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El mito de la precariedad

Resulta inútil crear muchos puestos de trabajo, la obsesión casi única de todos los políticos. Los funcionarios sindicales dirán siempre que son empleos precarios.

Amando de Miguel
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Resulta inútil crear muchos puestos de trabajo, la obsesión casi única de todos los políticos. Los cansinos funcionarios sindicales y sus acólitos dirán siempre que son empleos precarios; es decir, nada. Seguramente los comparan con los puestos sindicales, que son, no solo fijos, sino cómodos y vitalicios.

Nos encontramos plenamente instalados en una sociedad de servicios. Uno de sus efectos es que la gran mayoría de los nuevos puestos laborales van a ser temporales. En el caso de los jóvenes, sus contratos serán de prácticas, provisionales, a la espera de posibilidades de promoción. Muchos contratos temporales exigirán pruebas de adiestramiento o de formación ulterior con el fin de avanzar en el currículum profesional.

En la carrera docente de la Universidad, está claro que todo el mundo empieza en categorías temporales: becarios, doctorandos, ayudantes o interinos. Se aproxima un momento en el que un catedrático titular tendrá que demostrar su continua tarea investigadora para seguir ostentando su derecho a la cátedra.

“Precario” quiere decir que el trabajador no puede presumir de su puesto en propiedad, ni siquiera el funcionario. En su lugar, debe hacer méritos continuos para mantenerse en el puesto, y no digamos para avanzar. La fiesta que en España denominamos “de fin de carrera”, en algunas universidades norteamericanas se llama commencement. Es decir, el final de los estudios significa más bien el comienzo de la vida profesional. La cual no termina nunca.

Estamos acostumbrados a que en algunas carreras (deportistas profesionales, pilotos de aviación, bomberos, etc.) se considere necesaria la jubilación anticipada. Tal condición significa que, después de retirarse a una edad madura, el sujeto emprende otras actividades. No por eso denigramos como “precarias” las primeras posiciones.

Hay que desengañarse, en España la actividad exportadora más segura es el turismo. Por definición, se trata de una actividad estacional. Por tanto, muchos de los empleos de ese sector llevan aparejada la temporalidad. Nadie debería renegar de ello. Constituye una buena oportunidad para que muchos estudiantes universitarios tengan trabajo durante las vacaciones; naturalmente, de forma precaria.

En una sociedad de servicios lo fundamental no es conseguir un empleo fijo, sino un puesto en el que uno pueda aprender, especializarse, promocionarse.  La consecuencia final es que desaparecerá la norma de la jubilación forzosa a una edad. Son las condiciones vitales del trabajador las que determinan la jubilación. La cual será bastante independiente de la edad. Todo lo anterior cristalizará a pesar de los sindicatos, como fuerza retardataria que son.

La propuesta que dejo caer en forma de pronóstico sirve para resolver un problema endémico: la fragilidad del actual sistema de pensiones. La práctica de que muchas personas se retiren forzosamente de la vida laboral a una edad constituye un despilfarro de recursos. Los trabajadores de muchas posiciones deben seguir activos hasta que la opinión médica aconseje su retiro. De esa forma estarán más tiempo cotizando a la Seguridad Social. Otra cosa es que haya muchos trabajadores que produzcan poco. Pero esa es harina de otro costal.

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