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¿Por qué los países pobres tienen más hijos y los ricos menos?

La tasa de fertilidad en los países pobres es mucho más alta que en los ricos. Hay razones económicas que explican este fenómeno.

Jorge Eduardo García
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Los países pobres presentan mayores tasas de fertilidad | Pixabay/CC/christianabella

Es común escuchar que los pobres tienen demasiados hijos y que eso mismo los hace pobres. También es común la sugerencia de que se debería limitar la cantidad de hijos que deberían tener, dependiendo de su capacidad de mantenerlos. Mi intención es cuestionar esto, pero dejando de lado el aspecto moral de forzar el control demográfico. Es fácil caer en la argumentación de lo "debido o indebido" en este tema por la coacción que implica este tipo de políticas, pero no debemos desviarnos del carácter científico de estos temas. La intención de este artículo es analizar los datos en conjunto con teoría económica para entender de mejor manera la pregunta principal: ¿es necesario forzar a los pobres a tener menos hijos para mejorar el nivel de vida de la población? o, por el contrario, ¿es contraproducente este tipo de ideas?

La cantidad de niños que nacen por mujer actualmente es la mitad de los que nacían hace 5 décadas. Los últimos 50 años han visto un cambio drástico en la cantidad de hijos por mujer, la pregunta resultante es por qué.

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Para empezar, las personas que suelen emitir opiniones sobre la cantidad de hijos de los más pobres, normalmente están en estratos económicos superiores. Y en cada estrato económico los fenómenos y problemas se dan y se entienden de diferente manera.

Es normal que la forma en que se miran mutuamente personas que pertenecen a diferentes estratos sociales sea distorsionada y produzca prejuicios. Esos prejuicios no permiten entender a las personas de otros estratos económicos. Cada persona tiene necesidades, acorde a la capacidad de satisfacer sus necesidades (pensando en términos de la pirámide de necesidades de Maslow), por eso es difícil para algunos entender la razón según la cual los pobres tienen muchos hijos. Incluso llegan a pensar que los pobres son tontos, irracionales o ignorantes al tener hijos porque no tienen el dinero para darles una buena vida.

Es difícil sostener la conclusión de que todas las personas de escasos recursos son tontos, irracionales o ignorantes, por lo que tiene que haber otra explicación. Deben entenderse los motivos por los que una persona de escasos recursos tiene más hijos de los que podría sostener económicamente.

¿Qué rol juegan los hijos?

Para empezar, los hijos cumplen un rol social dependiendo del nivel socioeconómico de la familia. En las familias, los hijos son objeto de procreación y satisfacción personal. Los padres (de cualquier nivel económico) aman, por lo general, a sus hijos y desean para ellos lo mejor. Pero lo que cambia entre diferentes niveles socioeconómicos es la capacidad de satisfacer todas las necesidades de los hijos y el bienestar de la familia en general.

Las familias de estrato medio y alto pueden satisfacer las necesidades y deseos de sus hijos de manera óptima, dando incluso más de lo que realmente necesitan. Y lo hacen porque los padres cuentan con los medios y recursos para hacerlo. Lo contrario ocurre con las familias pobres: no tienen los medios y recursos para satisfacer las necesidades de sus hijos y dar sustentabilidad y bienestar estable a la familia. Este último punto es clave, pues en esta pequeña comunidad se valora más el bienestar general que el individual, y esto hace que la familia se vea obligada a poner a trabajar a los hijos para generar más ingresos para todos los miembros.

Dado que los hijos menores de 18 años no tienen un costo de oportunidad palpable, es decir que no renuncian a ninguna otra actividad visible al estar trabajando (renunciar a los estudios no muestra un costo en el corto plazo), toman un rol de trabajador que aporta a la familia según su capacidad. Los más pequeños pueden ayudar en tareas que no requieren esfuerzo físico o mental como pastoreo, agricultura de subsistencia o hasta pedir limosna. Conforme van creciendo y sus capacidades físicas se van desarrollando, pueden apoyar en los trabajos de los padres como la agricultura de jornaleros, albañilería o hasta trabajar por cuenta propia en negocios informales.

Queda claro entonces que las familias pobres ven a los hijos como un tipo de capital humano. Dado que no pueden generar capital monetario, ni cuentan con medios de producción como tierras, ni tienen acceso a la propiedad de estos medios (por su incapacidad de un ahorro significativo), la única manera de aumentar sus ingresos es con trabajo. Y a más hijos, más ingresos para la familia. Esto es algo que se olvida en la mayoría de análisis, pues en una posición económica superior los hijos no aportan a los ingresos familiares.

Mortalidad infantil

Un factor que era importante en épocas antiguas era la tasa de mortalidad infantil. Las familias tenían más hijos porque la probabilidad de supervivencia de cada niño era relativamente baja, y cuanto más hijos tenían, más aumentaba la probabilidad de que algún hijo sobreviviera más allá de la niñez. Junto al argumento anterior de los hijos como capital humano, se puede entender este argumento al analizar la relación entre la tasa de fertilidad y la tasa de mortalidad infantil. Como se puede apreciar en la siguiente gráfica, existe una relación entre estas dos tasas: a menor tasa de mortalidad, menor tasa de fertilidad y viceversa. Si la probabilidad de que los niños mueran es baja, es necesario tener menos hijos para que la misma cantidad llegue a la edad adulta.

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La necesidad de que una cantidad determinada de hijos lleguen a edades adultas se debe, en parte, a la necesidad de los padres de ser asistidos económicamente en su vejez. Dado que muchas familias no cuentan con pensiones de jubilación ni asistencia social por parte del Estado en los países pobres, solo reciben ingresos de su trabajo o del aporte de sus hijos.

