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Pablo Casado y la limpiadora del Ritz

¿Nos podemos permitir el lujo como sociedad de que al Ritz y al Palace les cueste solo dos euros mantener limpia e impecable una habitación?

José García Domínguez
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Pablo Casado, el joven y prometedor dirigente del Partido Popular, tiene un hermano médico que trabaja en la Seguridad Social y que realiza, en promedio, unas quince consultas diarias con los pacientes que le han sido asignados. Si lo sé es porque el propio diputado Casado apeló al ejemplo de su pariente directo para responder a la trabajadora de un hotel (de cinco estrellas) que acababa de interpelarle a propósito de las quince habitaciones que, también en promedio diario, tiene que limpiar para poder ganar unos 800 euros mensuales. Pero como, por suerte para los usuarios de la medicina pública, el hermano de Pablo Casado no cobra dos euros por consulta realizada, quizá procedería una reflexión alternativa sobre esos dos euros netos que sí se pagan en España por limpiar a conciencia una suite del Ritz o del Palace. ¿Nos podemos permitir el lujo como sociedad de que al Ritz y al Palace les cueste solo dos euros mantener limpia e impecable una habitación?

Esa pregunta tan simple, la que al parecer no se le ha ocurrido todavía al diputado Casado, tiene una respuesta más simple aún: no, no nos lo podemos permitir; de ninguna de las maneras nos lo podemos permitir. Y no nos lo podemos permitir de ninguna de las maneras por una razón igual de sencilla, a saber, porque a la sociedad, a la nuestra, a la española, que esté limpia e impoluta una habitación del Ritz o del Palace le cuesta más de dos euros. Así las cosas, hay una parte del precio real de limpiar una habitación de cualquier hotel de cinco estrellas en España que no la están pagando ni los dueños ni lo clientes de esos cinco estrellas, sino el resto de los ciudadanos con nuestros impuestos. Dicho de otro modo, los contribuyentes que nunca en su vida han pisado la recepción del Ritz ni la del Palace están subvencionando todos los días, y sin ni tan siquiera saberlo, a los clientes nacionales y extranjeros que se alojan en la totalidad de los hoteles de lujo del país.

Y es que, a diferencia de lo que sucede con las retenciones que Hacienda le practica cada principio de mes al hermano médico del diputado Casado, los dos euros por habitación que ingresan esas trabajadoras no dan para que puedan ayudar con sus tributos a que se cubra una parte, siquiera mínima, del coste de los servicios públicos, verbigracia la sanidad, la educación, las pensiones o la dependencia, que consumirán a lo largo de su existencia toda. De ahí que el hermano médico de Pablo Casado, ese mismo que hoy habrá realizado sus quince consultas preceptivas, encarne un muy valioso y rentable activo para la sociedad en su conjunto, mientras que, por el contrario, el Ritz y el Palace supongan un pesado lastre para nuestra economía nacional, en la medida en que tenemos que ser el resto de los españoles, todos, quienes paguemos a sus camareras de habitación para que otros disfruten del exquisito servicio que prestan esas empresas con cargo a nuestras nóminas. ¿Lo va pillando, diputado?

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