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¿Por qué dimite José Manuel Vargas? El Gobierno vetó sus tres grandes planes para Aena

José Manuel Vargas deja su cargo como presidente de Aena por las constantes trabas y vetos políticos que le impuso el Gobierno.

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José Manuel Vargas deja su cargo como presidente de Aena por las constantes trabas y vetos políticos que le impuso el Gobierno.

José Manuel Vargas presentó el martes su dimisión como presidente y consejero delegado de Aena aludiendo a "motivos personales", pero la realidad de su renuncia responde a las trabas políticas que le impuso el PP durante su gestión. Vargas llegó a la presidencia del gestor aeroportuario en enero de 2012 procedente de Vocento con dos objetivos principales: reestructurar la compañía pública, cuya situación financiera era grave, y liderar su privatización parcial.

El directivo cumplió con éxito ambos cometidos, pero, a partir de ese momento, supo lo que significa dirigir una empresa mediante criterios políticos y no económicos. Los vetos a sus planes de mejora y expansión por parte del Gobierno es lo que explica su salida de la compañía. Desde hace tiempo, Vargas tenía clara la necesidad de abrirse a otros mercados para impulsar el crecimiento de Aena, así como reducir la mayoría que todavía ostenta el Estado en el accionariado del grupo (51%) para completar su privatización, pero se encontró con el firme rechazo del PP.

En concreto, tres fueron los "no" políticos que propiciaron su dimisión. En primer lugar, Vargas intentó que Fomento redujera su participación en la empresa por debajo del 50%, pero el Gobierno limitó la venta de Aena al 49% para mantener el control del gestor aeroportuario. Durante la segunda legislatura, intentó dar el salto al exterior para impulsar la expansión de Aena, intentando entrar en los aeropuertos de Brasil, por ejemplo, pero tampoco obtuvo el apoyo de Moncloa.

La última negativa llegó recientemente, cuando ante la opa de la italiana Atlantia sobre Abertis vio una oportunidad para entrar en otros negocios mediante una contraoferta, al tiempo que la participación mayoritaria del Estado en Aena quedaría diluida con la operación. Tampoco hubo posibilidad. El consejo de administración de Aena sopesó una contraopa por Abertis, pero el Estado, a través de ENAIRE, la rechazó. La operación sí contaba con el visto bueno del fondo The Children Investment (TCI), segundo accionista del grupo aeroportuario.

Así pues, Moncloa vetó sus tres grandes proyectos. La frustración de Vargas y sus escasos incentivos para seguir en el cargo –su sueldo apenas ronda los 166.000 euros al año, muy alejado de los directivos del Ibex– terminaron por desembocar en su dimisión. La decisión ya estaba tomada desde el pasado mes de junio, de modo que la huelga de los controladores de El Prat o la amenaza de huelga de los trabajadores de Aena nada han tenido que ver su en su retirada. Los motivos de su renuncia vienen de lejos y son de carácter estructural, no coyuntural.

El artífice de la transformación de Aena

José Manuel Vargas dejará su cargo como presidente de Aena el próximo 15 de octubre. Su sustituto lo tendrá que decidir el Ministerio de Fomento. A cuatro meses de cumplirse los seis años al frente de Aena, el artífice de su debut en Bolsa dejará la compañía, tras un proceso de profunda transformación.

Procedente de Vocento, donde también lideró un duro proceso de reestructuración, cuando llegó a Aena la situación financiera de la compañía era "insostenible", según la propia empresa, con una deuda superior a los 14.000 millones de euros, un Ebitda de 890 millones y una generación de caja negativa de -500 millones de euros.

Cuando Vargas asumió la presidencia de Aena, la empresa gestionaba tanto el control aéreo como la red de aeropuertos. En 2014, se aprobó la segregación de Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea, en dos sociedades Aena Aeropuertos y ENAIRE, el gestor del control aéreo y matriz de la cotizada, controlada por el Estado (51%).

Vargas lideró la puesta en marcha de un plan de viabilidad,con el claro objetivo de dar entrada al capital privado, una vez saneada la compañía, que pasaba por cinco ejes -reducción de gastos, incremento de ingresos comerciales, racionalización de inversiones, nuevo marco tarifario y desarrollo internacional-. En un principio, el Gobierno barajó que fuera del 61%, pero finalmente se aprobó una privatización del 49% y una salida a Bolsa, tras un largo debate político e institucional.

Cinco años después, Aena cotiza en el Ibex 35 con éxito, de hecho fue una de las mayores salidas a Bolsa de Europa desde el año 2011 y en España desde 2007. Vargas protagonizó el tradicional toque de campana el 11 de febrero de 2015 y cuatro meses después, en junio de ese mismo año entró a formar parte del selectivo. Salió al mercado a un precio de 58 euros la acción y su cotización desde entonces se ha revalorizado más de un 180%.

Los resultados financieros de Aena han demostrado que la gestión de la compañía y el plan de viabilidad han dado sus frutos. En 2013, la compañía abandonaba los 'números rojos' y en 2016 cerraba el ejercicio con un beneficio de 1.164 millones de euros (casi un 40% más) y un flujo de caja de 1.834 millones de euros.

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