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La cara oculta de la regulación: cuando es el tabaco el que se asfixia

Todos los eslabones que participan en la cadena de valor del tabaco sufren las consecuencias de ser uno de los sectores más regulados del mercado. 

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España es el tercer productor de tabaco de la UE | Alamy/LD

Carlos Martín todavía recuerda nostálgico cuando su pueblo se empezó a llenar de tractores nuevos. Sus vecinos modernizaban el sistema de regadío de sus campos y dejaban de lado los utensilios de mano para comprar los últimos modelos de herramientas de cultivo. La suerte sonreía al norte de Cáceres, la tierra con una de las mejores condiciones de Europa para trabajar el cultivo de tabaco. Corría el año 1986, nuestro país entraba en la Comunidad Económica Europea (CEE), y a los agricultores cacereños se les auguraba un futuro prometedor.

"Al principio sólo cultivábamos tabaco Burley (negro), y entonces empezamos con el Virginia (rubio). Nos fue muy bien", relata el tercero de una generación de agricultores tabaqueros. A sus 53 años nunca ha ido a la playa en verano. "Voy en invierno porque en julio y agosto estamos en plena faena. Desde abril hasta noviembre, no paramos", cuenta resignado.

Primero empezó "la mala prensa" con el tabaco, después las leyes restrictivas. "Yo no crío fumadores, crío plantas de tabaco para sobrevivir", se defiende este agricultor extremeño. "Es una hipocresía que nos traten así cuando es el Gobierno el primero que no quiere perder los impuestos que le da el tabaco", señala indignado. Pero el golpe más duro vino cuando la UE decidió retirar las ayudas de la PAC ligadas a la producción. "Desde 2008 nos vienen quitando ayudas. Ahora, cobra igual uno que está en casa sin hacer nada que nosotros, que nos matamos a trabajar", asegura.

La recaudación fiscal a través de los impuestos que gravan a cigarrillos, tabaco de liar, pipa y cigarros sumó 9.110 millones de euros durante el pasado año, una cifra prácticamente idéntica a la de 2015. Entre los Impuestos Especiales y el IVA, el Estado se fuma el 80% del precio de la cajetilla, siendo el tabaco la quinta fuente de recaudación de impuestos para las arcas públicas y el producto más gravado del mercado.

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Los hijos de Martín no heredarán el negocio familiar. "El mayor ha montado una pastelería y el pequeño estudia y a la vez trabaja. Cada año desaparecen agricultores, es un drama", cuenta el afectado. Su mujer y él seguirán trabajando en su pequeña explotación familiar cercana al río Tiétar. "Iremos aguantando como podamos y contrataremos algún ayudante en épocas de necesidad. Como esto siga así, en 10 años aquí no queda nadie", añade.

Como un cigarrillo olvidado en el cenicero, así se van apagando las esperanzas del sector del cultivo tabaquero español del que dependen casi 20.000 personas. Con 8.750 hectáreas, Extremadura acapara el 97% del tabaco que se cultiva en España, situando a nuestro país en el tercer productor de hoja de tabaco de la Unión Europea.

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La lacra del contrabando

Fernando Romero también hace memoria. Todavía recuerda cuando el humo que exhalaban sus clientes impregnaba las cuatro paredes de su modesto estanco en el centro de Sevilla. Cuando vendía "pa' aburrir" sellos, letras, los formularios de la campaña de la renta… "Ahora le toco las palmas a quien me pida un sello", asegura con sorna. Él es el primer estanquero de su familia, aunque su hija ha continuado con la tradición. Relata orgulloso cuando consiguió la licencia para abrir un estanco con apenas 20 años. Ahora tiene 72 y ninguna intención de retirarse. "Mi vida está detrás de un mostrador y así le ahorro al Gobierno un dinerillo de mi pensión", afirma.

Romero todavía tiene humor para chistes a pesar de que hayan bajado "un 50%" sus ventas desde que el Gobierno de Zapatero asestase varias subidas de impuestos al tabaco en plena crisis, lo que disparó su precio. "Fue terrible. Antes de 2009 se podía vivir de esto, después en Sevilla la gente se pasó al tabaco de contrabando. Por la verja, en barco, en coche desde Andorra… Nos viene de todos los lados", explica.

El contrabando de tabaco ha pasado de ser un fenómeno prácticamente inexistente en España a una gran amenaza para la industria tabaquera. Los estanqueros son uno de los eslabones de la cadena que más lo sufren. La pérdida de poder adquisitivo de los fumadores debido a la crisis y las subidas sistemáticas de impuestos a cigarrillos y picadura de liar fueron las razones principales que hicieron aflorar esta práctica hace unos 5 años.

