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Pilar González de Frutos (Unespa): "Las pensiones públicas no las queremos ni regaladas"

La patronal del seguro pide “más transparencia” y un tratamiento fiscal más favorable para el ahorro a largo plazo con carácter finalista.

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La presidenta de Unespa, Pilar González de Frutos, en una imagen de archivo.

Unespa (Unión Española de Entidades Aseguradoras y Reaseguradoras) ha dado un paso adelante. La patronal del seguro en España (esta asociación engloba a más del 90% del sector) quiere poner encima de la mesa sus ideas en lo que tiene que ver con las pensiones. Por eso, hace unos días presentaban el informe Soluciones para la jubilación. Naturaleza, ventajas, defensa y fomento de las rentas vitalicias, realizado en colaboración con AFI.

Su planteamiento es que este producto es el único que, de verdad, puede servir como un complemento real a la pensión de jubilación y durante toda la vida del asegurado. ¿Qué es una renta vitalicia? Pues un seguro de supervivencia: uno paga una prima en un momento dato (normalmente una prima elevada) y a cambio la compañía aseguradora le garantiza el cobro de una mensualidad, pase lo que pase y durante el tiempo que se necesario, hasta el fallecimiento. Por ejemplo, para una persona de 67 años que aporte una prima de 63.400 euros, este producto le aseguraría una renta vitalicia de 380 euros al mes con la que complementar su pensión pública. ¿La idea? Garantizar el llamado riesgo de supervivencia (vivir más de lo esperado o de lo que nuestros ahorros duren).

En otros países de nuestro entorno, es un tipo de producto habitual. En España, no tanto. Aquí el ahorro se gestiona durante la jubilación con fondos, depósitos y otro tipo de productos financieros. Ahora, las aseguradoras quieren ser un actor relevante en un mercado creciente. Pilar González de Frutos, presidenta de Unespa, recibía a Libre Mercado hace unos días en su sede de Madrid. Pensiones públicas, fiscalidad del ahorro, el papel de los seguros en la sociedad española… Los temas tratados fueron muy diversos.

Eso sí, cuando se le recuerda la acusación clásica contra el sector (que quieren privatizar las pensiones) salta, entre enfadada y casi atemorizada: "Las pensiones públicas no las queremos ni regaladas". Y tiene su lógica: sólo el Estado es capaz de incumplir con las promesas adquiridas sin sufrir un castigo. Si cualquier compañía privada intentase rebajar los pagos como ha hecho el sistema público, sería acusada de fraude y quebraría. Por eso, las compañías no quieren ni oír hablar de sustituir a una Seguridad Social que tendrá muy complicado cumplir con sus promesas. Su objetivo es ser un complemento. Es un mercado muy competitivo, en el que también el sector financiero quiere jugar su papel. Una cosa es cierta: cada vez existe un convencimiento más generalizado entre el ciudadano de a pie en que tendrá que complementar su pensión con ahorro privado. ¿Cómo? Las aseguradoras quieren que la renta vitalicia, al menos, sea una opción.

- Pensiones y rentas vitalicias. Hace unos días presentaban un estudio sobre este tema y sorprendió porque es algo que no es demasiado conocido.

- Efectivamente, las rentas vitalicias no están en la mente de los ahorradores y por eso nos hemos lanzado a contar qué son y para qué sirven.

Son, básicamente, un contrato de seguro de vida que gestiona el ahorro de la persona ofreciéndole una renta durante todo lo que le quede de vida. Tienen una serie de características que las hacen diferentes: la fundamental, que las diferencia de cualquier producto financiero, es que no tienen plazo, sino que tienen la misma duración de la vida del asegurado. Por eso son el único producto que cubre el riesgo de supervivencia.

- Pero son un seguro un tanto peculiar. Normalmente, en un seguro, uno paga una prima poco a poco y luego recibe una compensación si se produce el evento cubierto. En la renta vitalicia es al revés: uno paga una cantidad importante al principio y luego va recibiendo la renta mes a mes (aunque también existe la posibilidad de ir llenando la bolsa de la renta vitalicia durante la vida laboral).

- Eso es. Caben las dos opciones. Se puede ir acumulando ahorro mensual en el producto de renta vitalicia y luego, llegada una determinada fecha, comenzar a recibir esas rentas. Pero también es posible usar cualquier otro canal de ahorro durante parte de nuestra vida y, llegado el momento de la jubilación, transformar ese ahorro para comprarnos una renta vitalicia.

