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La aportación fiscal de los ricos reduce en 2.000 euros la factura de IRPF de una renta media

Solo el 3,5% de los contribuyentes gana más de 60.000 euros, pero aportan 35 de cada 100 euros recaudados por IRPF. 

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Las rentas de más de 60.000 euros aportan significativamente al IRPF, a pesar de ser una minoría | EFE

Los anticapitalistas de todos los partidos lamentan a menudo la escasa contribución fiscal que hacen, en su opinión, los contribuyentes más acaudalados. Abundan, por tanto, mensajes dirigidos a disparar la presión fiscal que soportan los bolsillos más pudientes. Sin embargo, los datos del IRPF nos permiten desmentir esta visión simplista de la realidad. Y es que, guste o no, las estadísticas oficiales de la Agencia Tributaria muestran que los contribuyentes más ricos ya juegan un papel fundamental a la hora de aportar ingresos a la caja pública.

Como ya ha explicado Libre Mercado, las rentas bajas apenas pagan IRPF en nuestro país. Hay casi cinco millones y medio de declarantes que ganan menos de 6.000 euros. De este colectivo apenas se obtienen 3,5 millones de euros de recaudación, lo que supone un mísero 0,005% de los 67.045 millones que genera este tributo y equivale a un pago de 65 céntimos anuales…

Si subimos a los siguientes tramos de ingresos, nos topamos con una progresividad que va al alza, como revela el pago medio por nivel de renta. Para declaraciones de entre 6.000 y 12.000 euros, el IRPF supone 235 euros al año. Para rentas de 12.000 a 21.000 euros, la factura asciende a 1.418 euros por ejercicio. Entre los contribuyentes que ganan más de 21.000 y menos de 30.000 euros, el "mordisco" de Hacienda asciende anualmente a 3.608 euros. Y si tomamos como referencia a quienes ganan entre 30.000 y 60.000 euros, vemos que el IRPF acarrea 7.774 euros de pago cada ejercicio.

¿Y qué hay de los más acaudalados? En España hay apenas 687.904 personas que ganan más de 60.000 euros. Suponen el 3,53% del total de declarantes, una pequeña élite que, a su vez, esconde grandes diferencias. Y es que hay 605.835 contribuyentes que ganan más de 60.000 y menos de 150.000 euros, mientras que solo encontramos a 74.820 individuos con rentas comprendidas entre los 150.000 y los 601.000 euros. En la cúspide, la élite económica del país, es decir, los 7.249 españoles que declaran ganancias anuales de más de 601.000 euros.

Aunque los declarantes que se ubican por encima de los 60.000 euros son apenas el 3,5% del total registrado en el IRPF, su aportación fiscal es mucho más alta. Y es que de sus bolsillos sale el 35,7% de los ingresos totales derivados de este impuesto. ¿Qué pasaría si no contásemos con esos recursos, aparentemente insignificantes si atendemos a quienes afirman que las rentas más altas "no pagan impuestos"?

Veamos. En total, los ingresos fiscales que se obtienen de las rentas de más de 60.000 euros rondan los 24.000 millones de euros. Sin su contribución, el resto de contribuyentes se vería obligado a asumir un esfuerzo adicional para mantener los ingresos por IRPF en los niveles actuales (67.045 millones de euros). Para ese esfuerzo adicional no podríamos contar con las rentas inferiores a 12.000 euros, que apenas pagan IRPF (solo generan el 0,8% de la recaudación total).

Por tanto, sería preciso "descargar" esos 24.000 millones de euros que se obtienen de las rentas más altas sobre la espalda de los casi once millones de trabajadores que ganan entre 12.000 y 60.000 euros. El golpe se repartiría según la aportación de cada nivel de renta: el 16% (unos 3.840 millones) irían a quienes ganan de 12.000 a 21.000 euros; el 26% (unos 6.240 millones) los soportarían quienes declaran rentas de entre 21.000 y 30.000 euros; y el 58% (unos 13.920 millones) se volcarían en contribuyentes con ingresos de entre 30.000 y 60.000 euros. Pues bien, esto supondría una subida del IRPF equivalente a 820 euros para las rentas bajas (12.000 a 21.000 euros), mientras que acarrearía un golpe de 2.030 euros para quienes ganan entre 21.000 y 30.000 euros o un aumento fiscal de 4.365 euros para los contribuyentes que declaran ingresos de más de 30.000 y menos de 60.000 euros.

De modo que, aunque sea tildada como insignificante por los partidarios de disparar los impuestos a las rentas altas, la aportación fiscal de los españoles más pudientes es fundamental para el mantenimiento de nuestro esquema tributario. Una renta media pagaría 2.030 euros más si perdiésemos los ingresos de los más ricos, mientras que un trabajador con ingresos bajos perdería 820 euros más por IRPF y un declarante que gane entre 30.000 y 60.000 euros pagaría 4.365 euros más al fisco.

En Libre Mercado

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