come gusanitos de algas frente al que come patatas fritas. Así que a la larga hay negocio. Además, este proyecto recibe una nueva subvención complementaria llamada Validación de los beneficios del snack de nueva generación (130.000 euros).

Elaboras los snacks y luego validas sus beneficios añadiendo más dinero. Miren, este asunto de los snacks de algas es una genialidad porque, cuando se terminen las ayudas, los responsables tendrán que pedir una nueva subvención para investigar cómo conseguir que dejen de saber a mierda. Y así va pasando la vida.

Usted pensará que exageramos con esto de las subvenciones reincidentes. De acuerdo, veamos otro ejemplo que hemos investigado: el lenguado senegalés. ¿Quién no lo ha comido alguna vez? Por ejemplo, en 2006 concedimos una beca para que cuatro investigadores estudiaran el comportamiento reproductivo del lenguado senegalés.

En 2011, subvencionamos a tres universidades del sur y al CSIC para que estudiaran los ritmos de reproducción del citado bicho. En 2014, hasta se publicó un pequeño libro sobre el tema. Y en 2015 hemos gastado medio millón de euros en estudios (de nombre demasiado largo) relacionados con el pececito de marras. Empiezas a investigar al lenguado de Senegal y no sabes cuándo parar. Lo queremos saber todo. Y es que estas cosas se retroalimentan, como el lenguado que se muerde la cola (peor metáfora hasta el momento).

Que nada se quede fuera

Hay muchas más cosas que usted y yo pagamos con gusto con nuestros impuestos y que aparecen silenciosas en el BOE. Ahora deben ver la luz. Por ejemplo, subvencionamos investigaciones para la Mejora de la calidad y resistencia del calabacín (hasta que consigamos que sea duro como una barra de acero), para el Bienestar y salud de conejas reproductoras (esperemos que con un aumento en sus días de baja por maternidad), para la construcción de Puentes transportables (de gran utilidad si entramos en guerra) o para la Impresión de fotos desde el móvil en un instante (totalmente inútil incluso en tiempo de paz).

En el transcurso de nuestras investigaciones hemos hallado un truco que usan algunos emprendedores. Si usted está intentando cazar una ayuda estatal como las que hemos visto y el nombre de su proyecto no resulta atractivo, le recomendamos que use el inglés, que da más caché a todo. Veamos un ejemplo: Internet-of-Things Management Platform and Applications based on Connected Things. Tome 58.000 euros, se lo pido por favor.

Por supuesto, seguimos subvencionando asociaciones de empresarios, el cine (74 millones en 2016, más lo que surja) o asociaciones deportivas, incluida la de ajedrez. Condenamos desde aquí que se apoye un juego monárquico y tan poco paritario, en el que, salvo la reina, todas las fichas son hombres (las torres son necesariamente asexuales). Reclamamos desde aquí la inclusión de peonas o la retirada inmediata de las ayudas públicas.

Pero no solamente financiamos deportes machistas e investigaciones llamadas al éxito. También tenemos la costumbre de financiar reuniones, reuniones celebradas por los motivos más aburridos que podamos imaginar. Las opciones son infinitas: vean el emocionante Simposio Internacional de manejo integrado de plagas de solanáceas celebrado en Quito, vibren con el apasionante quinto Encuentro Internacional de Cucurbitáceas celebrado en Cartagena, Murcia, o tiemblen de emoción con la palpitante vigésima Jornada Frutícola de Mollerussa. Por cierto, localidad, esta última, que ya cuenta con el Museo de Vestidos de Papel más importante de España.

Llueve sobre mojado cuando recordamos que Cataluña ya se llevó los Juegos Olímpicos no hace tanto tiempo. Y ahora celebran la Jornada Frutícola. ¿Cuándo le tocará algo a Madrid? Muy mal, Montoro.

No nos desviemos llevados por la envidia. En todos estos alucinantes encuentros que hemos visto (reales, lo juro) usted y yo hemos participado con un generoso donativo de decenas de miles de euros. Y en otros muchos a los que jamás podremos ni querremos asistir.

Imagínese por un segundo las diapositivas de melones, el tono plano y el aspecto gris de los ponentes, los ronquidos entre el público asistente mientras presentan los últimos avances en el mundo del pepino y el calabacín. Todo ello antes de asistir a un generoso catering a base de empanada de cebollino y jugo de berza en el que los invitados comentan con entusiasmo el hermoso aspecto del pimiento rojo de la tercera diapositiva, tumbado como La maja desnuda.

'Ayuda' al exterior

Asomemos la cabeza fuera de nuestras hortofrutícolas tierras. Miren, subvencionamos tantas cosas en otros países que parece increíble que siga habiendo problemas en el mundo. Gastamos unos 1.500 millones de euros anualmente solamente en Ayuda al Desarrollo.