Es un producto diseñado para cubrir el riesgo de supervivencia. Es el único totalmente complementario a las pensiones públicas. Y dura lo mismo que la pensión pública. Es flexible y, con carácter general, tiene una rentabilidad mayor que un producto financiero alternativo. Porque además, el banco no te puede asegurar que te vaya a poder pagar esa cantidad de forma vitalicia: porque tiene que ir comiéndose el capital que le has entregado.

- Pero hay muchas alternativas para la renta vitalicia: renta vitalicia sin guardarse nada del capital, con reserva de capital…

- Es un producto muy flexible. Uno puede comenzar diciendo: "Tengo esta cantidad ahorrada. Cuál es el coste en capital para conseguir esa renta. Y lo que me sobre, lo dejo en legado para mis herederos". Pero quizás transcurridos unos años, la renta original quizás no es suficiente y necesitamos un recálculo: y el legado se va a tener que reducir. También se pueden hacer rentas para una pareja. La flexibilidad es enorme.

- Para buena parte de la población su principal activo es la vivienda. Cómo encaja que una persona quiera capitalizar ese activo sin irse de su casa (en la que quiere seguir viviendo)

- Sí, hay ese tipo de productos. La oferta aseguradora es amplísima y uno puede encontrar solución para su modelo. El producto del que estamos hablando es una hipoteca inversa a la que se le añade una cobertura de renta adicional. Eso también lo hacen las compañías y los grupos financieros. En la hipoteca inversa, el banco va dando una cantidad mensual contra el inmueble, hasta que se alcanza un determinado porcentaje del precio del inmueble. A partir de ese momento, se para la hipoteca inversa y lo que se paga [al asegurado] es la prima del riesgo de supervivencia (una renta vitalicia). Cuando se acaba la operación, lo que tenemos es un inmueble con una hipoteca: los herederos beneficiarios pueden ceder la vivienda al banco para que ejecute la hipoteca o pagar la hipoteca y quedarse con la vivienda. Eso sí, toda cobertura tiene un precio.

- Creo que una de las ventajas de las rentas vitalicias está en la fiscalidad aprobada por este Gobierno hace unos años

- Hay un tratamiento fiscal favorable para las personas mayores de 65 años que deshacen un patrimonio para comprarse una renta vitalicia. Por ejemplo, tenemos muchos casos de personas que tienen una segunda vivienda. Pues bien, esa segunda vivienda se puede vender y la plusvalía queda completamente exenta si se invierte en la compra de una renta vitalicia: hasta 240.000 euros por contribuyente. Te vale para una segunda vivienda, para una licencia de un taxi, unos valores…

- ¿También para un fondo de inversión, por ejemplo?

- Sí, cualquier elemento patrimonial. Está exento hasta 240.000 euros. Además, está el tema de cómo tributan las prestaciones. Para un mayor de 60 años: se integra en su IRPF, en la base del ahorro, el 8% de las cantidades que recibe mensualmente. Por ejemplo, si recibe una renta de 1.000 euros, integra en la base del ahorro 80 euros.

- Sin embargo, la sensación es que no hay demasiada gente en España que tenga contratados este tipo de productos.

- Pues mira, tenemos, entre rentas vitalicias y temporales, tenemos 87.000 millones en gestión y más de 2,2 millones de asegurados.

- Hubiera pensado que eran menos

- No está mal, pero creemos que las rentas vitalicias no es un tipo de producto que tengan en la cabeza los ahorradores.

- ¿Y en otros países cómo está?

- El mercado más boyante es el de Reino Unido. Tienen miles de productos...

- O sea que muchos de los británicos que viven en España tienen renta vitalicia

- Sí, seguro.

- Ya que hablamos de pensiones y estamos cerca de que el Pacto de Toledo presente sus conclusiones, no sé si desde la patronal del seguro tienen alguna petición. Nosotros creemos que esto (la renta vitalicia o algún tipo de cambio que ayude al ahorro privado) no está sobre la mesa. Quizás porque cada vez que se saca este tema sale alguien y dice que "se quieren privatizar las pensiones públicas" o algo parecido.

