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Vera Kichanova, la libertaria que desafió a Putin: "La libertad de expresión no existe en Rusia"

Esta joven periodista fue concejala en Moscú y fue encarcelada por su activismo a favor de las libertades y en contra del autoritarismo de Putin.

Libre Mercado
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Vera Kichanova | Archivo

Hace algunos años, la joven periodista Vera Kichanova se convirtió en la primera política libertaria elegida para un cargo público en Rusia. Ferviente opositora al régimen de Vladimir Putin, la entonces concejala en Moscú llegó a ser encarcelada por su activismo a favor de las libertades y en contra del autoritarismo.

Años después, dio el salto a Reino Unido, donde pasó por la Universidad de Oxford y presidió la Hayek Society, un prestigioso club liberal ligado a la institución. En la actualidad, trabaja en el reconocido despacho de arquitectura de Zaha Hadid y prepara su tesis doctoral en King's College. Libre Mercado se ha entrevistado con ella con motivo de su paso por Madrid, donde ha impartido una conferencia de la mano de la Fundación para el Avance de la Libertad.

- Hace unos años, como periodista y política opositora, sufrió usted una fuerte represión por parte del régimen ruso. ¿Ha mejorado o empeorado la situación de los derechos civiles en la Rusia actual?

Desde que llegara al poder Vladimir Putin, la situación de los derechos civiles no ha dejado de deteriorarse. Siempre ha sido mala, pero se observa un cambio a peor desde 2014, a raíz de la revolución ucraniana y de la consiguiente anexión rusa de Crimea. Ese año fue, probablemente, el del punto de no retorno para la libertad en Rusia. Anteriormente, durante mi etapa como activista política, sufrí varios arrestos por participar en manifestaciones pacíficas e incluso tuve que pasar periodos breves en centros de detención policial. Hoy, en la Rusia post-Crimea, mi actividad de entonces conllevaría años de detención. Por lo tanto, las cosas han cambiado para peor, claramente.

Otro indicador importante es la situación de la libertad de expresión, un concepto que, sencillamente, ha desaparecido en Rusia. Cuando ejercía el periodismo tuve que soportar la censura ocasional de mis artículos, retirados de los medios por orden gubernamental, pero eran casos excepcionales. Desde 2014, en cambio, la censura es mucho más exhaustiva.

Al mismo tiempo, el número de presos políticos ha aumentado drásticamente. Desde el cineasta ucraniano Oleg Sentsov, condenado a veinte años de prisión, hasta el más reconocido director de teatro ruso, Kirill Serebrennikov, que se encuentra en arresto domiciliario: ya son más de un centenar los ciudadanos que están encarcelados por sus ideas políticas. Sólo el año pasado, Rusia condenó a más de quinientas personas por delito de "extremismo", consistente en la mayor parte de los casos en difundir contenido online considerado crítico con el gobierno. Oponerse al régimen sale muy, muy caro.

- Usted es libertaria y, seguramente, está al corriente de que algunos círculos ven con buenos ojos algunas medidas tomadas por Putin, como por ejemplo el flat tax del 13%. Pero a nadie escapa que numerosos observadores hablan del modelo económico ruso como un ejemplo más de "capitalismo de amiguetes", en el que una oligarquía controla el poder económico, colgándose del elevado precio de las materias primas para garantizar su dominio político y empresarial. ¿Cómo lo ve usted? ¿Son libres lo emprendedores rusos y los inversores extranjeros? ¿Se puede hacer negocios en el país sin contar con "conexiones" en el poder?

Putin lleva años hablando de un supuesto milagro económico bajo su mandato, pero ahora ha quedado patente que ese éxito no fue más que una coyuntura favorable derivada del altos precio del petróleo. Cuando éste cayó en 2014, Rusia se sumió en una espiral de crisis económica. La sanciones impuestas a Rusia empujaron a los inversores a vender sus activos y esto produjo un rápido derrumbe de la moneda nacional. Hay un dato muy significativo: el hogar medio ruso ya gasta la mitad de su ingreso en alimentación, cuando en España es menos del veinte por ciento.

