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Surrealista cumbre sobre Grecia: el FMI vuelve a la mesa pero no pondrá ni un euro

La institución que dirige Christine Lagarde le echa un capote al gobierno de Syriza. 

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El FMI vuelve a las negociaciones con Atenas, pero no pondrá ni un euro | Cordon Press

Algo tienen las noches de verano, que parecen inspirar sobremanera al gobierno heleno que encabeza Alexis Tsipras. Al igual que ocurrió en 2015 y 2016, el Ejecutivo de Grecia ha vuelto a protagonizar una maratoniana y tardía reunión con sus acreedores que ha servido para lanzar la nueva fase del interminable "programa de rescate" en el que está enmarcada la República mediterránea.

Las negociaciones se han saldado con el regreso a la mesa del Fondo Monetario Internacional. Durante meses, se especuló con el papel que tendría la entidad que dirige Christine Lagarde. Por un lado, el FMI pone dinero encima de la mesa, lo que alivia los compromisos asumidos por los países miembros de la Eurozona. Por otro lado, el Fondo introduce una visión alternativa a la de los diecinueve gobiernos envueltos en las negociaciones, de modo que su presencia convierte las mesas de negociación en un combate a tres esquinas. Al gabinete heleno que preside Alexis Tsipras le conviene

8.500 millones más

El nuevo tramo de ayuda concedido a Grecia suma 8.500 millones de euros y será suficiente para que Grecia evite un nuevo verano negro como el que vivimos hace ahora dos ejercicios. Como cabeza visible del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem compareció ante los medios para confirmar que hay fumata blanca. Los medios especializados de Bruselas han destacado que la negociación estuvo marcada, una vez más, por las diferencias entre Alemania y Grecia. Y es que, mientras los teutones lideran el bloque de países que pide reformas al gobierno heleno, el gabinete Tsipras prefiere centrar la discusión en lograr nuevos recortes en los intereses de la deuda pública.

¿Quién ha triunfado en esta nueva disputa? El lenguaje tecnocrático de estas negociaciones complica las interpretaciones inmediatas, pero parece claro que estamos ante un café para todos. Y es que, aunque el regreso del FMI validó la discusión sobre posibles reducciones en los intereses de la deuda griega, el acuerdo final contempla que dicho ajuste se hará solamente en el caso de que se apliquen con éxito las reformas pactadas. Además, el acuerdo cerrado anoche cierra la puerta a cualquier recorte de intereses en 2017 o 2018, emplazando la discusión a 2019 y obligando al gobierno heleno a cumplir mientras tanto con lo pactado.

Las reacciones

Así lo ha reconocido el propio Fondo Monetario Internacional en un comunicado firmado por la propia Christine Lagarde. El FMI defiende en la nota que ha logrado introducir un enfoque "constructivo" en las negociaciones "a base de apostar por dos pilares de negociación: por un lado, la adopción de reformas; por otro lado, la reducción de los intereses de la deuda". En cualquier caso, el rol del FMI será simplemente técnico, ya que la institución con sede en Washington no desembolsará ni un solo euro en el nuevo tramo del "rescate". Una situación surrealista que ha generado malestar entre los socios más exigentes de la Eurozona.

También conocemos ya la reacción del polémico comisario de Economía, Pierre Moscovici, que envió un tuit en el que subrayó que, en virtud del acuerdo suscrito anoche, "Grecia empieza a ver la luz al final del largo túnel de la austeridad". Según el político galo, "las nuevas palabras clave serán empleo, crecimiento e inversión".

Curiosamente, el mensaje del eurócrata francés ha sido calcado al que ha emitido el ministro de Finanzas griego, Euclides Tsakalotos. Por el contrario, su homólogo alemán Wolfgang Schauble ha insistido en que el acuerdo para Grecia "debe ser ratificado por los parlamentos nacionales", de modo que será necesaria una votación en el Bundestag. El hombre fuerte del gobierno de Angela Merkel insistió en que "Grecia debe hacer reformas y ganar en competitividad para volver a financiarse por sí sola en los mercados".

Si no hay sobresaltos de última hora, el primer tramo de esta nueva fase del "rescate" se ejecutará a primeros de julio y supondrá 7.700 millones de euros. Esta cantidad será suficiente para afrontar el calendario de pagos que enfrenta el Tesoro griego y también servirá para cancelar algunos compromisos menores que Atenas no había cumplido, a la espera de la negociación de anoche. El resto de la ayuda (1.300 millones) se articulará a lo largo del verano.

En teoría, Grecia debe abandonar el tercer "programa de rescate" a mediados de 2018, cuando se cumplirán tres años de la entrada en vigor de un paquete de ayuda valorado en 86.000 millones de euros.

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