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Productividad, la eterna asignatura pendiente: cuatro gráficos y diez propuestas para darle la vuelta

La OCDE pide a España que liberalice los servicios, reduzca la burocracia y permita que las empresas eficientes recojan los frutos de su trabajo.

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Productividad, la eterna asignatura pendiente: cuatro gráficos y diez propuestas para darle la vuelta
Imagen de una máquina de fresado. | Pixabay/CC/blickpixel

La productividad es la clave. Para casi todo. Al menos para casi todo lo que tiene que ver con la economía. Los países ricos son los más productivos. Y los salarios y los beneficios están directamente relacionados con la capacidad de las empresas y los trabajadores de un país para hacer más cosas, de más calidad y a mejor precio que sus competidores. No es una palabra que guste mucho a políticos y periodistas. Tampoco aparece demasiado en el debate público. Pero es la que estará detrás del futuro, bueno o malo, de la economía española.

Nuestro principal problema, repiten los organismos internacionales que nos visitan y nos analizan, es nuestra baja productividad, que explica la mayor parte del resto de nuestros males. No es culpa de los empresarios. Ni de los trabajadores. Ni siquiera del Gobierno. Aunque todos tienen su parte. Por un lado, una legislación anticuada, que no permite a los mejores prosperar y que no ayuda a que cada uno llegue al lugar en el que es más útil (más productivo). Por otro lado, la sociedad española parece muy amante de los cambios, la flexibilidad o la competencia.

En ocasiones, parece más importante mantener el statu quo que impulsar novedades, aunque sean para bien. Hasta los refranes nos recuerdan que más vale malo conocido que bueno por conocer o que es mejor pájaro en mano que ciento volando. Y sí, se mira mejor al que lleve treinta años, aunque no haga muy bien las cosas, que al nuevo, aunque tenga buena pinta lo que hace. El que irrumpe es sospechoso. Pero para competir hay que ser productivos y eso implica hacer cada vez más y mejor, con menos. Porque si no lo eres, tu única arma será el precio (vamos, los salarios y los beneficios).

Cuidado, esto no quiere decir que la economía española no esté ante una muy buena oportunidad en la próxima década. Comparados con nuestros competidores tradicionales (Francia, Italia, Alemania, Reino Unido) tenemos una buena combinación de productividad y costes. Vamos, que aunque no seamos tan productivos como ellos sí estamos lo suficientemente por debajo en costes como para competir con ventaja. Pero esa ventana debería servir para impulsar un cambio en el modelo, que nos lleve a dejar de competir por precio y pasar a hacerlo por eficiencia.

Hace unos días, la OCDE publicaba su informe sobre la economía española para 2017. El organismo dedicaba un capítulo a la productividad. Allí mostraba las principales debilidades de nuestra economía y daba consejos para impulsar el crecimiento y la eficiencia. Los siguientes son, en su opinión, nuestros principales males y algunos de sus remedios.

"Existen evidencias cada vez más sólidas que indican que uno de los factores importantes que contribuyen a la baja productividad en España es la asignación deficiente de capital a empresas de baja productividad en todos los sectores". Éste es un problema que se repite en varias ocasiones a lo largo del documento. Dedicamos nuestros recursos a quien no se lo merece. Y no sólo referido a empresas que malgastan fondos en actividades para las que no son eficientes. También hablamos de trabajadores que acaban atrapados durante años en empleos en los que no aportan todo lo que podrían. Nuestro sistema productivo es muy rígido. ¿Y esto qué quiere decir? Que no somos capaces de potenciar a los que lo hacen bien y también de dejar caer a los que están malgastando recursos.

Si una empresa ineficiente sigue absorbiendo capital que debería ir a otra, se produce una pérdida neta para toda la economía. Y lo mismo pasa si un trabajador que podría ser más eficiente en otro puesto o en otra empresa se queda en su actual ocupación por una cuestión normativa: desde un convenio colectivo que no permite a su empresa cambiarle de destino o categoría profesional al propio miedo el empleado a perder los derechos acumulados de indemnización si cambia de trabajo.

