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Brasil se plantea vender gran parte de sus grandes empresas públicas

Varios candidatos a las elecciones de octubre aseguran que la privatización de las empresas ayudaría a salir de la recesión económica.

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Varios candidatos a las elecciones de octubre aseguran que la privatización de las empresas ayudaría a salir de la recesión económica.
Río de Janeiro | Efe

Las elecciones generales que Brasil celebrará el próximo mes de octubre están dejando entrever que el futuro económico del país pasa por privatizar gran parte de las compañías nacionales. Lejos han quedado ya los tiempos en los que Lula Da Silva, encarcelado por corrupción, se deshacía en elogios hacia Petrobras -la compañía petrolera nacional-, que ha estado -y está- envuelta en diversos escándalos de corrupción.

Flavio Rocha, un multimillonario y candidato presidencial, ya ha anunciado que su intención es "vender todas las empresas estatales". Una declaración similar realizó Álvaro Dias. "Necesitamos una reducción radical del Estado", afirmó el candidato de centro. Ambos políticos coinciden en señalar a las empresas nacionales como "nidos de corrupción". Para ganarse el voto están lanzando mensajes positivos sobre la privatización de las empresas, que según ambos ayudarían a salir de la recesión económica y a recuperar las maltrechas arcas brasileñas. A pesar de sus esfuerzos, el 70% de los votantes se oponen a vender las compañías del Estado.

"Este apoyo repentino al sector privado no es una cuestión ideológica, sino matemática para sacar a Brasil de su situación. Es algo histórico, ya que, a lo largo de los años, la economía del país siempre ha estado muy controlada por el Estado", explica el profesor de la Universidad de Columbia Marco Troyjo a Bloomberg.

Un tercio del PIB brasileño representa el dinero que los ciudadanos pagan en forma de impuestos, es uno de los porcentajes más elevados del mundo. Las empresas privadas se quejan de los fuertes tributos y también de la regulación por "desalentar el espíritu empresarial". Por todo ello, un sector político está comenzando a apostar por la liberalización brasileña.

Geraldo Alckmin, otro candidato presidencial que ya se presentó en 2006 es el claro ejemplo del cambio en la mentalidad del país. Hace ya doce años, Alckmin hizo campaña política con logos de las empresas nacionales adornando su gorra. Ahora, el que fuera gobernador de Sao Paulo se ha comprometido a vender gran parte de las compañías nacionales.

El favorito en las encuestas, a falta de cinco meses para las elecciones, es Jair Bolsonaro, un excapitán del ejército. En sus discursos ha defendido la venta de bienes del Estado, aunque pide restringir la propiedad privada a los extranjeros en las tierras de cultivo y en las minas.

Brasil ya lo hizo en 1990

En 1990, Brasil puso a subasta varios bienes del Estado. Se vendieron decenas de empresas, incluido el monopolio telefónico, las compañías mineras y las siderúrgicas. Lo cierto es que, en aquella ocasión, el país americano favoreció a los amigos de los políticos a la hora de vender estos activos. Aquello fue el argumento perfecto que utiliza la izquierda brasileña para oponerse a la privatización.

Ciro Gomes aspira a ser el candidato fuerte de la izquierda carioca defendiendo un Estado grande, que mantenga a las empresas. Para ello, ha comenzado una campaña muy sentimental para llegar a los trabajadores de las empresas nacionales.

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