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La vida te da sorpresas, sorpresas te da Susana Díaz.

Carlos Rodríguez Braun
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La vida te da sorpresas, sorpresas te da Susana Díaz. Por ejemplo, parece haber leído a Frédéric Bastiat, el economista vascofrancés decimonónico, espejo de liberales, que dio con lo que el periodista norteamericano Henry Hazlitt denominó la economía en una lección. Esa única lección, de claras raíces smithianas, era intentar ver el conjunto de la realidad económica, no sólo una parte sino todas las que podamos ver, no sólo en el tiempo presente sino todos los tiempos que podamos vislumbrar o conjeturar.

Así, en las sesiones judiciales sobre el fraude de los cursos de formación, la presidenta andaluza intervino para corregir al consejero de Empleo, Ciencia y Comercio (qué títulos tiene esta gente, por Dios), José Sánchez Maldonado, que no fue capaz de contestar nada sobre el dinero defraudado, pero insistió en que la Junta quiere, lógicamente, organizar ¡más cursos! Y para defenderlos dijo, según leí en ABC, que

en los cuatro años que se han paralizado los cursos de formación se han dejado de crear entre 60.000 y 70.000 empleos en Andalucía, que son los que se crearon en los años en que los que se invirtieron más fondos en los cursos de formación.

Entonces intervino Susana Díaz, "quien aprovechó la tribuna que le ofrecía la comisión para dejar claro que formación y empleo no van unidos".

La noticia se quedó allí, pero podemos fantasear con lo que habría dicho Bastiat de haber tomado la palabra a continuación de la líder socialista andaluza:

En efecto, como bien dice la señora presidenta, formación y empleo no van unidos, especialmente si, como en este caso, la formación no brota de la demanda de la sociedad expresada en el mercado sino de la decisión de los gobernantes, los burócratas, y los grupos de presión que a su socaire medran, como los sindicatos y las organizaciones empresariales, que, es bien sabido, se lo han llevado crudo. Y, hablando de crudo, es efectivamente crudo el comentario del señor consejero, que identifica el gasto en formación con la creación de empleo. Esto es muy dudoso, porque no se trata de un gasto libremente decidido por la sociedad, sino de un gasto forzado con dinero extraído de la sociedad y gastado por el poder. Independientemente de que parte de ese dinero fue directamente robado, incluso aunque no lo hubiera sido, cabe cuestionar su eficacia en términos de creación de puestos de trabajo, salvo que supongamos que el dinero usurpado a los ciudadanos y gastado por los políticos y los grupos de presión es socialmente más eficaz que el gasto realizado por las personas libre y voluntariamente. Y esto, señorías, es mucho suponer.

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