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Merkel cede ante Schulz y pacta un programa pusilánime que sube impuestos y cotizaciones

Decepcionante acuerdo de gobierno entre conservadores y socialdemócratas. 

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Críticas al pacto CDU-SPD, que reedita la Gran Coalición

Desde que llegó al poder hace más de una década, la canciller alemana Ángela Merkel ha volcado sus esfuerzos en materia fiscal hacia la consecución de un superávit presupuestario que, de forma progresiva, se ha ido consiguiendo en estructural. De cara a su cuarta legislatura, la lideresa había anunciado su voluntad de bajar los impuestos y empezar a devolver a los contribuyentes el esfuerzo asumido en los últimos años. Sin embargo, la negociación para formar gobierno entre la CDU de Merkel y los socialdemócratas del SPD ha terminado descarrilando estos planes.

La oposición ya ha alzado la voz ante el pacto que han sellado los conservadores con la izquierda. Christian Lindner, jefe de los liberales del FDP, ha declarado que "el acuerdo entre CDU y SPD apenas incluye rebajas impositivas de calado. Esto es un error por varios motivos. Los contribuyentes merecen una reducción de su carga tributaria ahora que el presupuesto está en superávit. Además, Estados Unidos viene de aprobar una rebaja fiscal histórica y otros países europeos han tomado medidas similares, de modo que Alemania se está quedando atrás en las dinámicas de competencia tributaria internacional".

Algo similar es lo que ha declarado Clemens Fuest, el presidente del Instituto IFO. El mandamás del centro de análisis por excelencia del país germano ha criticado que "el acuerdo entre CDU y SPD se centra casi exclusivamente en aumentar el gasto social, mientras que prácticamente no hay medidas de alivio fiscal, dejando a la clase media como estaba".

Impuestos al ahorro y cotizaciones sociales

Lo que más preocupa es la letra pequeña del capítulo dedicado a los rendimientos del capital. Si se cumple lo que CDU y SPD han pactado, las rentas del ahorro pasarían de ser gravadas con un tipo reducido, como ocurre en buena parte del mundo, a quedar sujetas con el tipo correspondiente del Impuesto sobre la Renta, lo que implica duplicar la fiscalidad de fondos de inversión, planes de pensiones, compra-venta de acciones, etc.

Ni que decir tiene que países cercanos como Holanda, Luxemburgo, Austria o Suiza ya se frotan las manos pensando en el aluvión de capital teutón que puede suponer la entrada en vigor de una subida impositiva de semejante calado. Hasta ahora, las rentas del capital estaban sujetas a un tipo plano del 25%, pero la medida acordada por Merkel y Schulz hará que los tipos suban a tasas que llegan al 42%, lo que supone un golpe para millones de alemanes.

El acuerdo también encierra una subida de las cotizaciones sociales a cargo de la empresa, en concreto del tramo de dicha aportación consignado a financiar el gasto de las regiones en materia sanitaria. En la práctica, esto se traducirá en una reducción del salario neto percibido por muchos trabajadores, como consecuencia de un aumento del coste laboral.

A cambio, Merkel pretende sacar pecho con otro punto del acuerdo que contempla la progresiva eliminación de la tasa de solidaridad creada hace décadas para financiar el coste de la reunificación nacional. Casi treinta años después de la caída del Muro de Berlín, este gravamen va a desaparecer de forma escalonada, con tímidos recortes anuales que supondrán un alivio acumulado de 10.000 millones de euros, una cifra que se queda muy lejos de los 40.000 millones de superávit fiscal que tiene anualmente Alemania.

Por otro lado, CDU y SPD han acordado revisar a la baja el Impuesto sobre la Renta, pero solamente entre las personas de menores ingresos, una decisión que no ha sentado bien entre las clases medias teutonas, que soportan una fiscalidad elevada y esperaban un cambio a mejor en la legislatura que está por comenzar.

Así las cosas, no sorprende que la CDU de Merkel esté perdiendo apoyos según todas las encuestas. Los sondeos apuntan que apenas el 45% de los votantes está a favor del acuerdo entre los conservadores y los socialdemócratas. Además, la irrupción de Alternativa por Alemania y el buen resultado de los liberales en las últimas elecciones evidencian que la derecha tradicional de Merkel está perdiendo su hegemonía en el ámbito del centro-derecha, como consecuencia del desgaste de la canciller y del desencanto que generan las medidas pactadas en los últimos años con el principal partido de la izquierda.

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