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Onebone o cómo las gafas de madera eclipsan al plástico

En España el mercado de las gafas artesanales de madera está creciendo como la espuma.

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En España el mercado de las gafas artesanales de madera está creciendo como la espuma.

Primero fueron las gafas de pasta y ahora, llegan las de madera. El boom de las lentes de este material natural está pegando con fuerza en nuestro país en los últimos tiempos. La fusión de la fiebre por lo ecológico y lo artesanal las ha catapultado a la fama. Ya no hay it girl que se precie que no tenga unas para protegerse del sol.

En España, son muchas las empresas que han empezado a especializarse en la fabricación de estas particulares monturas. Onebone es una de ellas y comenzó su actividad el pasado mes de enero.

"Andrés y Roberto, mis socios, y yo empezamos fabricando gafas de madera para nosotros como hobby. Igual que la gente personaliza su moto o su ropa, queríamos personalizar nuestras gafas. Pero viendo el éxito que teníamos entre nuestros amigos y gracias a las facilidades que te da el mundo online para vender, decidimos crear la empresa sin abandonar nuestros empleos", cuenta uno de los fundadores, Jesús Ripoll, en una entrevista con Libre Mercado.

Ripoll era director de las 330 tiendas que Bodybell y Juteco tenían en nuestro país hace un año. Entonces, hubo un cambio de propietario, salio de la empresa, y decidió dedicarse con más energía a su empresa.

Lleva por bandera el "hecho a mano" del producto que fabrica y asegura que "no son tantas las firmas que que utilizan procesos realmente artesanales" en el mercado español. Entre las particularidades con las que Onebone quiere distinguirse de sus competidores está la combinación de madera con otros materiales, como la piedra o la tela, y la elaboración de monturas para lentes graduadas.

Un taller ubicado "en el norte de Europa" tarda 6 semanas crear cada gafa. Sus cuatro empleados eligen 5 tipos de madera, de las 20 con las que trabajan, para confeccionar cada una. "Lo que más tiempo lleva es darle forma a la madera. Después, se le da un tratamiento hipoalergénico e impermeabilizante y se deja varios días en una plancha", explica Ripoll.

Sobre el miedo de que estas monturas se estropeen antes que el plástico, el empresario asegura que "a la madera lo único que le pasa con el tiempo es que se oscurece, pero eso es parte de su encanto. Nadie se plantea que una guitarra que aporreas durante años se vaya a romper". Respecto a los cuidados que se le deben aplicar, explica que "únicamente recomendamos darles una mano de vaselina neutra una vez al año".

La dificultad: llegar a la tienda

En la corta vida de su empresa, Ripoll ya ha conseguido vender unas 2.000 monturas, aunque todavía le queda un largo camino por recorrer. Además, de la plataforma online, Onebone quiere hacerse con un hueco en las ópticas y en las tiendas de nuestro país. "Que te den la oportunidad está siendo lo más complicado", asegura.

"Ya llevamos 4 reuniones con el Corte Inglés y hemos conseguido entrar en una tienda Visionlab, pero también miramos hacia las pequeñas ópticas", explica. Los 149 euros que cuesta cada una, no cree que vaya a ser una problema para ellos. "No hay una gafa Onebone igual y usamos cristales Carl Zeiss. El precio está más que justificado", asegura.

Aunque sus clientes potenciales son los particulares, la compañía ya ha conseguido varios acuerdos para elaborar puntualmente gafas corporativas para Bentley o Ferrary, "algo que nos vienen muy bien para darnos a conocer".

Como ya hiciera el exitoso modelo de las gafas españolas Hawkers, las celebrities son un pilar fundamental en la publicidad de su marca. La primera persona que se puso sus gafas fue Nuria Roca, después han venido muchas más. "De momento, lo estamos haciendo todo a través de contactos porque no podemos permitirnos el pagar una campaña a un famoso para que suba una foto a Instagram, pero es lo que hacen todos", cuenta Ripoll.

La financiación, la cruz de cualquier emprendedor, no ha sido un problema para esta compañía española. "Al trabajar artesanalmente producimos lotes de 20 gafas. Adelantamos al taller un porcentaje del coste previamente y el resto, después de la venta, por lo que el desembolso inicial no ha tenido que ser muy grande. Si quieres producir en China, te obligan a adelantar 50.000 unidades, y ya no lo puedes asumir con financiación propia"

Otro de los problemas a los que se enfrentan por vender gafas de sol es la alta estacionalidad. "Ahora el mercado está paralizado y las ópticas nos emplazan hasta marzo", explica el empresario. Para contrarrestar el problema, quieren centrarse en emplazamientos como Canarias y empezar a fabricar otros productos artesanos, como las billeteras.

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