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Reino Unido mantiene congelado el gasto público desde 2010

El peso del sector público ha bajado del 43% al 37% del PIB gracias a la expansión del sector privado.

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Reino Unido reduce el peso del sector público | Pixabay/CC/itmlux

El Instituto Macdonald-Laurier es uno de los think tanks más influyentes de Canadá. Con sede en Ottawa, sus trabajos han tenido especial relevancia a la hora de liderar el cambio político del país norteamericano, que poco a poco ha abandonado el paradigma socialdemócrata y se ha convertido en una de las economías más liberales del mundo.

Pero la institución canadiense sabe que la llegada al poder del joven y carismático Justin Trudeau supone una amenaza al modelo de laissez faire que ha adoptado Canadá desde los años 90. Por este motivo, el think tank ha renovado su compromiso con el debate público y ha coordinado una serie de trabajos que aspira a poner en valor la efectividad que han demostrado las políticas de austeridad allí donde se han implementado de forma adecuada.

Uno de los capítulos más significativos del volumen es el que firma el analista británico Daniel Mahoney. El investigador, vinculado a un templo del thatcherismo como es el Centre for Policy Studies, estudia la evolución del Reino Unido en los últimos años, con la mirada puesta en las soluciones que tomó el Partido Conservados para lidiar con la crisis y el agujero fiscal que heredó del Partido Laborista.

Arreglar el desaguisado laborista

Cuando David Cameron llega al poder y Gordon Brown cae derrotado en las elecciones, el déficit estructural del sector público llegaba al 10,1% del PIB. De hecho, las islas se colocaban a la cabeza en el ranking de déficit estructural, por encima de cualquier otra economía desarrollada. Entre 1998 y 2008, bajo gobierno del Partido Laborista, el peso del gasto público había crecido del 37,2% al 44,5% del PIB. En 2010, el peso del Estado ya llegaba al 47,7% del PIB, tras dos años de estímulos keynesianos que no hicieron más que deteriorar la posición del Tesoro británico.

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El sector financiero tenía un peso muy significativo en la economía británica. En 2007, el 14% de los ingresos fiscales provenía del mundo de la banca y la inversión. Así, un shock exógeno como la Gran Recesión acabó contagiando por completo a la City y golpeando finalmente al conjunto de la economía británica.

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Ajustando el gasto

El ajuste del gasto ha sido un elemento central a la hora de cuadrar las cuentas. En 2010, la reducción presupuestaria supuso el 59% del vuelco fiscal. Un año después, el 53% de la consolidación llegó por esta vía. En 2012, el primer ministro David Cameron intensificó la austeridad pública y realizó el 62% del ajuste vía reducción del gasto. Dicho porcentaje subió al 67% en 2013, para dar un nuevo salto en 2014 y 2015, hasta llegar al 73% y al 76%, respectivamente. Los planes para 2016-2020 apuntan que el 90% del ajuste pendiente para llegar a un superávit se hará por la vía del recorte del gasto.

En términos nominales, los presupuestos cayeron de 750.000 a 740.000 millones entre 2011 y 2013, para mantenerse estables entre los 74.2000 y los 743.000 millones en los años 2014, 2015, 2016 y 2017. De modo que el gasto total se ha congelado y, como consecuencia, el sector público ha visto reducido su peso del 43% al 37% del PIB, gracias a la expansión del sector privado.

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Una parte importante del tajo ha llegado con la consolidación del empleo público: en 2010 había 6,4 millones de funcionarios y trabajadores a sueldo del Tesoro, pero seis años después esta cifra había caído en un millón de personas, hasta anotar 5,4 millones de asalariados.

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Los ajustes podrían haber sido más significativos de no ser por el compromiso de los tories de no aprobar recortes en áreas como la sanidad, la educación o las pensiones. Donde sí se ha metido la tijera es en los subsidios y transferencias sociales: bajan 16.700 millones de libras al año, a raíz del endurecimiento de los requisitos de cobro y de la imposición de un tope a las ayudas que puede percibir cada familia.

El principal cambio en el terreno fiscal fue la revisión del mínimo exento en el IRPF, que era de 6.500 libras en 2010 pero habrá subido hasta 12.500 libras en 2020. También se ha introducido una política de congelación del impuesto especial a los hidrocarburos, así como una reforma del Impuesto de Sociedades que ha pasado del 28% al 19%, con previsión de llegar al 17% en 2020. Sin embargo, también se han dado algunas revisiones al alza en otros tributos: el IVA aumentó un 2,5% y el Impuesto sobre Bienes Inmuebles ha sido elevado en varias ocasiones.

Buenos resultados

En plena aplicación de estas medidas, el empleo privado ha subido en 3,5 millones de personas, dejando al Reino Unido en niveles de paro inferiores al 5%. El PIB también se ha comportado favorablemente, a pesar de la incertidumbre generada por el Brexit. Los salarios bajaron alrededor de un 8% entre 2010 y 2014, pero ya se ha recuperado la caída gracias al buen comportamiento de los sueldos en 2015 y 2016. El Coeficiente Gini, que mide la desigualdad, no se ha visto afectado por la aplicación de estas políticas: registraba 33,7 puntos en 2010 y alcanzó 32,6 puntos en 2015, último año con cifras cerradas.

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