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Por qué el cierre de las centrales nucleares que propone el PSOE es una pésima idea

España sufre en la actualidad el segundo precio más caro en electricidad de Europa. El cierre de las nucleares encarecerá aún más la factura.

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La ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera (d), recibe su cartera de manos de la exministra Isabel García-Tejerina | Efe

El nuevo Gobierno de Pedro Sánchez no ha dejado indiferente a nadie. Más mujeres que hombres, representación de la televisión y algunos perfiles técnicos ocupan la dirección de los ministerios españoles desde el pasado 7 de junio. Especialmente preocupantes son algunas de las manifestaciones que han salido desde el nuevo Ministerio para la Transición Ecológica. En concreto, preocupan las declaraciones sobre el futuro de las centrales nucleares en España.

Una de las promesas electorales del PSOE en las últimas elecciones fue la de cerrar las centrales nucleares que tuvieran más de 40 años (sección 1.3 economía verde). Lo cierto es que el Ejecutivo de Sánchez ha tardado muy poco en reafirmar su compromiso con el cierre de las centrales nucleares o en afirmar que el coste de cerrar las centrales nucleares es menor que gestionar los residuos que de ellas emanan y la importancia de sustituir dicha fuente de energía por energías renovables.

Las centrales no tienen una vida útil de 40 años

Primero conviene aclarar un tema con la vida útil de las centrales. La cifra de 40 años (siempre presente en la discusión de las nucleares en España) se considera que es la fecha en la que las centrales españolas "caducan". Parecería, por tanto, que extender la vida útil de las centrales nucleares es una política harto irresponsable. De hecho, esta es la razón por la que la central de Garoña no recibió una extensión de su licencia de funcionamiento y está actualmente esperando a ser desmantelada (a pesar de que el Consejo de Seguridad Nuclear había emitido el visto bueno a su continuidad).

Lo cierto es que la cifra de 40 años se fijó inicialmente como el periodo de amortización mínimo para recuperar la inversión. Las centrales nucleares son centrales con unos costes fijos enormes que deben ser amortizados durante un periodo de tiempo prolongado. Pero la vida útil de cualquier activo fijo puede ser extendida si la conservación del mismo es la adecuada y si se hacen inversiones extra para reacondicionar los elementos de desgaste de dicha inversión.

En el caso español, las centrales nucleares están bien gestionadas y conservadas, por lo que con una inversión extra no demasiado elevada podrían seguir funcionando sin muchos problemas. De hecho, es interesante ver cómo no ha habido ni un solo accidente en la historia nuclear española -apenas un incidente importante y sin víctimas mortales-, mientras que los sucesos que se catalogan como anomalías caen año tras año como podemos ver en el gráfico proporcionado por el Consejo de Seguridad Nuclear (INES 0 y 1 son anomalías e INES 2 incidente. Desde el año 1990 sólo ha habido 3 incidentes).

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Consejo de Seguridad Nuclear

Así pues, las centrales nucleares españolas tienen una vida útil que muy bien puede superar los 40 años sin que ello suponga un incremento del riesgo.

El excesivo sesgo hacia las renovables

El nuevo Ministerio de Transición Ecológica parece estar muy comprometido con la generación renovable. Y lo cierto es que este momento es mucho más propicio que el año 2004 para ser líder en energías renovables. Las renovables empiezan a poder competir, e incluso algunas veces superar, con las fuentes de generación convencionales. De hecho, el precio de generación con tecnología solar y eólica ha caído en picado en los últimos años.

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Lazard Levelized Cost of Energy 11.0

El problema fue que España invirtió enormes cantidades en la instalación de centrales solares y eólicas cuando todavía eran muy poco eficientes y esto ha generado múltiples problemas en el sector eléctrico español (primas desorbitadas a renovables, déficit tarifa, acumulación de deuda del sistema eléctrico,…). Así, podemos ver que, para el año 2017, el coste tanto de la solar como de la eólica es el más bajo entre varias tecnologías de generación.

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Lazard Levelized Cost of Energy 11.0

Hasta aquí todo muy bien. El problema con las renovables no es de coste por electricidad generada (como ocurría en el pasado), sino de estabilidad en el suministro. El viento no sopla y el sol no aparece cuando nosotros queremos.

La energía no es lo único que se comercia en los mercados eléctricos. Existe también un mercado de garantías de potencia. La idea es que los generadores de energía puedan comprometerse de antemano a producir cuando los consumidores minoristas demandan la energía. Esto es algo que ni la solar ni la eólica pueden hacer. Es entonces cuando hablamos de divergencia entre potencia instalada (capacidad máxima de generación de energía bajo condiciones óptimas) y potencia efectiva (la capacidad real de entregar energía en el futuro). Múltiples factores hacen que la potencia instalada y la potencia efectiva varíen (nivel mantenimiento de las instalaciones, estabilidad en el suministro materia prima, capacidad de protegerse frente a factores externos…).

En el caso de la solar y eólica, su capacidad efectiva es cero o muy pequeña, de modo que no pueden comprometerse a entregar energía en el futuro, ya que factores externos determinan completamente su capacidad de entregar dicha energía. Es por esto que se necesitan centrales de respaldo (en España, normalmente, centrales de ciclo combinado), que operan cuando las centrales solares o eólicas no entregan suficiente energía.

Esta es una de las razones por las que se ha disparado la capacidad instalada en España con el auge de las energías renovables. Básicamente, la capacidad instalada en renovables tiene que ser duplicada con capacidad instalada de otras centrales que no producen energía cuando lo hacen los generadores solares y eólicos. Este es un coste enorme para el sistema eléctrico. A continuación, podemos ver la enorme sobrecapacidad que se ha generado en el sistema eléctrico español desde que se iniciara el auge de las renovables en el año 2004.