- Aquí tendríamos para hablar horas. Pero nosotros, de verdad, ni aunque nos regalasen las pensiones públicas, las queremos. Lo más alejado de nuestra intención es que se privaticen las pensiones públicas.

Las pensiones son públicas y cumplen un papel esencial en la sociedad. Son un elemento estabilizador y tenemos que preservarlas. Ninguna intención de que se privaticen, ni lo necesitamos.

- Eso lo entiendo. Como a una empresa privada le den ahora las pensiones públicas y tenga que cumplir con las condiciones actuales a 20-30 años… esa compañía quiebra seguro.

- Lo que hoy tienen las pensiones públicas es un riesgo biométrico, que es muy difícil. Dicho esto, no asustamos a nadie. No queremos crecer a costa de criticar las pensiones públicas. Queremos que se garanticen. Ahora bien, queremos transparencia.

Primero, no tiene sentido, para la sociedad, hacer cachitos en el sistema de pensiones. El planteamiento merecería ser global. Analizar pensiones públicas, individuales y en el ámbito laboral. La responsabilidad en el Gobierno debe ser el sistema completo. Esto de que el Gobierno se tiene que ocupar de las públicas y el resto que le den, me parece que está mal. Porque además somos inversores institucionales de una enorme trascendencia. Somos compradores de deuda, pública y privada.

Y descendiendo un poco más, la sostenibilidad del sistema público pasa por el equilibrio actuarial.

- Sí, eso es cierto. Pero el equilibrio actuarial pasa por un recorte de la mayoría de las prestaciones.

- El equilibrio actuarial pasa porque nadie se lleve del sistema más de lo que puso. A partir de ahí, o se tocan los ingresos o se tocan las prestaciones o se tocan los parámetros. O una combinación de todo ello. Pero sobre la base del equilibrio actuarial y la transparencia.

Segundo pilar (planes de empresa), estamos convencidos de que no podemos pensar en que haya pensiones complementarias sobre la base de la mera voluntariedad. Llevamos 30 años y hemos llegado donde estamos: tenemos poquísimo. Sólo un 8% de los trabajadores de nuestro país tiene algo. Por eso defendemos los sistemas de adhesión por defecto, como el modelo inglés, que seguro que conoces.

- Sí, o el holandés: planes de empresas o sectoriales que son semi-obligatorios

- Son por defecto. La voluntad la sigue teniendo el trabajador, que puede decidir que se queda fuera.

- Pero eso no lo decide nadie en esos países, casi todos los trabajadores se quedan dentro del plan.

- Exacto. Y con aportaciones condicionadas: si pone el trabajador también pone la empresa y el Estado también pone, o bien porque lo subvenciona directamente o porque otorga un especial tratamiento fiscal

En el tercer pilar (ahorro individual), necesitamos que haya un incentivo fiscal (a los planes de pensiones), porque hoy sólo tenemos un sistema de diferimiento, pero no hay incentivo fiscal alguno, al revés. No tiene sentido que cuando rescatas un plan de pensiones te vaya todo, incluida la rentabilidad, a la base del trabajo del IRPF. Eso se tendría que corregir, porque es impresentable y técnicamente no tiene ningún sentido. Habría que hacer un especial esfuerzo por mejorar la tributación de las rentas vitalicias, para que el ahorro finalista se convierta en un ahorro complementario.

- Pero las condiciones de las que hablábamos antes eran muy buenas

- Pero ojo, ahí estábamos en una renta que no había salido del plan de pensiones. Si vamos directamente desde un plan de pensiones, sí hay que pagar. Porque el plan de pensiones son rendimientos del trabajo que no tributaron en su día y lo hacen ahora. Hay que apelar a que, en una modificación del impuesto, se incentive más el cobro como renta vitalicia. ¿Cómo? Declarando exenta una parte.

La situación del sector

- En esta segunda parte de la entrevista nos gustaría analizar la situación del sector. Hay un cierto mito de que a los españoles nos cuesta contratar un seguro, que somos menos previsores que alemanes, holandeses o británicos, ¿es cierto?

- Por una parte, es verdad. En los seguros de cosas (vivienda, coche…) estamos más o menos en los mismos parámetros que los grandes países de la UE. Pero en relación con el seguro de vida, tenemos un déficit de aseguramiento. En general, en todo lo que tiene que ver con los riesgos personales, somos menos previsores que alemanes u holandeses.

