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La pesadilla de vivir en Venezuela: pobreza, hambre y violencia

El 80% de los venezolanos son pobres, un tercio come menos de tres veces al día y uno de cada cinco ha sido víctima de un delito en el último año.

El 80% de los venezolanos son pobres, un tercio come menos de tres veces al día y uno de cada cinco ha sido víctima de un delito en el último año.

A día de hoy, es conocida por todos la dramática situación que atraviesa Venezuela, pero es muy difícil plasmar esa realidad en estudios y datos fiables debido, entre otras cosas, a la grave inestabilidad del país y al apagón estadístico que ha aplicado el régimen de Venezuela. Por ello, para tratar de arrojar algo de luz sobre el día a día de los venezolanos, universidades como la Central de Venezuela, la católica Andrés Bello y la Simón Bolívar elaboran anualmente una Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi). Esta encuesta muestra la desesperación en la que los venezolanos viven sumidos, acosados por la pobreza, el hambre y el temor a ser asesinados.

La pobreza alcanza al 82% de la población

La pobreza continuó su aumento exponencial. En 2016, el 82% de los venezolanos eran pobres, es decir, sus ingresos no superaban el precio de la canasta básica de alimentos. Este indicador ha aumentado casi 10 puntos desde 2015 y ya es ampliamente superior a la tasa que recibió Chávez al acceder al Gobierno de Venezuela en 1999.

Y lo peor es que está creciendo la pobreza crónica. Es decir, no solo hay más pobres, sino que se hace cada vez más difícil salir de esa situación de necesidad. Esta realidad se plasma también en el incremento de los beneficiarios de las llamadas "misiones", programas sociales del Gobierno destinados a las personas menos favorecidas. Así, por ejemplo, las misiones de alimentación pasaron de prestar servicio a menos de 2 millones de personas en 2014 a cerca de 6,7 millones en 2016, algo más del triple.

De hecho, de entre los venezolanos que no recurren a estos programas, muy pocos son los que no lo hacen por no necesitarlos, cuyo porcentaje ha pasado del 51% en 2014 a un 21,5% en 2016, habiendo sido la mayoría excluidos de dichas ayudas.

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Un tercio come dos o menos veces al día

Una de las peores consecuencias de esta situación de pobreza extrema es elhambre. Los bajos ingresos y el extendido desabastecimiento que sufre el país por la política de precios máximos impuesta por el Gobierno han provocado que un tercio de los venezolanos no pueda ingerir tres comidas al día.

Asimismo, hay que tener en cuenta que no solo es el número de comidas lo que se ha deteriorado, sino la calidad de las mismas. Ante la necesidad, las familias venezolanas han disparado su consumo de tubérculos, más baratos, en prejuicio del resto de alimentos. Todo ello viene a explicar que un 73% de los venezolanos hayan perdido peso en 2016, unos 9 kilos de media. Huelga decir que la combinación de pobreza e inseguridad explica por qué el porcentaje de venezolanos que declara que nunca sale a comer fuera durante la semana haya subido 20 puntos, hasta el 80%

La tasa de homicidios, en máximos

Otro de los grandes problemas es la inseguridad. Venezuela es hoy uno de los países más peligrosos del mundo y, año tras año, se incrementa su tasa de homicidios. En 1997, su tasa de homicidios ya era muy alta, de 20 por cada 100.000 habitantes, pero esta cifra palidece ante los 91 muertos por cada 100.000 habitantes que se registraron en 2016, una cifra casi 5 veces mayor.

La encuesta muestra, además, el creciente sentimiento de indefensión de los venezolanos ante el crimen y el rechazo a la gestión del Gobierno en este asunto, ya que un 65% de la población piensa que es mala y un 57% califica la labor de la policía como mala o muy mala.

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Pero la inseguridad va más allá del homicidio. Un 21% de los venezolanos declara haber sido víctima de un delito en los últimos 12 meses, frente al 15% de 2015. Llega hasta tal punto la idea de que el Estado no puede hacer nada para arreglar la situación que un 68% de quienes sufrieron un delito reconocieron que no lo denunciaron. En definitiva, el miedo a ser víctima de un delito crece como la espuma frente a la nula capacidad del Gobierno para contener esta ola de crimen.

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