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Así cambiaron sus vidas cuatro parados españoles gracias a Airbnb

Algunos españoles han visto en Airbnb un buen escaparate para alquilar sus pisos a turistas.

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Los españoles utilizan Airbnb para alquilar sus casas | Alamy

Desde el desembarco en España de plataformas de alquiler de pisos como Airbnb o Homeaway, el mercado de las viviendas turísticas está siendo objeto de polémica. Los esfuerzos del lobby hotelero para impedir su actividad, el exceso regulatorio que han llevado a cabo un gran número de autonomías y la falta de claridad en la legislación son los mayores problemas a los que se están enfrentando compañías y propietarios.

Ayer martes se reunieron en Madrid los principales protagonistas de un ya sector conocido como homesharing. No es la primera vez que los representantes de empresas como Airbnb, HomeAway o Rentalia claman por una normativa que favorezca la libre competencia y la convivencia de las distintas opciones de alojamiento, pero igualmente quisieron hacerlo en esa ocasión.

La Asociación Española de la Economía Digital (Adigital), que se encargó de organizar la jornada, también quiso invitar a miembros de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) o de asociaciones de anfitriones para que pudieran expresar sus puntos de vista.

Airbnb utiliza el término anfitrión para referirse a los particulares que se encargan de alquilar los pisos por periodos vacacionales. Para ser anfitrión no es necesario ser el propietario de la vivienda arrendada, sólo basta con ocuparse de la gestión. Curiosamente, entre el público asistente a las ponencias había una gran mayoría de ellos.

El fomento del turismo de borrachera, los problemas de convivencia con los vecinos, el fraude en el pago de los impuestos o la pérdida de empleos en el sector hotelero son algunas de las afirmaciones más utilizadas por los enemigos de los apartamentos turísticos para intentar desacreditar su actividad. En Libre Mercado hemos podido conocer la otra cara de la moneda gracias a los testimonios de algunos de sus propietarios, que relatan cómo gracias a plataformas como Airbnb han cambiado sus vidas.

Un denominador común: el paro

Para ello, hemos elegido al azar a cuatro de los anfitriones que acudieron al acto. Sorprende que todas estas personas decidieran entrar en el sector de los apartamentos turísticos al encontrarse con el mismo problema: el desempleo.

José (nombre ficticio) todavía recuerda a su primer huésped. "Era un estadounidense que venía por cuatro días", comenta. Vivía sólo y, como se quedó en paro, decidió poner en alquiler la habitación que le sobraba. "Me daba muchísimo miedo meter a un desconocido en mi casa. Tampoco quería estar todo el día vigilándole, pero no sabía cómo actuar", relata. "Y al final nos llevamos estupendamente", tanto que "todavía seguimos hablando por Navidad".

"Fui aprendiendo poco a poco del negocio", afirma este exempleado del sector de la aviación. "La atención es importantísima y la gente te lo valora. Por ejemplo, si les das el desayuno, quedas como un caballero con algo que a ti te cuesta un euro", añade. José todavía sigue alquilando la otra habitación de la casa en la que vive, aunque además se encarga del alquiler de otros dos pisos más. "Solicité una hipoteca para comprar un piso que ahora alquilo por temporadas y también alquilé otro para realquilarlo después a turistas", cuenta. Se ha hecho autónomo y tiene el consentimiento del propietario. El hombre reclama a Airbnb más protección a los propietarios, asegura que se siente "huérfano" ante la normativa.

Los realquileres

Según cuentan, arrendar una vivienda para después realquilarla a turistas es una práctica muy habitual en el sector de los pisos turísticos. Así empezó Eloísa (nombre real) después de quedarse sin trabajo. "Era la casa de un conocido y, a cambio de una renta mensual, empecé alquilándola en las vacaciones", rememora.

Eloísa asegura que "no he tenido problemas con ningún vecino desde que alquilo pisos. Todos saben lo que estoy haciendo y algunos hasta me ayudan a entregar la llave". De hecho, "me fue tan bien que otra vecina del mismo edificio que se iba a vivir fuera de España me pidió que también le alquilara la suya a visitantes. No quería alquilarla todo el año porque de vez en cuando vuelve a España y quiere estar en su casa", cuenta.

Eloísa ya alquila un total de 9 viviendas. En 2 de ellas paga una renta mensual al propietario y en las otras 7 va a comisión con el dueño. A las administraciones le pide "que nos faciliten el pago de impuestos" ante la falta de conocimientos fiscales. "Que no digan que no queremos pagar porque yo me he hecho autónoma y lo declaro todo", asegura. Calcula que obtiene una rentabilidad del 30% en los alquileres, "a lo que hay que restarle los impuestos". La mujer presume de que "yo también genero puestos de trabajo, como el servicio que contrato de limpieza, y ahora estoy buscando a otra persona para que me ayude".

Miedo a los impagos

Elena (nombre ficticio) realiza al 100% todas las tareas necesarias para alquilar su piso. Trabajaba en "un gran banco que se marchó de España" y fue uno de los tantos trabajadores despedidos. "A mis 38 años era difícil que me contratara otra multinacional", asegura.

Vive con su pareja en una casa con una hipoteca a cargo. Por ello, decidió alquilar a turistas la segunda residencia que tiene en propiedad, un estudio, sin necesidad de hacerse autónoma. "No me da como un sueldo, pero con eso vamos pagando", declara. El miedo a los impagos o al deterioro de la vivienda son los motivos que han llevado a Elena a no alquilar el estudio durante todo el año. "Además, siempre me ha gustado el sector del turismo, conocer gente y me sirve para aprender inglés. Me hace tremendamente feliz cuando me sale una reserva", asegura.

Plataformas como Airbnb permiten evaluar también a los visitantes y conocer sus perfiles. "Si lo alquilas por temporadas largas te destrozan el piso y quien no te quiere pagar no te paga. Con Airbnb seleccionas tú a los inquilinos. Yo, por ejemplo, grupos de jóvenes no acepto", asegura Marisa (nombre ficticio). "Además, a través de la plataforma te aseguras el pago, que es por transferencia".

Marisa también trabajaba en una multinacional y con la indemnización por despido se compró un estudio. También alquila varios pisos de sus padres. Denuncia "una legislación en la que sólo tenemos obligaciones y muy pocos derechos, cuando pagamos todos los impuestos". Admite que sí ha tenido problemas con varios vecinos porque no dejan entrar a la piscina de uno de sus pisos a sus huéspedes. "Es porque dicen que no les conocen, pero no lo entiendo. Ellos sí pueden traer a familiares y amigos que yo tampoco conozco".

Los cuatro entrevistados alquilan sus pisos en Madrid y coinciden en que "es desesperante la lentitud" de los trámites burocráticos necesarios para conseguir la licencia de piso turístico. "No somos piratas. Queremos seguir dedicándonos a esto y sólo queremos que nos dejen trabajar", sentencia José.

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