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La economía de Cataluña puede descarrilar si se mantiene la desconfianza

La desconfianza e incertidumbre que ha generado la crisis catalana puede afectar de forma negativa al consumo y la actividad industrial.

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El centro de Barcelona | Europa Press

Tras el agravamiento de la crisis política en Cataluña ha surgido la pregunta sobre qué impacto puede tener la incertidumbre creada en su economía, y, por extensión, en la española.

Como puede observarse en el siguiente gráfico, el crecimiento actual de la economía catalana se sustenta principalmente en el consumo de las familias. En concreto, dos terceras partes del crecimiento de su PIB proviene de la demanda de los hogares, porcentaje superior al de su peso en la economía, que rebasa ligeramente el 50%. La aportación del gasto público, la inversión emprsarial y la demanda exterior -que incluye el conjunto de las compras y ventas con el resto de España y del mundo- es sensiblemente inferior.

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La importancia del consumo deriva del círculo virtuoso por el cual una mayor confianza de los hogares se traduce en más gasto, lo cual tira del empleo y éste, a su vez, vuelve a reforzar la confianza del consumidor… Y así sucesivamente.

Sin embargo, existe el riesgo de que este particular círculo se convierta en pernicioso en caso de que el actual clima de tensión e incertidumbre política quiebre el optimismo de las familias catalanas, de modo que descienda su consumo y aumente el ahorro. Además, si la confianza del empresario también se deteriora, también podrían reducirse la contratación de empleo, agudizando de esa forma la potencial desaceleración económica de la región.

Este proceso en sí no tiene porqué ser negativo, ya que el aumento del ahorro puede hacer más sostenible el crecimiento a medio y largo plazo, pero existe el peligro de que el frenazo sea tan fuerte que, finalmente, haga caer a Cataluña en el estancamiento e incluso en la recesión.

Este patrón de crecimiento basado en el consumo, tanto en Cataluña como en el resto de España, es excepcional en el entorno europeo, ya que la contribución del gasto familiar es superior únicamente en Polonia, Chequia y Bulgaria.

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Desde el punto de vista de la oferta, el sector servicios explica más de un 60% del actual crecimiento catalán. Muy por debajo de los servicios, el peso de la industria y de la construcción es inferior al 30% y 10%, respectivamente, mientras que el del sector primario marginal.

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A su vez, las ramas de actividad de los servicios como el comercio o la hostelería explican un 40% del crecimiento actual. Estas actividades están más vinculadas, y, por tanto, podrían verse más afectadas en un escenario de menor gasto de las familias.

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Pero los riesgos no podrían materializarse tan sólo en el gasto de los hogares. La economía catalana está integrada con la del resto de España y con la de otros países. Sobre el total de la oferta de bienes y servicios, una quinta parte tiene como origen el conjunto de las compras al resto de España y del mundo, siendo superiores las segundas.

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La proporción de la demanda del exterior es también elevada. Hasta un 40% de la demanda final -excluyendo consumos intermedios, que no forman parte de la contabilización del PIB- se explica por las ventas al exterior. En este caso, las ventas al resto de España son ligeramente superiores a la del resto del mundo.

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En el supuesto de que la incertidumbre afectara a los intercambios de las empresas catalanas con el exterior, su impacto en el proceso productivo podría llegar a ser notable. En una economía tan integrada como la catalana, el potencial efecto de los flujos comerciales también debería considerarse.

Si se analiza el detalle por actividad, se observa cómo el peso del exterior en la industria del automóvil, la química o el tabaco es muy relevante, superando en algún caso el 50% del total. Son industrias con una cadena de valor intensiva en bienes importados y/o con una elevada exposición del cliente exterior.

En definitiva, existen diversos riesgos sobre el crecimiento de la economía. Algunos podrían concretarse en la evolución de su demanda interna, como la inversión empresarial o del consumo vía deterioro de la confianza, y otros en la aportación al PIB de sus intercambios con el resto de España y del mundo.

Como se puede observar en el siguiente gráfico, la demanda interna contribuye con poco más de 2 puntos al total del crecimiento del PIB del 3% en 2017, mientras que el restante punto lo aporta la demanda neta del resto de mundo, compensado en parte por una aportación negativa del resto de España, lo que significa que el crecimiento de las ventas de bienes y servicios al resto de comunidades autónomas es, en la actualidad, menor que el de las compras.

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Aún es pronto para realizar una estimación de la crisis en Cataluña, Por el momento, los últimos datos de empleo no indican un impacto grave, si bien se está frenando algo su crecimiento, aunque podría empeorar en caso de que la desconfianza sobre Cataluña se instale entre consumidores, empresarios e inversores. Además, la economía tiene un componente importante de inercia, por lo que los riesgos actuales pueden tardar algún tiempo en materializarse.

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