Como es difícil que los hijos salgan de la pobreza, por sus condiciones iniciales y la escasa movilidad social, no cuentan con demasiados recursos para mantener a sus padres y sus respectivas familias, por lo que tener una cantidad de hijos mayor aumenta el ingreso de los padres, tomando una pequeña parte del ingreso de cada hijo. La riqueza de las familias, como hemos visto, juega un papel clave en la cantidad de hijos que tiene una familia.

Mujeres y oportunidades laborales

Las mujeres son quienes dan a luz y, en la mayoría de los casos, quienes los crían. El género femenino ha desarrollado históricamente este rol desde las épocas de las cavernas cuando el hombre salía a cazar y la mujer se quedaba en la cueva cuidando a los hijos o recolectando bayas. La razón de esta división del trabajo se debe a la capacidad que cada uno tenía mejor desarrollada. El hombre, al ser físicamente más fuerte, era el encargado del trabajo físico y la mujer, al ser biológicamente la portadora por 9 meses de los hijos, debía mantener una vida tranquila. Así se inició el desarrollo del género femenino.

Por eso en las sociedades más tradicionales, la mujer sigue encargándose del cuidado de los hijos en casa. Pero la figura de feminidad ha venido cambiando, conforme cambian otros aspectos de la cultura. Por ejemplo, el derecho al voto permitió el acceso de la mujer a la política y a la incidencia que puede tener en el Estado. Otro cambio importante se vio claramente en la Segunda Guerra Mundial, ya que, cuando los países debieron enviar a sus hombres a la guerra, los trabajos que anteriormente desempeñaban fueron ejecutados por las mujeres. Así, ellas pudieron acceder a trabajos que tradicionalmente no desempeñaban y demostraron su capacidad de realizarlos.

Más educación, ¿menos hijos?

La capacidad de la mujer de desarrollar una carrera profesional es clave en la disminución de la tasa de fertilidad. La razón de ello es económica: su costo de oportunidad aumenta conforme aumenta la preparación profesional. El costo de oportunidad es lo que uno sacrifica para poder tener algo más, y en el caso de la mujer profesional, la disyuntiva está entre dedicarse de lleno a una vida profesional o dedicar unos años a la crianza de los hijos. Los datos respaldan esta idea, como muestra la siguiente gráfica. A mayor grado de escolaridad, menor cantidad de hijos se tiene.

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La verdadera relación entre hijos y riqueza

Tener hijos implica, entonces, un sacrificio en tiempo para la madre. Por tanto, a medida que el tiempo de las madres se hace más valioso, es decir a medida que el ingreso de la madre aumenta, el costo de tener un hijo marginal aumenta. Este aumento en el costo de oportunidad puede ocurrir por preparación profesional o por aumento en los ingresos por persona. De hecho, existe una relación interesante entre la disminución de la tasa de fertilidad y el aumento en el PIB per cápita de un país.

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A mayor PIB per cápita, menor tasa de fertilidad. Al aumentar el ingreso de cada mujer, aumenta el costo de oportunidad por cada hijo. La relación se ve aún más clara analizando el ingreso promedio salarial femenino con la tasa de fertilidad.

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Una objeción podría ser que la relación PIB per cápita (o ingresos promedio salariales) y la tasa de fertilidad es significativa porque un menor crecimiento de la población da como resultado un mayor PIB per cápita por simple aritmética (menor denominador da un mayor cociente). Pero la lógica detrás de este argumento se queda corta.

Pensar que una persona decidirá tener menos hijos para tener un mejor nivel de vida, implica suponer que esa persona tiene los medios para lograr ese mejor nivel de vida. Como se explicó anteriormente, las personas de estrato económico bajo necesitan de sus hijos para conseguir ese mejor nivel de vida relativo. Por tanto, la lógica de renunciar a un hijo para tener más ingresos funciona para quienes su tiempo tiene un verdadero costo de oportunidad significativo, es decir, para estratos económicos medio y alto. Además, el razonamiento aritmético se notaría con un desfase de tiempo significativo porque una persona no aumenta sus ingresos inmediatamente por no tener un hijo. En cambio, si los ingresos presentes son lo suficientemente altos, se renuncia a un ingreso en el corto plazo al tener un hijo.

Desarrollo económico y demografía

En conclusión, respondiendo la pregunta inicial: ¿es necesario forzar a los pobres a tener menos hijos para mejorar el nivel de vida de la población? Mi respuesta es no. Al contrario, económicamente es ineficiente tratar de reducir la población por medio de políticas que limiten la cantidad de hijos, porque se limita el acceso a capital humano de las familias pobres y con ello se limita sus ingresos familiares.

Por eso, aunque la conclusión suene extraña, es mejor idea propiciar un ambiente de crecimiento económico que, de manera indirecta, influya en la toma de decisiones de las familias en relación a la cantidad de hijos que tendrán. Esto ha sucedido en todos los países ricos, que al alcanzar altos niveles de riqueza ven reducida su tasa de fertilidad. Al tener oportunidades, principalmente las mujeres, el costo de oportunidad de un hijo adicional aumentará y eso se vería expresado en menos hijos por mujer. Por extraño que parezca, parece ser que el desarrollo económico es el mejor método anticonceptivo.

Jorge Eduardo García es miembro de UFM Market Trends. Si quiere profundizar sobre éste y otros temas económicos suscríbase a los informes de UFM Market Trends.

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