- ¿Y eso por qué? ¿Es por una cuestión cultural? ¿Es por renta: somos menos ricos que en esos países?

- Hay muchas razones, pero no podemos achacarlo sólo a una cuestión de renta. La diferencia es tal que no se puede justificar sólo por renta. Los holandeses no tienen una renta diez veces superior a la nuestra y, en cambio, sí tienen un porcentaje de seguros de vida que es diez más grande. Hay factores sociológicos, pero también un factor muy importante que tiene que ver con la información que tenemos sobre la forma en la que gastamos, ahorramos y nos protegemos. Creo que nos falta información y también algo de educación financiera.

- Me gustaría hacer un pequeño recorrido por los grandes productos del sector. Empecemos por el seguro de hogar, ¿cómo le ha afectado la crisis?

- Menos de lo que hubiéramos imaginado. Casi el 70% del parque de viviendas de España está asegurado. Es verdad que en ese porcentaje tan alto ha tenido que ver que se asociaba la contratación del seguro a la hipoteca. Nosotros pensamos que, en la crisis, dado que la renta de las familias estaba sometida a presión, podría reducirse el número de pólizas en vigor. Pero ha pasado algo, que la gente ha pensado "Ahora que tengo dificultades, más vale prevenir lo que ya tengo en mi patrimonio". Así que durante los años de la crisis, ha crecido el volumen del seguro de hogar: poco, pero ha crecido.

- Pasemos al seguro de salud. A mí me llama la atención la cantidad de personas (los datos de Unespa hablan de más de 11 millones de beneficiarios) que tienen contratado un seguro de salud, en un país en el que se supone que la sanidad pública es universal.

- Nosotros decimos que es el fruto de una buena relación precio-calidad del producto. Pensamos que esa doble cobertura, con la sanidad pública, podía bajar durante la crisis… pero no. Crecimientos netos de un 3,5-4% durante todos estos años.

- ¿Y cómo es la relación con Muface?

- Es un cliente único y muy potente. Tanto, que sería muy difícil mantener una estructura asistencial privada en buena parte de la geografía española si no fuera por el colectivo de Muface, porque además, en un 80% optan por la sanidad privada. Pero no es por Muface por lo que se ha mantenido el crecimiento del seguro de salud, sino por las pólizas privadas.

- El tercer gran seguro es el del automóvil. La intuición nos dice que aquí la crisis quizás ha impactado menos porque la gente no puede dejar de asegurar su coche.

- Hay un par de rasgos interesantes. El primero es que en España el seguro del automóvil es un mercado muy competitivo: no hay más que asomarse a cualquier medio y ver las campañas de las aseguradoras. Durante los años de la crisis se redujo el uso del coche, lo que se tradujo en una reducción de los accidentes (de todo tipo, los de chapa y los más graves). Al reducirse esas partidas, la presión comercial del mercado hizo que esas condiciones se trasladasen a precios, lo que hizo que el mercado del automóvil estuviera en recesión. Con el final de la crisis, comenzaron a comprarse nuevos coches y a mejorar la calidad del parque del automóvil, lo que hace que la gente se asegure no sólo por la cobertura obligatoria, sino también de coberturas extras. Ahora estaremos en un camino inverso, en la medida en la que crezcan los accidentes (por el aumento del uso del coche) esto se tendrá que trasladar también al precio, en la medida en que la competencia lo permita. Porque estamos ante un mercado ferozmente competitivo… en beneficio de los clientes.

- Por último, si preguntásemos a los clientes de las compañías de seguros, probablemente nos dirían que lo peor es la complejidad de este tipo de contratos. No sé si ocurre en todos los países. Pero la queja generalizada en España es que no sabemos muy bien lo que contratamos y si estamos cubiertos ante determinados acontecimientos.

- En casi todos los mercados existe una barrera entre la actividad aseguradora y los ciudadanos, que es difícil de superar. Como compartimos ese análisis, estamos involucrados en una campaña para trasladar a la sociedad qué hacemos, cómo lo hacemos y qué beneficios generamos a la sociedad. Queremos explicar, en una nueva web corporativa, las coberturas más generalizadas. Estamos también cambiando el lenguaje: que hablemos de contratos en lugar de pólizas, de precio en lugar de primas…

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