Hay diferentes modalidades de comercio ilícito de tabaco. La más tradicional es introducir el producto desde lugares fronterizos donde el tabaco tiene una ventaja fiscal respecto a la española o peninsular (como Gibraltar, Andorra o Las Islas Canarias) y, por tanto, es mucho más barato. La segunda es la más preocupante para las autoridades, ya que se trata de tabaco falsificado procedente, sobre todo, de China, sin ningún control sanitario.

En el kiosko que hay a pocos metros del estanco de Romero se vende tabaco de contrabando. "Encima el dueño me tiene amenazado por si llamo a la Policía, que ya le han hecho varias inspecciones. Él vende a 3 euros el tabaco de las marcas más conocidas, yo el tabaco más barato que puedo vender es a 3,90 euros, y no son esas marcas", cuenta el estanquero con rabia. "Todos sabemos que el tabaco es malo, pero es un producto legal, y yo lo comercializo con todas las garantías de calidad, porque algunos de esos paquetes que venden llevan hasta excrementos de rata. Tampoco se lo vendo a menores, como ellos, que no tienen escrúpulos ", añade.

"Aquí en Sevilla el problema es muy grave. Tengo compañeros que están asfixiados porque no llegan ni a pagar el alquiler del establecimiento. Y todo es culpa del contrabando, porque la gente no ha dejado de fumar, lo que ha hecho es dejar de comprarlo por lo legal", denuncia. "A todos los fumadores que se han pasado al tabaco de contrabando les diría que por cada 10 cajetillas que compran de forma ilegal le están quitando al Estado 400 euros de recaudación y se lo están dando a las mafias. Aquí estamos perdiendo todos, no sólo nosotros", asegura Romero. Al Gobierno actual le pide que modere las subidas de impuestos. "Como vuelvan a subir 50 céntimos de golpe una cajetilla, ya sí que no lo aguantamos", avisa.

Bien es cierto que las ventas de cigarrillos han pasado de los 4.504 millones de paquetes de tabaco comercializados en 2006 a los 2.323 millones justo una década después, tal y como desvelan las cifras del Comisionado de Tabaco a cierre de 2016. Los representantes del sector coinciden en que ese dato no significa que el número de fumadores haya descendido exactamente a la mitad en nuestro país, sino que la cifra está adulterada debido a que muchos clientes se han pasado a otros formatos de tabaco más barato, como la picadura de liar o el contrabando. Desde la consultora Ipsos calculan que el tabaco ilegal supone el 8,2% del mercado. En Andalucía esta situación aún es más preocupante, llegando a alcanzar el 27,2% en el primer semestre de 2016. España tiene unos 13.000 estancos repartidos por todo su territorio.

Cerco a la identidad de marca

A la cantidad de frentes abiertos que asfixian al sector, las compañías tabaqueras suman otro problema. En mayo del pasado año entró en vigor la última Directiva Europea que volvió a cargar, entre otros aspectos, contra el envasado del tabaco y elevó el nivel de las advertencias sanitarias que contienen los paquetes. A partir de entonces, los mensajes y las imágenes que informan sobre los efectos nocivos del tabaco pasaron de ocupar el 40% del envase al 65%, reduciéndose al mínimo el espacio para la marca.

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"Es la regulación que más impacto está teniendo en nuestro negocio, tanto a nivel económico como logístico. Esta nueva directiva está pendiente de transposición en España desde hace más de 2 años, lo que añade mucha inseguridad jurídica para la industria", asegura el Director de Asuntos Jurídicos y Corporativos de BAT para Iberia, Pedro Fernández.

Ante la falta de decisión por parte del Ejecutivo español influida por el parón político, a las compañías tabaqueras no les quedó otro remedio que empezar a cambiar los envases de sus productos el pasado año para cumplir con Europa. En la misma línea de la dueña de Lucky Strike va JTI, que tiene a Winston entre sus marcas de cabecera. "Hemos tenido que adaptar miles de referencias, por lo que le pedimos al Gobierno que, para salvaguardar la estabilidad de un sector sobrerregulado, adopte literal la legislación europea", claman fuentes de la compañía.

No sólo las grandes firmas tabaqueras piden que cese la tormenta regulatoria. La luxemburguesa Landewyck, propietaria de marcas como Elixyr, teme que se establezca finalmente el envasado genérico en el tabaco. La medida consiste en fabricar idénticos paquetes de cigarrillos con un pequeño espacio donde las compañías podrán poner el nombre de su marca, pero con la misma tipografía y color.

