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Seseña, de 'ciudad fantasma' a las listas de espera: "El Pocero aquí es un dios"

La urbanización construida por el Pocero cuelga el cartel de "completo" diez años después del estallido de la burbuja inmobiliaria.

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La urbanización construida por el Pocero cuelga el cartel de "completo" diez años después del estallido de la burbuja inmobiliaria.

"¡Por favor! Vayan organizándose en la cola, ya no se cabe, tendrán que esperar al autobús siguiente dentro de una hora", exclama el conductor de la línea Interbus que conecta Madrid con la urbanización de la famosa y criticada Seseña de Paco el Pocero. Tan solo es la segunda parada y ya va lleno. La gente se queja: "Somos muchos ya aquí, tienen que poner más autobuses. Llegaré una hora tarde al trabajo", grita Sergio, técnico de mantenimiento de una empresa en la capital.

El macrocomplejo residencial de Francisco Hernando, alias el Pocero, es un fiel reflejo del estallido de la burbuja inmobiliaria, pero también de la recuperación que está experimentando el sector, al menos en algunas zonas como Madrid y sus alrededores. De ciudad fantasma ha pasado a tener largas listas de espera de familias para alquilar una vivienda. "Estamos al 95%, es una barbaridad cómo se ha disparado la demanda, los pisos vuelan, no duran más de un día publicados y los alquilamos en el momento" asegura Gema Gordo, agente de Tamcasa, una de las dos inmobiliarias que sobrevivieron a la burbuja en Seseña.

"Estamos desbordados". Los pisos de 85 metros cuadrados han pasado de 300 euros mensuales de alquiler a 450 euros. El teléfono no deja de sonar en Tamcasa. También venden y mucho. Una hipoteca se puede quedar en 200 euros mensuales a interés variable. "La media es de 80.000 euros por una vivienda de 80 metros cuadrados y pueden darte hasta el 100% del importe si el piso es de banco", confirma Gordo. "Tenemos desde parejas jóvenes hasta divorciados, separadas, gente profesional que viene de otras provincias a trabajar en Madrid... Hay de todo". El Quiñón está en plena efervescencia. En cuatro meses se han llegado a vender más de 300 viviendas, según los datos de la inmobiliaria Orion. Todo un éxito.

Actualmente, ya hay censadas 10.000 personas, según el Ayuntamiento de Seseña. En 2008 se pararon las grúas y la urbanización vivió su época más desoladora. En las calles casi se veían pasar las típicas bolas de paja que cruzan el Lejano Oeste americano. Era una época en la que los pocos vecinos no tenían ni una tienda a más de 5 kilómetros donde comprar el pan. No había ni un alma en la calle y ver la estética de bloques desde la carretera hacía pensar que vivir en aquella zona inhóspita era un craso error.

Sin embargo, todo ha cambiado en los últimos meses. Quienes criticaron y repudiaron hasta la saciedad al Pocero, sobre todo los partidos políticos de izquierda por el pelotazo urbanístico del municipio toledano, callan ahora. ¿Por qué? El panorama actual en este residencial es muy diferente al pasado lúgubre y abandonado de hace unos años.

La polémica figura de 'el Pocero'

"El Pocero aquí es un dios", asegura María, una vecina que vive con su pareja desde hace 5 años en la urbanización. "Aquí todo el mundo lo quiere y le agradecemos lo que ha hecho, vivimos como marqueses en pisos preciosos con piscina, jardines y garaje y todo por un precio asequible para cualquier trabajador de clase media baja". Habla con gran respeto, mientras pasea a su perro por las amplias aceras del barrio.

Pedro, con el uniforme del trabajo aún puesto, describe cómo dejó su piso en la zona de Argüelles, situado en el madrileño distrito de Moncloa, para "respirar aire puro, disfrutar de la piscina en verano, pasear por el campo y disponer de tres habitaciones en un inmueble de 92 metros cuadrados por 400 euros. "Para mí, Paco también es un dios. Aquí ha hecho un milagro, el que todos podamos vivir de lujo a media hora de Madrid".

