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Miles de suecos se mudan a España y Portugal para huir del frío… y de los impuestos

Una clasificación especial permite cobrar un sueldo o una pensión sin pagar ninguna retención en el Impuesto sobre la Renta.

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Turistas en un restaurante de Ibiza | LD

El 7 por ciento de la población sueca reside en el extranjero y España se ha convertido en uno de los destinos predilectos de esta gran comunidad de emigrantes. Se estima que más de 90.000 ciudadanos del país escandinavo residen en nuestro país, pero el número no para de crecer, hasta el punto de que en las páginas de actualidad de los diarios suecos ya se está tratando este fenómeno.

Evidentemente, los ciudadanos suecos que se trasladan a nuestro país lo hacen por motivos muy dispares, pero hay dos argumentos aplicables a la mayoría de los casos: por un lado, la calidad de vida que ofrece nuestro país; por otro lado, los menores costes de nuestra economía. En cuanto al retrato robot de los emigrantes suecos que hoy residen en España, conviene señalar que muchos de ellos son jubilados que optan por pagar costes mediterráneos con pensiones escandinavas…

Pero a España le ha salido un duro competidor. Y es que nuestros vecinos portugueses llevan años trabajando para hacerse un hueco en este particular mercado. Todo empezó con la Administración del ex primer ministro Passos Coelho, que aprobó una nueva ley de residentes no habituales. Según la norma, esta figura está al alcance de aquellas personas que vivan 183 días al año en el país luso o que adquieran una vivienda en el país con intención de convertirla en residencia habitual.

Esta clasificación especial permite cobrar un sueldo o una pensión sin pagar ninguna retención en el Impuesto sobre la Renta. El privilegio tiene límite temporal, pero los plazos son más que generosos, ya que el fisco luso no aplica dicho tributo hasta diez años después de haber logrado el reconocimiento como "residente no habitual".

Contra pronóstico, el pacto 'a la portuguesa' que desalojó del poder a Passos Coelho no se ha traducido en la eliminación de este régimen fiscal diferenciado, de manera que el atractivo de Portugal entre los emigrantes suecos no ha parado de aumentar. De hecho, el número de ciudadanos suecos que se han acogido a esta norma se ha triplicado en los últimos años.

El gobierno sueco no ve con buenos ojos lo que está pasando, pero no lo tiene fácil para ponerle coto al éxodo. La ministra de Finanzas, Magdalena Andersson, se ha puesto en contacto con su homólogo luso, Mario Centeno, para trasladar el enfado de las autoridades suecas con las ventajas que disfrutan los residentes no habituales.

Según declaró Andersson en la televisión sueca, "no hablamos de gente que se muda a Portugal porque les gusta el fado o el vinho verde, sino de gente que lo hace para no pagar impuestos". La ministra fue más allá e invitó a los ciudadanos que estén considerando esta opción a "mirarse en el espejo y plantearse si realmente están por la labor de hacer algo así".

Mientras Suecia y Portugal discuten sobre el estatus de los residentes no habituales, España sigue beneficiándose de la llegada de un número creciente de ciudadanos suecos. El pasado año se cerraron más de 3.600 ventas de inmuebles protagonizadas por compradores suecos. Un boom silencioso que podría intensificarse con un cambio de normas fiscales orientado a facilitar la llegada de ciudadanos de otros países europeos, punto para el cual tendría especial atractivo la abolición del Impuesto de Sucesiones o la aplicación de tramos reducidos a los residentes no habituales.

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