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Tapones, antifaz y zapatillas: los negocios de siesta por minutos llegan a Madrid

En el tiempo de descanso de los trabajadores con jornada partida es cuando más clientela registra el local María Estrella Jorro.

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Tapones, antifaz y zapatillas: los negocios de siesta por minutos llegan a Madrid
Un hotel en Madrid para dormir la siesta

Cuando María Estrella Jorro viajó a Japón el año pasado, y se encontró con que muchos negocios le ofrecían a sus clientes la posibilidad de echar una cabezadita a un módico precio el minuto, no se podía creer que en España no hubiera nada similar. "Es increíble que en el país de la siesta no estuviéramos ofreciendo nada parecido", cuenta esta emprendedora en una entrevista con Libre Mercado.

Jorro es la fundadora de Siesta & Go, un establecimiento pionero en nuestro país en el mundo de los siestódromos. Situado en la zona de Azca, uno de los núcleos financieros más influyentes de Madrid, este local permite a los clientes que lo deseen dormir una siesta en cualquiera de sus habitaciones individuales o literas.

Unos tapones, un antifaz y unas zapatillas "para que no hagan ruido al caminar" es lo primero que les ofrece la dueña a sus cansados visitantes cuando llegan al mostrador. Después, les acompañará hasta sus camas donde reina un sepulcral silencio. Si escogen una de las 7 habitaciones individuales disponibles, "las que más demanda tienen", el coste será de 7 euros por media hora de sueño. Para evitar otros propósitos, sólo se permite la entrada a una persona por habitación. Las sábanas se cambian con cada cliente.

El local también cuenta con 6 literas, cuyas camas bajas tienen un precio de 5 euros y las altas, de 4. Unos cascos anuladores del ruido, aíslan a los clientes del paso de sus vecinos y… sus maletas. Y es que la gran sorpresa que se ha llevado María Estrella Jorro en los 5 meses de vida de su negocio es la buena aceptación que ha registrado entre los turistas.

La "mala imagen" de la siesta

A pesar de haber elegido un enclave dirigido a los trabajadores de las oficinas de alrededor y a sus interminables jornadas de trabajo, el perfil del viajero ya copa cerca del 40% de su clientela. "Del aeropuerto a Nuevos Ministerios está muy bien comunicado, y muchos turistas llegan de madrugada deseando descansar o para hacer un parón mientras siguen visitando la ciudad. Empezamos abriendo sólo hasta las 7 de la tarde, y ahora lo hemos ampliado 24 horas", explica. En este pintoresco espacio, donde los tacones, las corbatas y los portátiles se mezclan con los trolleys y las mochilas, María tiene otros dos empleados a su cargo.

El negocio de Jorro cada vez está siendo más conocido entre los empleados de la zona, aunque asegura que al concepto todavía le pesa "la mala imagen" que rodea a la siesta. "En ciudades como Nueva York, París o Londres este tipo de servicios son muy comunes, pero es llamativo que en España pueda estar mal visto echarse la siesta en la hora de la comida del trabajo. Da una imagen de vago, cuando es todo lo contrario: sirve para que el trabajador aumente su productividad y recargue energía para continuar el día. Aquí hay gente que viene agotada, y no hay más que verles que se despiertan con otra cara", asegura.

Es precisamente en el tiempo de descanso de la comida de los trabajadores con jornada partida cuando más clientela registra María. Y ya son varias las empresas de los alrededores las que empiezan a concienciarse de los beneficios del sueño para sus empleados. Por ejemplo, Universal Pictures está probando durante un mes el servicio de esta compañía con su plantilla, y El Corte Inglés y Deloitte también están cerca de firmar un acuerdo. "Y no todos los clientes vienen a dormir. Muchos solo quieren tumbarse, leer o cambiarse de ropa", cuenta Jorro, cuyo local también dispone de varias mesas para trabajar con el ordenador.

A pesar de los pocos meses que han pasado desde que pusiera en marcha su negocio, Jorro ya puede decir que ha empezado a ganar "un poquito" de dinero. Las ganas de "independizarme profesionalmente después de muchos años trabajando por cuenta ajena como diseñadora", le impulsaron a solicitar el pago único de la prestación por desempleo y "con otro poco de ayuda familiar", llevarlo a cabo. Orgullosa de que su primera clienta "siga viniendo todavía" y de que el segundo cliente que tuvo "venga todos los días, e incluso, varias veces", se marcha a despertar a otro cliente.

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