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El drama de la universidad española en diez cifras

Los rectores se quejan de la caída de la financiación y las rebajas en las becas. Otros datos no están tan presentes en el debate.

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Los rectores se quejan de la caída de la financiación y las rebajas en las becas. Otros datos no están tan presentes en el debate.
Estudiantes en la Universidad de Barcelona esperan para examinarse de Selectividad. | EFE

Menos becas, menos financiación pública, menos dinero desde las empresas, subida de las tasas… Este jueves, la Conferencia de Rectores (CRUE) presentaba su informe La universidad española en cifras. Y casi todas las que han ofrecido han sido malas. Desde 2010-11, se quejan los dirigentes de nuestros centros, se ha desplomado la cantidad de dinero que el Estado dedica a la educación superior y eso tendrá muy malas consecuencias.

No es un relato nuevo. Es cierto que la financiación de las universidades españolas ha sufrido importantes recortes. También es verdad que se ha recuperado algo en los dos últimos ejercicios. Pero, en cualquier caso, seguimos lejos en casi todas las métricas de las cifras de hace cuatro o cinco años. Por ejemplo, la beca media por beneficiario ha pasado de 3.256 euros en el curso 2012-13 a 2.637 euros en el curso 2014-15 (también es cierto que el número de becados ha subido en los últimos años, algo que no siempre se cuenta). Y la financiación procedente de los presupuestos autonómicos ha caído de 6.774 millones en 2010 a 5.562 millones en 2014, una reducción que no se ve compensada por el incremento en los ingresos por tasas de 419 millones de euros.

Tiene toda la lógica del mundo que los rectores se quejen de estos recortes. Al fin y al cabo, defienden su parcela, como hacemos todos. Y también es pertinente preguntarse si es lógico, en un país como España, con un grave problema de productividad en su economía, que cuando llegue una crisis se recorte en el gasto destinado a la enseñanza superior. Pero hay otra cara de la universidad española que también asoma en este informe y a la que no se le presta la misma atención. El drama de la universidad española es que los datos nos hablan de una institución más bien cerrada, poco dispuesta a enfrentarse a los cambios, no muy atractiva para estudiantes y empresas, y más preocupada por la cifra total de ingresos que por gastarlos de forma eficiente. Son diez cifras que deberían hacernos pensar a todos. También a los rectores.

Recortes y calidad

Lo primero que hay que decir es que hay que contextualizar las cifras que hoy se han conocido. Porque, como decíamos antes, todos los titulares hablan de los recortes. Pero pocos recuerdan que estos han llegado tras una expansión enorme del gasto público en la universidad. Esto quiere decir que sí hemos bajado respecto a lo gastado en 2010 o 2011, pero para volver a los niveles de los años 2006-07-08. Tanto en becas, como en financiación de los centros, la mayoría de las cifras están ligeramente por encima de las conseguidas durante la burbuja. Como las empresas, las familias y el resto de las administraciones públicas, las universidades han tenido que ajustar sus gastos según se desarrollaba la crisis. No hay demasiadas diferencias en esto con otros agentes.

Pero, además, es que hay una lectura de las quejas sobre los recortes que nunca se hace. El planteamiento habitual es que ahora que hay recortes es lógico que la calidad descienda o que no se puede pedir a las universidades que mantengan el nivel de investigación o docencia con menos ingresos. Pero claro, el corolario lógico de esto sería pensar que los resultados en los años de vacas gordas eran fantásticos. Si los recortes tienen la culpa de que ahora haya problemas; los años 2007-2011, cuando el gasto estaba en máximos históricos, deberían haber presenciado la era dorada de la universidad española. Y no es así.

Ni entonces ni ahora los resultados son demasiado buenos. Lo que nos dice que el problema no es de dinero. Hay una discusión legítima sobre cuánto y cómo hay que financiar la universidad. Pero debería coexistir más a menudo con el debate sobre diseño del modelo. Escuchando a algunos rectores, la sensación es que han encontrado una excusa sencilla (los recortes) para un problema (la falta de calidad de la educación universitaria) que no comenzó, ni mucho menos, en 2011.