Aunque usted no lo sepa, desde el sofá está colaborando con el proceso de descentralización de Panamá (30.000 euros), con la reforma judicial de Paraguay (13.200 euros) y con el empoderamiento de los jóvenes de Jerusalén Este para que se conviertan en agentes del cambio (76.000 euros). Cualquiera diría que estamos poniendo dinero para crear un Podemos en Jerusalén, pero esperemos que no sea así.

Estamos apoyando todo lo bueno por todo el mundo. Las partidas de gasto se cuentan por miles. Veamos con detenimiento algún otro ejemplo interesante: la Ejecución del proyecto de gestión de conflictos rurales y salvaguarda de los espacios pastorales en las regiones de Maradí y Tahoua (que vienen a ser como el Villarriba y Villabajo de Níger). A la resolución de estas graves disputas pastoriles aportamos nada menos que 300.000 euros en 2015, que el Ministerio de Ganadería de aquel país africano distribuye con inteligencia y profesionalidad.

Imaginemos que dos pastores discuten por unas tierras: el problema se soluciona repartiendo la subvención a partes iguales y dejando pasar el tiempo. Al año siguiente vuelven a surgir conflictos (o se hace que surjan) y hasta Níger viaja de nuevo la salvadora subvención. Asunto resuelto y nosotros dormimos con la conciencia tranquila.

Cambiemos de continente. En el último trimestre de 2015 los españoles subvencionamos una Encuesta de Prevalencia y características de la violencia contra las mujeres en Bolivia. Para su realización España entregó 300.000 euros al Ministerio de Justicia del país andino sin los que la encuesta no podría haber sido realizada, claro. Es un gasto muy superior al que suponen la mayoría de las encuestas electorales hechas en España, un país cuatro veces más poblado y con unos costes laborales muy superiores. Parece un exceso, pero es un dinero muy bien gastado.

Y es que buena parte de las subvenciones que realizamos llegan justificadas (es un decir) después de que hayamos realizado una encuesta previa que también hemos financiado nosotros. Los resultados de la encuesta arrojan a nuestra cara nuevas necesidades y como país responsable y perroflauta que somos, acudimos a resolverlo con nuevas ayudas.

Se elabora un informe, que también financiamos nosotros. Se realiza una presentación del informe (que subvencionamos, claro) y en los años posteriores se manda más dinero para resolver aquello que denuncia el propio informe. Encuesta, informe, presentación, solución de los nuevos problemas. El sistema funciona y el mundo sigue girando.

Y no piense que las presentaciones son baratas. Veamos solamente un ejemplo de 2015: la presentación del informe Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer y su aplicación en Palestina nos costó 280.000 euros. ¿Casi 300.000 euros para presentar un informe? Esperemos que el cuerpo de baile y los fuegos artificiales fueran buenos.

Huelga decir que de todo lo que invertimos en el exterior buena parte no llega nunca a emplearse en aquello para lo que se había asignado. ¿Qué control puede haber en Níger, Bolivia o Senegal sobre el dinero, por ejemplo, destinado a poner en orden la ganadería de un pueblo? Seamos serios, allí hasta las ovejas son corruptas.

Conclusiones

Por desgracia, en este humilde texto no podemos ofrecer más que un pequeño esbozo de toda la bondad que repartimos por el país y por el mundo. Si nuestro querido lector, siempre hambriento de información, quiere ampliar los motivos por los que irse a la cama orgulloso, aconsejamos que visite la web del BOE y que eche un vistazo a esta recopilación del tuitero @Absolutexe, cuya paciencia y constancia inspiraron nuestra sencilla obra.

No se escandalicen, recuerden que subvencionamos todo lo bueno (y nos prohíben todo lo malo) siempre por nuestro bien. E imagine por un momento, mirando al infinito, todo lo que podríamos hacer tras una (nueva) buena subida de impuestos. Las posibilidades son ilimitadas.

Qué difícil es todo. Levantar un país responsable con los lenguados y las cucurbitáceas cuesta mucho dinero. Hay que realizar estudios que duran décadas y discursos que parece que duran décadas. Y si la demanda del egoísta mercado libre no es suficiente, hay que pagarlo todo con dinero público, hasta que la gente se interese de forma natural por los snacks de algas. Todo llegará.

Al mismo tiempo, debemos ser una nación solidaria con nuestros vecinos, con nuestro países amigos y enemigos, que también quieren poder disfrutar de sus gallinas autóctonas y de su corrupción municipal. Al final, los gobiernos de nuestras naciones hermanas nos devuelven sobradamente las subvenciones: ellos invierten en nuestro país para crear canales de televisión y partidos políticos cuyo objetivo es desestabilizar España. Así que, lo comido por lo servido. Y todos contentos (algunos más que otros).

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