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La victoria del Brexit eleva la desconfianza hacia la economía británica

La futura salida de la UE se traduce, por el momento, en una mayor desconfianza por parte de empresarios, inversores y consumidores.

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La futura salida de la UE se traduce, por el momento, en una mayor desconfianza por parte de empresarios, inversores y consumidores.

Tras el referéndum sobre la salida del Reino Unido (RU) de la UE, la principal duda es conocer cuál será su impacto en el crecimiento del PIB británico. El Departamento del Tesoro estimó en mayo un impacto negativo que oscila entre el 3,6% y un 6% en su peor escenario por la interacción de tres efectos: menor comercio exterior e inversiones, mayor incertidumbre y empeoramiento de las condiciones de financiación.

Un tercio del PIB se concentra en el sector financiero, inmobiliario, así como servicios profesionales y administrativos.

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Una de sus fortalezas es el mercado laboral. Desde 2012, tanto el empleo, que se ha incrementado un 7%, como la tasa de ocupación -el porcentaje de población ocupada sobre el total de 16 a 64 años se sitúa en el 74%- no dejan de crecer. Un 28% de ese aumento se debe a la mayor contratación en las ramas de servicios profesionales, finanzas y administrativo.

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La actividad del sector financiero y, por extensión, de los servicios vinculados a éste, depende de la tenencia de un "pasaporte" que permite a estas compañías trabajar y establecer sucursales en otros países de la UE.

El Brexit deja como posible opción adherirse al Espacio Económico Europeo, como es el caso de Islandia, Liechtenstein y Noruega. Sin embargo, para ello, RU tendría que contribuir presupuestariamente a la UE y permitir el libre movimiento de personas comunitarias en su territorio. El riesgo de quedarse fuera es la probable deslocalización de las empresas financieras, lo cual supondría un fuerte impacto en el empleo.

La buena marcha del sector inmobiliario, por su parte, depende en gran medida del precio de la vivienda, que hoy por hoy se sitúa un 9% por encima del nivel previo al estallido de la crisis. El riesgo del Brexit es que podría encarecer los créditos para la compra de vivienda y dañar la confianza de las familias, afectando negativamente a las ventas y al precio.

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Una importante debilidad de la economía británica respecto a la europea es que no es especialmente exportadora, aunque su posición es diferente según se trate de bienes, donde el peso es menor, o de exportaciones de servicios a empresas, cuya importancia es mayor.

Por el contrario, sí tienen un mayor peso las importaciones, siendo el saldo comercial de bienes deficitario, por lo que la depreciación de la libra no tendría por qué impactar positivamente en su economía, sino al contrario, ya que, aunque la depreciación abarataría las exportaciones, también encarecería las importaciones británicas.

Además, el efecto precio por una depreciación de su divisa en las exportaciones del RU no sería muy elevado, puesto que los principales bienes que vende al exterior tienen un alto valor añadido, de modo que la diferenciación de producto no se produce tanto vía precio. RU se sitúa en el octavo lugar del mundo por el componente tecnológico de sus exportaciones de manufacturas.

Por oTro lado, el componente que más pesa en su PIB es el consumo de los hogares. De hecho, únicamente en cinco países de la UE -Grecia, Portugal, Lituania, Letonia, y Rumanía- el peso del consumo es superior.

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Precisamente, un indicador vinculado al consumo, como son las ventas minoristas, registró un notable crecimiento del 6% interanual en julio. Sin embargo, existen razones para tomar con cautela ese dato. Por un lado, la propia ONS- equivalente al INE en el RU- destaca que un julio anormalmente cálido ha influido de forma positiva en las ventas.

Además, el índice de la confianza del consumidor que elabora la Comisión Europea se ha deteriorado desde -1 en junio a -9 puntos, lo que supone una importante señal de divergencia entre las ventas minoristas y la confianza -barra gris en el gráfico-. En los últimos meses, por lo general, tras producirse divergencias entre ambos índices, las ventas al por menor han crecido menos posteriormente.

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Aunque no está claro que la incertidumbre se traslade automáticamente a la economía real, es posible que el repunte de julio se explique por un adelanto en las compras ante la expectativa por parte de los hogares de un futuro empobrecimiento.

Lo que no explicaría ese crecimiento del consumo es el turismo, puesto que las ventas minoristas no incluyen el gasto en hoteles ni restaurantes, cuya proporción es 10 veces superior al peso de las compras turísticas. Asimismo, las ventas de automóviles también han registrado un mal dato en julio, con un descenso anual del 6%.

Otro indicador de confianza, como es el PMI, también registró un notable retroceso, situándose en 47,4 puntos, bajando así del umbral de 50 puntos que separa la expansión de la contracción económica. Aún es pronto para afirmar que existe un claro riesgo de recesión, pero la primera referencia post-Brexit no invita al optimismo.

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El déficit exterior, su punto más débil

Un aspecto clave a tener en cuenta es, sin duda, el elevado y creciente déficit exterior de RU, situado ya en el 7% del PIB. Tal y como advierte el Tesoro, el Brexit puede agravar la desconfianza de los mercados sobre la sostenibilidad del déficit exterior, en cuyo caso se reduciría y encarecería el acceso a la financiación internacional por parte de la economía británica.

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En definitiva, si bien es cierto que aún es muy pronto para calibrar el impacto económico del referéndum británico, los primeros datos disponibles reflejan un deterioro de la confianza por parte de empresarios, inversores y consumidores. El tiempo dirá si esta mayor desconfianza, finalmente, se traduce o no en un frenazo del PIB o incluso una recesión que acabe con los últimos años de crecimiento.

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