Las diez cifras

- 0,8%: es el porcentaje de estudiantes extranjeros matriculados en estudios de grado en las universidades españolas (en esta cuenta no entran los Erasmus, que se matriculan en su centro, aunque luego desarrollen el curso en otro país). En comparación, la media de la OCDE es del 6,2%. Estamos a años luz de Reino Unido (13,2%), pero también de Francia (7,6%) o Alemania (4,4%). En los másteres (4,9% de extranjeros) y doctorados (16,2%) las cifras no son tan bajas pero sí bastante inferiores a la media de la OCDE para este tipo de estudios.

Por cierto, esta maldición no es porque España tenga algo que repela a los jóvenes extranjeros: ya sabemos que las escuelas de negocio de nuestro país están entre las más demandadas de Europa y en número de Erasmus también somos lo más solicitados. Es decir, el país sí gusta, pero los títulos que ofrecen nuestras facultades no son atractivos.

- 11,5%: es el porcentaje de estudiantes matriculados en un centro de una comunidad autónoma diferente a la de su residencia. En esto las comparaciones con otros países siempre son complicadas (no es lo mismo el tamaño de un Estado en EEUU o de un cantón suizo) pero en la presentación de este jueves los propios rectores han admitido que es un número bajo, que habla de poca movilidad de estudiantes y falta de atracción de los centros.

- 27%: "Un 27% de los alumnos de grado recibió ayudas al estudio en las universidades españolas públicas presenciales, dato muy inferior al de la mayoría de los países de la UE". Este dato no es cierto, aunque estemos acostumbrados a escucharlo. El ¡100%! de los estudiantes de grado de las universidades públicas recibió ayudas públicas el año pasado… Bueno, y el anterior, y el otro, y todos los años desde que se tiene memoria. Las tasas que pagan los estudiantes apenas suponen un 17% de los ingresos de las universidades (página 237 del informe, Tabla 1.V.1.5).

Luego, es cierto que hay un 27% al que se le da una ayuda extra (a veces cubre el total de ese 17% que es el precio de la tasa). A estos últimos es a los que en España se llama "becados", pero hay que aclarar conceptos. Todos los estudiantes de las universidades públicas de nuestro país (incluido el autor de este artículo) han sido becados. Luego, algunos han tenido una beca extra. Pero esto es importante cuando se compara nuestro sistema con el de otros países: porque no todos tienen el mismo diseño de las ayudas y muchas veces consideramos becas cantidades que en España se dan por supuestas sólo porque no entran en las tasas.

- 10%: es lo que ha caído la financiación de las universidades de 2010 a 2014. Los recursos públicos pasaron de 6.745 millones a 5.562 millones y los ingresos por tasas pasaron de 1.163 millones a 1.582 millones. En total, los centros han perdido casi 800 millones de ingresos en estos cuatro años. ¿Mucho? ¿Poco? ¿Lo normal en un país que ha sufrido una crisis como la española? Cada uno tendrá su respuesta, pero las cifras son éstas.

- 38%: era el gasto por estudiante universitario medido en porcentaje del PIB per cápita en 2012 (habrá bajado algo hasta 2014, pero ésta es la última cifra que ofrece la CRUE). La media de la OCDE era del 40%. Hay países como Reino Unido o EEUU que se disparan (65% y 53% respectivamente), pero porque en ellos buena parte del gasto es privado. En sistemas similares al español, las diferencias no son demasiado relevantes: Francia (41%), Alemania (40%), Noruega (39%), Bélgica (38%), Austria (35%)…

- 191 millones: es la cantidad de dinero privada para financiar la I+D que recibieron las universidades españolas en 2014. Es casi la mitad que los 359 millones de 2008 y también está muy por debajo de las cifras de otros países. Dos cuestiones destacan: en primer lugar, las facultades no han sufrido sólo por la congelación de los presupuestos públicos, sino también por la retirada de ayudas desde el sector privado.

