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Malas Meninas, una marca 'made in Spain' inspirada por Velázquez

A Puntadas, una empresa de Elche, desarrolla una importante labor, ofreciendo empleos a mujeres en riesgo de exclusión.

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No es nada fácil conseguir una buena marca. Uno de esos nombres que se quedan en la imaginación del consumidor y que venden por sí mismos. Con pegada, divertidos, fáciles de recordar y muchas posibilidades para integrarlos en el producto. Pues bien, A Puntadas, una empresa de Elche que inició su actividad en el año 2007, lo ha conseguido. Y lo ha hecho, además, desarrollando una importante labor social, consiguiendo que mujeres en riesgo de exclusión puedan acceder a un trabajo estable.

En el año 2008, nació la marca "Malas Meninas". Malas porque proponen una mirada nueva, creativa y crítica hacia las reglas del mercado; y Meninas porque creen en la creatividad, el arte y la cultura con sello made in Spain. Es una combinación ganadora. Lo tiene todo para triunfar.

Su primera colección, Las Meninas, fue una línea que sacó la marca de ropa de hogar La Oca. Desde Malas Meninas elaboran productos textiles que van desde uniformes laborales hasta regalos de empresa, fabricados para compañías como Coronel Tapioca, Max Mara o IESE Business School.

Crear una empresa de inserción no es fácil. Es necesaria una asociación o promotora que lleve dentro de la inserción laboral 3 años. "Programa de Reinserción de Mujeres" es la asociación que se encarga de hacer la formación en la confección textil y todas las cuestiones sociales. Su objetivo es que estas mujeres consigan un trabajo estable.

A las mujeres se les proporcionan cursos si no tienen experiencia y una máquina de coser para que trabajen de forma autónoma. El objetivo es que al terminar su estancia en la empresa, que como máximo es de 3 años, las mujeres sean profesionales del mundo textil. Existen acuerdos con otras empresas, y a pesar de las dificultades del mercado laboral, casi el 100% encuentra empleo.

La experiencia de Momentum Social Investment de BBVA supuso un punto de inflexión que les permitió crecer como empresa y convertirse en referente de la ayuda social.Libertad Digital ha entrevistado a su gerente, Rosa Escandell, que nos cuenta la historia de A puntadas, las dificultades a las que se enfrentan cada día y sus futuros proyectos.

- ¿ Cómo nació A puntadas?¿Es la inserción laboral vuestro único objetivo?

- A puntadas, no solo tiene como objetivo la inserción laboral. También es un centro de formación homologado por el SERVEF y es la 1ª empresa europea que ofrece formación dual, ya que al tiempo que las mujeres están en la empresa de inserción, obtienen un certificado de profesionalidad y una titulación oficial a nivel europeo.

La Fundación Juan Perán-Pikolinos es una figura fundamental para esta empresa. Les ha cedido un espacio en el parque empresarial de Elche, uno de los más importantes de la comarca y hace acompañamiento empresarial. Desde la empresa han querido darle a todo el trabajo una visión empresarial. Quieren demostrar que una empresa puede ser a la vez rentable y socialmente responsable.

Al principio, su capital era cero pero, tras darse cuenta de que era un proyecto viable, buscaron financiación. Fue cuando se presentaron a Momentun, una ayuda que les permitió crecer.

- ¿ Cuáles son las dificultades a las que se enfrenta una empresa de inserción?

- La principal es que el personal que estás formando no es profesional. Eso puede provocar que al principio su productividad sea inferior. Evidentemente hay que cubrir esa falta de productividad y gestionarlo igual. También hay que asumir la competencia dentro del sector textil de países como China.

Es en ese sentido donde han querido marcar la diferencia ya que no se dedican sólo a un producto, tratan a todos los productos que tienen que ver con lo textil. La empresa tiene un ADN social y medioambiental. Se han certificado en GOTS (Global Organic Textile Standard), la certificación a nivel mundial más importante de orgánicos. Están certificadas en confección, estampación, tinte sobre tejido… Es la única empresa en Europa que engloba todos estos procesos.

- Sois una empresa social que tiene una marca, "Malas Meninas". ¿Cómo nació esta idea y a quién está dirigida? ¿Es posible adquirir vuestros productos?

- Malas Meninas, es una marca que nació en el 2008. Nuestra visión empresarial necesitaba una marca y fue de las primeras cosas que se creó. En el año 2008, con el taller del centro penitenciario de Villena, se hizo una colección de hogar que se presentó a La Oca. Una implantación de los productos de hogar en todas las tiendas de España de La Oca.

El proyecto se quedó un poco parado, pero el año pasado retomaron una marca que representa valor social, avalado por una empresa de inserción. La venta de la marca será un "be to be" con empresas que ya tienen su cadena de distribución y sus productos, escogiendo alguno de ellos y creando una línea con su marca.

- ¿Cuál es el proceso de selección en una empresa de inserción?

Cuando las empresas de inserción tienen más de 3 años de vida, tienen obligación por ley de tener un 50% de su plantilla de exclusión social.

Actualmente, en A Puntadas cumplen, con el 60%. Las mujeres las eligen los ayuntamientos. En el proceso de formación hay un trabajo en común de los educadores sociales y de los centros de trabajo. Al final, son estos los que emiten la certificación y las acompañan hasta la inserción laboral final.

- Muchas veces las empresas son reticentes a incluir en su plantilla a trabajadores de inserción, ¿crees que se ha avanzado en este tema durante los últimos años? ¿Qué se debería cambiar?

Las Comunidades autónomas líderes son el País Vasco y Cataluña. En la Comunidad Valenciana hay 4 empresas de inserción, un número muy bajo para lo que debería ser. Estos últimos años, se ha creado una ley de economía social por la que todas las comunidades autónomas tienen que tener una reserva de mercado para empresas de inserción y centros de empleo. Pero cada comunidad autónoma es diferente. Por ejemplo, Alicante ha aprobado que el 10% de la actividad de la confección textil sea para ellos. Las empresas tienen que tomar conciencia de que las personas que salen de una empresa de inserción son profesionales. A pesar de tener una bonificación por su contratación hay cierta desconfianza hacia la profesionalidad de estas personas.

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