David, un informático de 32 años, también decidió alquilar su pisito del barrio de Usera en Madrid para comprar por 120.000 euros un pisazo. "Es un ático con cuatro habitaciones y dos terrazas, una por cada lado, más su correspondiente piscina comunitaria, trastero y garaje como todos".

"Aquí se vive muy bien. Al Pocero lo han puesto a parir, pero te garantizo que aquí no vas a encontrar a ni una persona que hable mal del constructor, imposible", asevera con una sonrisa de oreja a oreja Sandra, madre soltera con un hijo de cinco años. Y como dios que es para los habitantes de El Quiñón, erigió todo un monumento dedicado a su familia. Las esculturas de sus padres se encuentran en talla XXL en una de las rotondas a las que se accede a las residencias.

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El Pocero en la rotonda de "Los Padres"

La esposa de Paco el Pocero no tiene nada que envidiar a sus suegros. El gigantesco Parque del Lago lleva por nombre María Audena en la puerta de entrada, a lo grande. No en vano, Alexandre Ratier, arquitecto y autor del estudio del fenómeno poceril de Seseña, resaltó en la Escuela de Arquitectos de París "la sorprendente calidad de las construcciones y el diseño al igual que las zonas más caras de Madrid. Uno no hace una chapuza y le pone el nombre de su mujer", recalcó el francés en declaraciones al diario El País en 2016.

Basta con darse una vuelta para comprobar el veloz crecimiento de la zona. Prueba de ello es que ya hay un colegio con 800 alumnos inscritos y está prevista su ampliación. No faltan supermercados. DIA y SUMA abren sus puertas a diario para los vecinos de El Quiñón. Cafeterías, bazares, panaderías, asador de pollos, veterinarias, peluquerías y los bares son síntomas de que allí ya no caminan fantasmas. Aún quedan locales por alquilar y otros cuelgan el cartel de próxima apertura, como el de un tablao flamenco con actuaciones de artistas en directo.

Sin embargo, el Pocero se encuentra en paradero desconocido. De él sólo queda su nombre con letras al más puro estilo hollywoodiense en una de las rotondas. No puede ver cómo ha crecido su hijo El Quiñón. Su utopía ladrillesca parece haberse cumplido y él no está.

¿Dónde está 'el Pocero'?

La pista de Francisco Hernando se pierde tras el incendio en Seseña el 13 de mayo de 2016. Allí se presentó con un altavoz y unas gafas de sol y le dijo a todos los vecinos que correría con los gastos legales de los abogados.

"No he terminado de construir porque los políticos no me han dejado", denunció entonces el Pocero con megáfono en mano ante los vecinos allí congregados. Recordó que le sacaron con un traje de rayas como si fuese un preso y dijo que sus nietas le habían preguntado si el abuelo era malo. En ese momento Francisco Hernando contó que "se puso a llorar", tal y como recogió El Español.

Su última entrevista la concedió al programa Espejo Público el 18 de mayo del 2016. El Pocero anunció que no se volvería a saber nada más de él y recalcó que "está orgulloso de lo que ha hecho y no ha fracasado, sino todo lo contrario". Su plan era construir 13.000 viviendas de este proyecto del que sólo llegó a edificar la tercera parte. "Mi vida ha sido siempre pelearme con los alcaldes, no soy un corrupto, he hecho algo bueno. He dado mucha riqueza a España", se reafirmaba ante las cámaras.

A fin de cuentas, es un hombre hecho a sí mismo y con una vida dura. Comenzó reciclando basura y se remangó a la hora de mezclar el cemento en sus obras. Tras Seseña lo volvió a intentar en Guinea y fracasó. Además, Hacienda publicó su nombre en un listado de morosos y se le atribuye una deuda con el Fisco de 86 millones de euros. El Pocero ha tenido que vender sus yates y propiedades: "Ahora estoy arruinado, pero yo soy un inversor al estilo de los Estados Unidos. Allí se dice que el empresario que no se arruina tres veces no es empresario".

Sea como fuere, quería conseguir su sueño, que nadie olvidara su nombre, y, en vista de la actual felicidad vecinal, parece que Francisco Hernando ha hecho historia, un ídolo denostado de la España del ladrillo.

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