La decisión individual es comprensible. El empresario o el trabajador que optan por no cambiar actúan siguiendo los incentivos que tienen ante sí. Pero la foto general es la de una economía que arrastra miles de ineficiencias, entre otras cosas porque la legislación empuja hacia ese resultado al mismo tiempo que desincentiva la asunción de riesgos. Así lo explican los autores del informe: "La productividad se ve frenada por las elevadas barreras existentes para crear y hacer crecer una empresa, la baja innovación empresarial y el elevado desajuste entre oferta y demanda de habilidades entre los trabajadores y los empleos". Es decir, pocas empresas, dificultades para crear nuevas, complicaciones para que las ya existentes cambien de modelo de negocio, y disparidad entre lo que los trabajadores pueden ofrecer y lo que las empresas demandan (y pocos incentivos para que unos y otros cierren el agujero que les separa)

Cuatro gráficos

Las siguientes cuatro imágenes son sólo la representación gráfica de algunos de estos problemas:

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Productividad por tamaño de empresa. OCDE

Como vemos en el primer gráfico, a igualdad de tamaño, las empresas españolas, sobre todo medianas y grandes, no son menos productivas que alemanas o francesas. Nuestro problema es que el tejido empresarial español tiene una proporción mucho más elevada de microempresas (de 1 a 9 empleados). Entre otras cosas, porque es muy caro y complicado crecer. Desde hace años, todos los organismos internacionales repiten el mismo consejo: no pongan trabas para que sus pequeñas empresas con capacidad de crecimiento sigan su evolución natural. Permitan que recojan los frutos de su éxito. Y potencien a esas medianas empresas (entre 50 y 250 empleados) que constituyen la columna vertebral de cualquier economía sana.

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Competencias básicas adultos PIACC. OCDE

El anterior gráfico pone sobre la mesa una realidad preocupante. Los trabajadores españoles están entre los peor formados en competencias básicas de los países ricos. Tanto en habilidades profesionales como en lo que podríamos denominar como competencias básicas (lo que mide el examen PIACC de la OCDE para adultos). Aquí hay dos problemas: en primer lugar, un sistema educativo muy alejado de la realidad de las empresas. Pero también influye un deficiente mercado laboral, poco flexible y con muchos trabajadores temporales. ¿Quién va a gastarse dinero en formar un empleado que o bien no es productivo en su puesto o bien se va a marchar en dos meses? ¿Y qué empleado va a tener interés en formarse si no le gusta lo que hace o sabe que está en esa empresa sólo por un período muy corto de tiempo?

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Productividad servicios profesionales. OCDE

Estamos por debajo de la media de la UE en productividad en casi todas las ramas de los denominados como servicios profesionales. Aquí, junto a los culpables referidos anteriormente, podemos señalar otra causa que también la OCDE destaca: las elevadas barreras de entrada que la ley establece, que reducen la competencia y encarecen los precios.

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Facilidad para hacer negocios. OCDE

El último gráfico vuelve sobre otro clásico: el coste de la burocracia y las complicaciones que enfrentan aquellos valientes que se lanzan a abrir una empresa, cerrarla y cambiarla por otra, modificar el propósito de una existente... España también aquí está en la parte baja de la clasificación.

Diez propuestas

Con todo esto sobre la mesa, la OCDE hace una serie de recomendaciones:

  1. Fomentar la diversificación de las fuentes de financiación de las empresas

  2. Reducir el número de agencias gubernamentales implicadas en la prestación de apoyo financiero a las empresas

  3. Reducir la fragmentación regulatoria aplicando la ley de unidad de mercado

  4. Incrementar los incentivos para que las pymes recurran a los procedimientos extrajudiciales previos a la insolvencia

  5. Para promover el crecimiento de empresas productivas de reciente creación es importante contar con una justicia civil eficiente y procedimientos concursales ágiles

  6. Reformar el sistema de licencias y permisos
  7. Reducir el número de profesiones en las que sea obligatorio pertenecer a un colegio profesional así como el coste de la cuota

  8. Reducir las barreras regulatorias que restringen la competencia. En España, los servicios profesionales están sujetos a unos requisitos de entrada más elevados que en la mayoría de los países de la OCDE. La apertura de estos servicios a la competencia incrementaría la productividad, reduciría los precios, mejoraría la calidad de los servicios y generaría más oportunidades de empleo. Las autoridades deben aprobar y aplicar la reforma de la liberalización de los servicios profesionales, prevista ya desde hace un tiempo

  9. Para impulsar la productividad de las empresas, será importante garantizar que la financiación se dirija a las proyectos más prometedores. Para mejorar la circulación del capital y que llegue a un conjunto más amplio de nuevas empresas innovadoras es necesario que los emprendedores tengan una mejor información sobre cómo acceder a la financiación

  10. El sistema español de bonificaciones fiscales a I+D es generoso en comparación con el contexto internacional, pero son pocas las empresas que utilizan el sistema, en parte debido a la complejidad de los requisitos administrativos. Para impulsar el acceso a las bonificaciones fiscales de I+D, deben simplificarse los procedimientos y anunciarlos de forma oportuna [España es uno de los países ricos en el que las empresas dedican menos fondos a la I+D en relación a su PIB]

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