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Varufakis admite que los liberales aciertan en su análisis de la crisis tras el corralito de Grecia

Cita a Margaret Thatcher en su nuevo libro y carga contra los "rescates" con dinero público. 

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Varufakis admite que los liberales tenían razón | EFE

Ya hemos hablado en una anterior entrega de Comportarse como adultos (Ediciones Deusto), el libro de memorias en el que Yanis Varufakis recoge las vivencias más relevantes de su periplo como ministro de Finanzas griego. El resultado son unas memorias tan cínicas como interesantes, repletas de conversaciones confidenciales que el autor no ha dudado en sacar a la luz.

Durante todo el libro, llama la atención la ingenuidad con la que Varufakis dijo moverse en los despachos. Una y otra vez, se presenta como un pobre hombre que solo buscaba una solución para su país. Lo que no hace el ex ministro es evaluar las consecuencias de sus acciones, que aceleraron el hundimiento de la economía griega, hasta llegar al corralito, la quiebra técnica y el tercer "rescate".

Pero, aunque sea de forma más implícita que explícita, Varufakis termina admitiendo en el libro que el problema de la crisis siempre tuvo su origen en un paradigma monetario marcado por la fragilidad y el excesivo endeudamiento que promueve el papel moneda, así como por la arbitrariedad de un sistema bancario que, en la práctica, es más político que financiero a la hora de tomar decisiones de calado.

El político y profesor heleno hace el siguiente análisis del estallido de la crisis del euro:

"Los tres principales bancos tenían prestados 627.000 millones de euros a los gobiernos de Italia, España y Portugal. Si los griegos no cumplían con sus pagos, los inversores entrarían en pánico y los gobiernos de estos tres países lo habrían tenido muy difícil para cumplir con sus obligaciones crediticias. En ese caso, el gobierno francés habría tenido que tapar el agujero. No es difícil imaginarse el pánico del presidente Nicolas Sarkozy y de su ministra Christine Lagarde: la quiebra de Grecia obligaba a pedir un préstamo enorme, equivalente a seis veces los ingresos fiscales anuales, y todo para transferir el dinero a tres bancos idiotas"

"¿Y en Alemania? El dinero prestado por sus bancos a Italia, Irlanda, Portugal, España y Grecia requería un cheque de entre 340.000 y 406.000 millones de euros, pero pedir algo así en el Bundestag era un suicidio político. Entre Sarkozy y Merkel se arriesgaban a perder un billón de euros si no conseguían que el gobierno griego ocultara la verdad y no confesara su bancarrota. Además, debían encontrar una fórmula para rescatar a los bancos sin acudir al Parlamento. Y, como una vez dijo Jean Claude Juncker, entonces primer ministro de Luxemburgo y más tarde presidente de la Comisión Europea, "cuando las cosas se ponen serias, hay que mentir". Y la mentira fue presentar un rescate a los bancos como un gesto de solidaridad europea"

Precisamente porque los programas de deuda suponían echar deuda sobre deuda, las principales voces del pensamiento liberal insistieron desde un primer momento en la importancia de apostar por la receta opuesta. De hecho, aunque Bruselas abrazó con fe ciega la doctrina de los "rescates" con dinero público, la cruda realidad es que el estrés político, económico y financiero generado por dichos programas acabó empujando a las élites comunitarias a aceptar la superioridad de los "rescates" privados. Por eso fue calando la idea del bail-in como receta contra futuras crisis, ya que dicha solución consiste en convertir deuda en capital, como ocurriría en cualquier proceso de quiebra y reestructuración empresarial.

Los cínicos guiños liberales de Varufakis

Con el cinismo que le caracteriza, Varufakis no duda en citar a Margaret Thatcher para criticar el "rescate" griego:

"A Margaret Thatcher le gustaba decir que los socialistas siempre dejan la economía hecha un desastre porque, tarde o temprano, se acaban gastando todo el dinero de los demás. ¿Cómo se sentiría la Dama de Hierro si descubriera que su sentencia describe a la perfección el comportamiento de sus autoproclamados discípulos, los burócratas neoliberales que gestionaban la quiebra de Grecia? ¿Acaso el dinero del "rescate" griego sirvió para otra cosa que no fuera socializar las pérdidas de la banca con dinero de todos?"

De hecho, en su intento por congraciarse con el pensamiento liberal, el ex ministro deja la siguiente reflexión:

"Hay una cosa que los auténticos libertarios, los banqueros de Wall Street y los pensadores de derechas valoran de mi mentalidad de izquierdas. Es algo que, por el contrario, los integrantes del establishment europeo aborrecen con fuerza. A lo que me refiero a mi total oposición a los préstamos insostenibles, que sólo pretenden guardar las apariencias y que abordan un problema de quiebra financiera como si fuera de liquidez. Y es que los auténticos partidarios del libre mercado son alérgicos a la benevolencia financiada por los contribuyentes. Rechazan mis opiniones sobre la redistribución de la riqueza o la conveniencia de mantener el gasto público en tiempos de recesión, pero están de acuerdo conmigo en que perpetuar hasta el infinito una quiebra mediante préstamos pagados por los contribuyentes es una forma horrible de malgastar recursos, además de un camino rápido hacia la miseria generalizada. Por encima de cualquier cosa, entienden muy bien el mecanismo de la deuda y por eso coincidimos al 100% cuando detectamos la falacia misantrópica que se escondía detrás del programa de "rescate" que se impuso a Grecia"

Sin embargo, a la hora de la verdad, Varufakis nunca planteó medidas liberales, sino que insistió una y otra vez en ajustar el programa de "rescate", con el objetivo de obtener más financiación a cambio de menos reformas. Sin duda, Varufakis eligió la peor opción posible y, de la mano con Tsipras, terminó costándole a su país 100.000 millones de euros (sacados, además, del bolsillo de los contribuyentes del resto de Europa).

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