"La cajetilla genérica para los productos del tabaco es un último paso contra la libre competencia y supone la estandarización total de los envases, eliminando logotipos, colores y diseño de las marcas de los fabricantes. Es un ejemplo más de la hiperregulación a la que la Unión Europea somete al sector del tabaco, ya que impide su diferenciación, limitando la libertad y el derecho del consumidor a elegir su marca", señalan en la empresa.

En el año 2012, Australia impuso esta cajetilla de marca blanca a las compañías. Ahora, Reino Unido y Francia le siguen. "Este tipo de medidas son desproporcionadas. En el mercado del tabaco se ha regulado todo: el consumo, la promoción, la producción... Hemos llegado al límite, ya no se puede ir más allá", señala el portavoz de la Mesa del Tabaco, Juan Páramo.

"No se puede regular sin evidencias científicas, y no hay ninguna que demuestre que la cajetilla antimarca sea efectiva. De hecho, en Australia se consiguió el efecto contrario: tras la normativa, aumentó el consumo del tabaco entre los menores y el contrabando", asegura. Páramo pide "celeridad" al Gobierno en la transposición de la Directiva "para darle la estabilidad que necesita el sector". Más de 61.000 empleos dependen del tabaco en nuestro país.

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La cajetilla 'antimarca' australiana

Ante este cerco al humo, las tabaqueras se han visto obligadas a reinventarse. Primero fueron los vapeadores y ahora el tabaco sin combustión. A finales de 2016, Philip Morris, dueña de Marlboro, lanzó en España IQOS, un nuevo producto de "potencial riesgo reducido" que calienta el tabaco en vez de quemarlo. El resto de competidores también trabajan en productos similares.

"El reto más importante será que los reguladores y autoridades en los distintos países conozcan bien sus características antes de lanzarse a regularlos. En la industria tenemos muy claro que no todos estos nuevos productos son iguales y, en consecuencia, no han de ser tratados igual ni a efectos fiscales ni de consumo", ha asegurado la directora de Asuntos Corporativos y Legales de Altadis, Rocío Ingelmo.

Ser fumador en 2017

Dolores Martín no puede evitar esbozar una sonrisa cuando le preguntamos si las advertencias sanitarias le desincentivan a dejar de fumar. "El primer día se te pone mal cuerpo, pero luego ya te acostumbras, y es que ni las miras", asegura. Esta madrileña lleva más de 40 años compartiendo su vida con este mal hábito.

El panorama actual para el fumador nada tiene ver con el día en que ella dio su primera calada. "Fumaba todo el mundo en cualquier sitio. Entrabas a una casa de visita con el cigarro encendido, fumabas en el autobús, el médico te recibía fumando en su consulta…", narra. Pero lo cierto es que no echa de menos el tiempo pasado. "Es mucho mejor para la salud de todos no fumar en los sitios públicos", asegura. Puestos a añorar, se queda con el precio. "Antes, cuando ibas a fumar, le ofrecías un cigarro a todo tu corrillo de amigos, era cuestión de educación. Eso ya se acabó, que cada cigarro te vale casi 50 céntimos".

María Álvarez también rememora la misma época. "Era habitual que la gente te pidiera tabaco por la calle... Y les dabas. Ahora, hasta a un amigo te da apuro pedirle un cigarro. Ha subido mucho". Esta joven de 29 años cambió los cigarrillos por el tabaco de liar antes de que en plena crisis el Gobierno disparase los impuestos a la picadura. "Y todavía me sale mejor fumar de liar", asegura.

Eso sí, celebra la prohibición de no fumar en espacios públicos por la Ley Antitabaco. "Al principio me molestó, pero ahora estoy más concienciada con los que no fuman. Hasta en la calle intento no molestarles con el humo", asegura. Al Gobierno le diría que "deje de lucrarse con el tabaco subiendo los precios, que ya son excesivos".

Marcos Diego de Miguel va más allá. Califica de "hipócrita el robo a mano armada" de los precios del tabaco. "Dicen que es perjudicial, pero el Estado sigue cobrando y a nosotros nos fríe a impuestos", añade. La mayor ofensa regulatoria para este chico de 30 años es "prohibirte fumar en tu negocio privado". Recuerda que "antes de la ley (2010) había restaurantes en los que no se podía fumar y los consumidores teníamos la opción de ir o no. Es un ataque a la libertad de propietarios y clientes".

Aunque pueda parecer que las cifras se amontonan a la hora de hacer un análisis de cualquier actividad económica, detrás de los números hay nombres y apellidos. Desde al campo a los dedos del fumador que está a punto de encender otro cigarrillo, todos sus protagonistas sufren de alguna manera las consecuencias de ser uno de los sectores más regulados del mercado.

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