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Trump promete una histórica rebaja fiscal, pero sin recortar el gasto público

El plan de ingresos y gastos del nuevo Presidente estimularía el crecimiento aunque aumentaría la deuda. 

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Donald Trump durante su discurso tras la victoria electoral | EFE

Si Donald Trump se sale con la suya, el panorama tributario en EEUU va a cambiar de manera sustancial. Para bien y para mal, sus propuestas en clave impositiva suponen el giro más importante desde los años de Ronald Reagan.

El magnate quiere que los impuestos bajen de manera agresiva, beneficiando a empresas y trabajadores. Sin embargo, Trump no ha presentado un plan de ajuste presupuestario que acompañe estas rebajas tributarias. Por tanto, el optimismo que generan sus rebajas fiscales choca con las dudas que plantea su plan presupuestario.

Los cambios en el Impuesto sobre la Renta

El Impuesto sobre la Renta tiene hoy siete tramos progresivos. Bajo el plan tributario de Donald Trump, está prevista una reforma que resultará en tres niveles de tributación:

  • El más bajo será el 12%, aplicado hasta los 37.500 dólares de ingreso individual o hasta los 75.000 dólares de ingreso familiar.
  • El intermedio será del 25%, para el tramo que va de los 37.500 a los 112.500 dólares de ingreso individual o de los 75.000 hasta los 225.000 dólares de ingreso familiar.
  • El más alto será del 33%, aplicado a partir de los 112.500 dólares de ingreso individual o de los 225.000 dólares de ingreso familiar.

También bajarán los impuestos aplicados a las rentas del capital. Se creará un nuevo sistema con dos tramos: 15% y 20%. Quedarán exentas las rentas del capital que se sitúen por debajo de los 37.500 dólares, en declaraciones individuales, o de los 75.000 dólares, en declaraciones familiares. El 15% se aplicará cuando los ingresos oscilen entre los 37.500 y los 112.500 dólares, en declaraciones individuales, o entre los 75.000 y los 225.000 dólares, en declaraciones familiares. Por último, el tramo superior del 20% se adoptará para rentas individuales de más de 112.500 dólares o rentas familiares superiores a los 225.000 dólares.

Habrá un importante aumento de las deducciones. El límite de rebajas y bonificaciones admitidas subirá de 6.300 a 15.000 dólares en las declaraciones individuales y aumentará de 12.600 a 30.000 dólares para las declaraciones familiares. Uno de los programas de deducciones más atractivo será el que permita que las familias se ahorren impuestos cuando justifiquen gastos en el cuidado de sus hijos.

Por otro lado, en lo relacionado con la fiscalidad empresarial, Donald Trump tiene claro que el Impuesto de Sociedades tiene que bajar de manera agresiva. Por eso, su plan impositivo defiende que el tipo federal de este gravamen pase del 35% al 15%, lo que acercaría a EEUU al tipo del 12% que tan buenos resultados ha dejado en Irlanda.

A esto hay que sumarle un tratamiento favorable a la repatriación de beneficios. Bajo el sistema actual, las empresas que obtienen beneficios en el extranjero y que quieren enviar esos fondos de vuelta a EEUU se ven obligadas a pagar un recargo fiscal que puede llegar al 25%. Trump quiere rebajar esa factura con una tasa del 10% que podría hacer más atractiva la repatriación de beneficios. Para que la medida sea efectiva, podría ser necesario un tipo más bajo; de hecho, el senador Rand Paul defiende que ese impuesto a la repatriación baje del 10% al 5% para lograr el efecto esperado.

Trump también hace propuestas agresivas en otros tributos. Así, ha defendido la eliminación del Impuesto de Patrimonio y del Impuesto de Donaciones, dos gravámenes que su rival, Hillary Clinton, quería revisar al alza.

Un estímulo fiscal no exento de incoherencias

La Tax Foundation tiene claro que el plan de Trump tendrá un fuerte impacto en el PIB estadounidense. Entre 2016 y 2025, la aplicación de estas medidas puede aumentar el tamaño de la economía estadounidense un 8,2%. La mitad de ese crecimiento sería imputable a los fuertes recortes de la fiscalidad empresarial que plantea el magnate. Además, según los estudios de la Tax Foundation, la inversión podría subir un 23,9% y los sueldos ganarían un 6,3% de poder adquisitivo. En cuanto al empleo creado, las proyecciones apuntan a 2,1 millones de nuevos puestos de trabajos.

En términos estáticos, las medidas que ha anunciado Trump se traducen en un descenso de los ingresos fiscales que alcanzaría los 5,9 billones de dólares durante el periodo comprendido entre 2016 y 2025. Sin embargo, cuando se hace un análisis dinámico, esa caída de los ingresos se movería en el entorno de los 3,9 billones a los largo de la próxima década.

¿Se traducirá esto en un aumento de la deuda o aplicará Trump los recortes necesarios para evitar que el déficit vuelva a subir? La Oficina Presupuestaria del Congreso entiende que la deuda sí aumentaría bajo el gobierno de Trump, hasta llegar al 105% del PIB en 2025. Esto supone un aumento de casi veinte puntos frente a los niveles de deuda que se registrarían en ausencia de reformas fiscales.

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