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José García Domínguez

Las fantasías de Jordi Sevilla

Las suyas son ideas que no se diferencian en casi nada de las simplezas que sientan cátedra en las barras de los bares.

José García Domínguez
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Las suyas son ideas que no se diferencian en casi nada de las simplezas que sientan cátedra en las barras de los bares.
EFE

"No levantaremos cabeza económica en España hasta que no volvamos a levantar pisos con normalidad". Si esa frase la hubiera escrito un cualquiera en el suplemento Mercados de El Mundo no hubiese merecido que se le prestara la menor atención. Pero resulta que la firmó quien pudiera ser el próximo ministro de Economía del Reino de España, el socialista Jordi Sevilla. Da miedo pensar que los miembros de la élite tecnocrática de los partidos, la pequeña minoría de quienes se supone que saben de verdad, esos que como Jordi Sevilla diseñan en la trastienda, siempre lejos del ruido y de los focos, las líneas programáticas que después defenderán en los platós de la televisión los líderes y candidatos, puedan tener esas ideas rondándoles por la cabeza; ideas que no se diferencian en casi nada de las simplezas que sientan cátedra en las barras de los bares. Y es que en España, por mucho los tipos de interés de las hipotecas horaden el suelo y anden a punto ya de ser negativos, puede ocurrir cualquier cosa en el futuro inmediato, salvo que se produzca una nueva burbuja inmobiliaria. La generación de los que ahora estamos vivos no verá nunca más otra fiebre del sector inmobiliario en España remotamente similar a la que alcanzó su punto álgido a finales de la primera década del siglo.

Ergo, nos plazca o no, tendremos que levantar cabeza sin levantar más paredes de ladrillo. Sería bonito, claro, que la fantasía de Jordi Sevilla tuviese alguna posibilidad de encontrar acomodo en el mundo de la realidad. Pero no la tiene. Sería bonito porque el millón y medio de trabajadores del sector que envió al paro el pinchazo de la burbuja en 2009, muchos de ellos de imposible reciclaje profesional, podrían volver al andamio, lo suyo de siempre. Pero no volverán. Nunca más volverán. Contra lo que cree el principal cerebro económico del PSOE, la construcción nunca más ejercerá de locomotora del crecimiento español. Y ello por una razón obvia, tan obvia que causa asombro que una persona con la formación de Jordi Sevilla no haya reparado todavía en ella. Me refiero a la demografía. Parece que se nos ha olvidado que las casas se construyen para que habite gente en su interior. De hecho, únicamente se construyen con ese fin. Por tanto, si no hay gente nueva, no hacen falta casas nuevas. Y resulta que en España no hay gente nueva desde 1974. Esa fecha es importante porque marca el punto de inflexión de la pirámide demográfica de nuestro país. Desde aquel año, aquí no nace casi nadie.

La burbuja inmobiliaria que se inició a finales de los 90 fue posible porque a los alumbrados antes de 1974, la innúmera legión del baby boom de los sesenta, les tocaba emanciparse y abandonar el hogar paterno. De ahí que, con la misma moneda, los mismos tipos de interés y similar legislación urbanística, en Alemania no hubiese burbuja y en España sí. Alemania ya era vieja en 1995 y España aún era joven en 1995. No hay otro misterio. Al cabo, solo habría una manera, una sola, de que esa querencia de Jordi Sevilla pudiese materializare: que decidieran instalarse en España un par de millones de inmigrantes (como mínimo) atraídos por las colas ante las oficinas del INEM. Entonces sí que harían falta grúas en cada equina. Pero solo en ese caso. Porque en las playas del Mediterráneo ya no cabe un turista más. Y tampoco parece que esté el patio como para que otros dos millones de asalariados piensen a estas horas en una segunda residencia… Y Sevilla es de los que saben.     

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