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Elaboración propia con datos de REE

Una forma de evitar el problema de la duplicación de capacidad instalada sería almacenar la energía eléctrica. Sin embargo, la única forma de almacenarla era de forma bruta, en forma de materia prima para ser convertida (generada) en energía eléctrica cuando exista demanda. Esto ha empezado a cambiar con los avances en la tecnología de almacenamiento. Sin embargo, todavía es muy pronto para que esta alternativa sea económicamente viable. El coste de almacenar energía eléctrica con las tecnologías existentes actualmente es demasiado elevado (multiplica por 6 el precio de la generación eólica o solar).

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Lazard Levelized Cost of Storage 3.0

El sobrecoste de renunciar a las nucleares

A pesar de los problemas de las renovables que estamos comentando y del enorme coste que tenía la generación solar y eólica, los políticos españoles decidieron que 2004 era un buen momento para iniciar el camino hacia las renovables. Esto, evidentemente, provocó muy rápido que el precio de la factura eléctrica subiera exponencialmente. Javier Sevillano explica de forma magistral el problema de las primas a renovables aquí. Actualmente, tenemos el segundo precio más caro de la electricidad en Europa para hogares (sólo por detrás de Malta) y el tercero para otros usuarios (industria y comercio).

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Eurostat. Precio antes de impuestos
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Eurostat. Precio antes de impuestos

Por si no fuera poco, los expertos han situado el sobrecoste en la factura derivado del desmantelamiento nuclear en un 20%. En este sentido, ya llueve sobre mojado. El coste de producción de energía eléctrica antes de impuestos en España ya es de los más caros de Europa.

¿Y las emisiones de CO2?

No creemos que las emisiones de CO2 sean ni mucho menos las emisiones más importantes ni algo a tener en cuenta cuando se planean proyectos de generación eléctrica. Sin embargo, los políticos españoles están casi obsesionados con reducir los niveles de CO2 para cumplir convenios internacionales y aparecer delante de sus votantes como adalides en la lucha contra el cambio climático. Es interesante observar cómo en este aspecto las centrales nucleares emiten incluso menos CO2 que la mayor parte de las renovables.

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IPCC

¿Y por qué no construir nuevos reactores?

Desde 1984, momento en que la moratoria nuclear aprobada por el Gobierno de Felipe González entra en vigor, la posibilidad de construir nuevos reactores nucleares es eliminada de la mesa (además, la moratoria nuclear nos costó a los españoles la friolera de 5.700 millones de euros en compensaciones por las 5 centrales nucleares que estaban en proceso de construcción). Aunque la moratoria ya no tiene efecto, la instalación de una central nuclear se decide por motivos políticos (Consejo de Ministros) y no económicos.

Quizá es hora de que nos replanteemos los costes que tuvo dicha moratoria también en términos de la electricidad barata que podríamos estar produciendo y los enormes avances que se han hecho en el diseño de reactores nucleares en los últimos 30 años (la central nuclear española más moderna entró en servicio en 1988).

Los nuevos reactores (de cuarta generación) pueden utilizar como combustible los desechos de los reactores de tenemos actualmente en España (de segunda generación). Esta característica hace que, de facto, la energía nuclear sea una energía renovable.

Adicionalmente, los reactores nucleares nuevos permiten aumentar o disminuir la producción de energía en los picos de demanda (cosa que las nucleares españolas no hacen actualmente). Esto era un limitante a la hora de contar con una gran capacidad instalada en el mix energético. Ante aumentos de demanda, no podíamos incrementar la producción barata de las nucleares, de modo que otras centrales tendrían que hacer de centrales "pico".

Así pues, las nucleares tenían una característica relativamente parecida a las renovables: su incapacidad para hacer frente a picos de demanda, si bien eran muy estables en la producción de energía (cosa que no ocurre con las renovables). Los nuevos reactores permiten entonces hacer de central pico a un precio mucho más reducido que las centrales pico convencionales.

Esta funcionalidad de los nuevos reactores nucleares permite incluso que se complementen muy bien con las renovables. Como hemos comentado, las energías renovables tienen el problema de la enorme disparidad entre potencia instalada y potencia efectiva. Pero si los nuevos reactores nucleares pueden atender picos de demanda, también pueden entregar energía extra cuando el viento no sopla o cuando el sol no aparece.

La agencia internacional de la energía calcula el coste de generar energía con centrales que se empiecen a construir hoy y estén disponibles en 2022. En el siguiente gráfico se refleja el precio de la electricidad generado con diferentes tecnologías.

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IEA

Conclusión

La decisión de si las centrales nucleares continúan operando en España o no no debería ser, bajo ningún concepto, una decisión política. Dos decisiones políticas, la moratoria nuclear del año 1984 y el régimen de primas renovables del 2004, han hecho de la energía eléctrica española una de las más caras de Europa, hecho que, además, repercute de forma extraordinaria en la competitividad de nuestra industria.

La decisión sobre las centrales nucleares debe ser estrictamente económica. Es posible que otras tecnologías estén compitiendo con mejores precios que la nuclear. Si así fuera ningún agente privado querría construir una planta de éstas características. Pero si, por el contrario, la energía nuclear es una forma de generar energía limpia, renovable y competitiva, entonces lo más lógico es que los agentes privados inicien la construcción de tantas centrales como la demanda de energía lo permita (sin que los políticos pudieran siquiera negarse).

Daniel Fernández Méndez es director de UFM Market Trends y profesor de la Universidad Francisco Marroquín. Si quiere profundizar sobre éste y otros temas económicos suscríbase a los informes de UFM Market Trends.

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