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El reagrupamiento familiar atenúa el impacto de la crisis entre las rentas más bajas

El consumo cae más entre las familias pudientes que entre las menos favorecidas, propiciando así una reducción de la desigualdad en esta materia.

El consumo cae más entre las familias pudientes que entre las menos favorecidas, propiciando así una reducción de la desigualdad en esta materia.

Una cosa es la desigualdad de ingresos, que mide la distancia entre rentas altas y bajas (índice de Gini), y otra la desigualdad en consumo, que analiza el diferente nivel de gasto entre hogares más o menos favorecidos (ratio de Palma). No en vano, un persona puede tener un sueldo elevado y, sin embargo, disfrutar de una vida austera, gastando poco dinero y conformándose con un nivel de vida inferior al que podría permitirse, o bien disponer de unos ingresos más moderados y no privarse de ciertos lujos o excesos.

En España se ha producido un fenómeno curioso durante la crisis. Así, si bien la desigualdad de rentas baja desde 2014, ha aumentado de forma sustancial desde el estallido de la burbuja como consecuencia del aumento del paro -el desempleo explica el 80% del crecimiento de la desigualdad-. Sin embargo, ha sucedido lo contrario en materia de consumo, tal y como explica un informe publicado el viernes por BBVA Research.

En concreto, la renta de las familias más favorecidas (10% de los hogares con mayor consumo medio) cayó un 6,5% desde 2007, mientras que la de las menos favorecidas (40% de los hogares con menor consumo medio) descendió un 12,2%. En principio, esto tendría que haber impulsado una mayor desigualdad en el consumo, ya que, a priori, la caída de ingresos se traduce en una menor capacidad de gasto.

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Pero no fue así. Las familias más favorecidas redujeron su consumo total un 17,2% entre 2007 y 2015, mientras que sólo cayó un 7,6% entre las menos favorecidas. De este modo, el ratio de Palma, que mide la desigualdad en términos de consumo, bajó un 9,7% durante la crisis.

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Los factores que explican este descenso son la reunificación familiar, la mejora relativa de los niveles educativos en los hogares menos favorecidos y el incremento en la proporción de familias lideradas por mujeres en hogares con mayores ingresos.

Por un lado, la pérdida del empleo y la reducción de los ingresos durante la crisis habría obligado a una parte de la población a tener que compartir nuevamente vivienda. Los hogares menos favorecidos habrían utilizado más esta vía para paliar los efectos de la crisis, de modo que, al compartir gastos, habrían podido paliar el descenso de ingresos, propiciando con ello una menor desigualdad en el consumo familiar.

Asimismo, también ha aumentado el número de hogares desfavorecidos donde el cabeza de familia tiene, al menos, estudios secundarios. Este mayor grado de formación podría haber impulsado la utilización de instrumentos financieros para suavizar el impacto de la crisis en el gasto. Además, la literatura económica demuestra que los hogares con mayor nivel formativo tienden a invertir más en salud y educación, a cambio de reducir los gastos duraderos -ropa, muebles, electrodomésticos, vehículos o electrónica-.

Por último, aumenta la presencia de mujeres como cabeza de familia en los hogares más favorecidos, lo cual habría ayudado, igualmente, a disminuir la desigualdad en el consumo entre hogares. En general, los hogares liderados por mujeres tienden a distribuir el gasto hacia bienes o actividades que promueven en mayor medida el bienestar familiar. Esto se traduciría en un menor consumo en bienes durables y en un mayor ahorro o gasto en bienes de primera necesidad, como educación, salud, etc.

En resumen, los hogares menos favorecidos habrían paliado la caída de ingresos compartiendo gastos mediante el reagrupamiento familiar y un mayor nivel de formación entre los sustentadores del hogar. Las familias con más renta, por el contrario, habrían reducido más su consumo, en parte porque disfrutaban más de gastos no esenciales y en parte por una mayor presencia de mujeres como cabeza de familia, menos propensas al dispendio.

Pese a todo, BBVA Research señala que parte de este fenómeno ya habría comenzado a revertir debido a la recuperación económica, puesto que la reunificación familiar -el principal factor explicativo de la caída de la desigualdad en consumo- fue provocada por una necesidad de las familias más desfavorecidas para hacer frente a una situación de crisis.

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