En segundo lugar, parece claro que las empresas españolas no confían en el retorno de sus inversiones en la universidad. O confían mucho menos que las empresas de otros países ricos. En general, el sector privado español invierte poco en I+D+i y hay muchas razones para ello (la estructura productiva, la regulación, la falta de tradición…): la universidad todavía no ha conseguido cambiar esta tendencia.

- 12,5%: es la tasa de paro entre los universitarios españoles. Es superior a la tasa de paro de los titulados de otros países, pero es que la tasa de paro en España es muy superior para cualquier nivel educativo. De hecho, en la presentación del informe los rectores han asegurado que, en comparación, hay menos diferencia entre la tasa de paro de los universitarios españoles y los universitarios extranjeros que entre la tasa de paro para otros niveles de formación.

Esto indicaría que la universidad española es (al menos desde un punto de vista comparativo) más eficiente para colocar a sus egresados. Pero, cuidado, la tasa de sobrecualificación en España también es muy elevada. Es decir, muchos de los titulados de nuestro país tienen trabajo, pero cobran menos y están en una categoría inferior a la que correspondería a sus estudios.

- 139: es el nivel de ingresos de un titulado universitario español comparado con un empleado con educación secundaria que cobre 100. Es lo que podríamos denominar "prima por la titulación". Pues bien, ese 39% extra que se consigue en las facultades españolas están entre los rendimientos más bajos de los países ricos. La media de la OCDE es de 157, en la UE-21 es de 152 y en EEUU, de 165. La universidad española ofrece mejores sueldos y perspectivas laborales a sus alumnos frente a los que se quedan en secundaria; pero en términos relativos, comparada con la educación superior en otros países, es muy poco rentable.

- 19,2%: es el porcentaje de universidades españolas con actividad investigadora que, de media, se cuelan en el Top 500 de alguno de los principales rankings internacionales (ARWU, OS, THE). Es una cifra bastante baja. Francia está peor (18%), pero Italia (33,9%), Reino Unido (45%), Alemania (47%) y en general el resto de los países ricos de la UE nos ganan por goleada.

También aquí hay muchos matices posibles. Por ejemplo, estos rankings miden sobre todo actividad investigadora y no tanto calidad docente. Pero en cualquier caso, la foto es preocupante. Los rectores han defendido este jueves que si miramos el Top 1.000 (de 17.000 universidades en todo el mundo que entran en la comparación) prácticamente todos los centros españoles están dentro. Pero es un consuelo menor: entre los mejores centros del mundo, se mida por el parámetro que se mida, casi nunca aparece uno español.

- 72,9%: es el porcentaje de encuestados en el último barómetro de COTEC que afirmaban que "las universidades y los centros públicos no orientan sus actividades de I+D a las necesidades tecnológicas de las empresas".

El informe COTEC refleja la situación de la I+D en España. Una de sus partes más importantes es una encuesta que realiza entre directivos, investigadores y otros expertos en la materia. Las conclusiones son preocupantes: la mayoría ve una fuerte desconexión entre lo que ocurre dentro y fuera de las aulas. Por ejemplo, el 72,9% piensa que "las universidades y los centros públicos no orientan sus actividades de I+D a las necesidades tecnológicas de las empresas" y el 63% cree que "el sistema educativo no proporciona competencias adecuadas para las necesidades de las empresas". Viendo estas respuestas, no son tan extrañas las cifras que veíamos antes de inversión de las empresas en I+D en las universidades. Mientras en otros países las grandes multinacionales y las compañías más innovadoras trabajan codo con codo con la universidad, en España muchas veces da la sensación de que se dan la espalda.

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