No puede negarse que a principios del siglo la política económica de Putin era bastante sofisticada. Se declaraba entonces admirador de Lee Kuan Yew y contrató un equipo de expertos partidarios de la libertad económica. Así, se estableció una tarifa plana y baja para los impuestos personales, se implantó un fondo de estabilización y se desreguló en cierta medida la actividad empresarial.

Todo ello contribuyó al crecimiento económico. Pero si Putin admiraba al líder de Singapur era solamente porque veía posible combinar la libertad del mercado con su ausencia en lo político. A largo plazo, esa estrategia estaba condenada al fracaso. En efecto, eso es lo que ha pasado. Ahora que el Gobierno está rescatando a los oligarcas afectados por las sanciones occidentales, ya no puede hablarse de competencia en Rusia, sino meramente de un "capitalismo de amiguetes".

- Hay voces en Occidente que no ven con tan malos ojos a Putin. ¿Por qué?

Sí, lamentablemente hay bastantes occidentales que han desarrollado una debilidad por Putin. Para muchos de ellos, tiene una imagen de líder político antisistema, capaz de cuestionar el llamado orden progresista y mundialista. Sin embargo, creo que quienes asumen este discurso caen en la trampa de pensar que el enemigo de tu enemigo es necesariamente tu amigo. Putin no lo es: su ideología es una mezcla ecléctica de neo-estalinismo y tradicionalismo ortodoxo. Por lo tanto, ¿qué puede atraer de todo ello a un defensor de la libertad? Afortunadamente, cada vez hay más partidarios de la libertad que así lo están entendiendo.

- ¿Cómo percibe el papel de los medios de comunicación rusos en todo esto? Parece que Putin está decidido a prestar apoyo activo a cualquiera que sea disruptivo frente al sistema occidental, ya sea de extrema derecha, de extrema izquierda o de cualquier otra tendencia…

Sí, desde luego. Como dijo una vez el redactor jefe de Russia Today, "el periodismo objetivo no existe". El propósito de esa televisión y de Sputnik no es hacerte creer en una verdad alternativa, sino sencillamente destruir la noción misma de verdad. Por más que sus mentiras sean realmente fáciles de detectar, ni siquiera se esfuerzan en hacerlas parecer verosímiles. El Kremlin no intenta que compres su historia, sino que simplemente busca que no creas a nadie. Por ello llena sus informativos con todo tipo de teorías de la conspiración, alentando temores irracionales y rumores demenciales que contribuyen a hacer imposible toda conversación constructiva sobre el estado del mundo.

- Se habla mucho sobre la injerencia rusa en las elecciones de otros países, ya sea manipulando el software electoral o la conversación en las redes sociales. Por ejemplo, se ha acusado a Rusia de intervenir en el referéndum ilegal de Cataluña el pasado mes de octubre. ¿Cómo ve todas estas acusaciones? Por otro lado, ¿es posible ese grado de injerencia?, ¿es Rusia tan poderosa?

Durante la reciente crisis catalana, la "central de trolls" rusos intervino activamente en el proceso. Los mensajes divulgados prestaban apoyo a ambos bandos al mismo tiempo. Esto es así porque a Rusia no es que le convenga más una u otra vía: simplemente tienen un interés claro por desestabilizar Europa.

El Kremlin tiene presupuestos muy generosos para ciberataques. También tienen "centrales de trolls" creadas con el objetivo de interferir en el proceso político de las democracias occidentales. Sin embargo, no estoy tan segura de que eso tenga algún efecto real. De hecho, es muy posible que toda la especulación sobre la injerencia rusa sea más nociva que la propia injerencia existente. Putin busca que todo el mundo le perciba como un jugador peligroso y poderoso. Cada vez que Newsweek o The Economist le presentan así, le están haciendo un favor.

- Su conferencia en Madrid versa sobre la situación actual de la libertad en Rusia, pero, ¿cómo cree que va a evolucionar en los próximos años? ¿Hay motivos para ser optimistas?

A largo plazo sí, soy optimista sobre el futuro de Rusia. Los llamados millenials, la gente de mi generación y más jóvenes, ya no ven la televisión y son mucho menos permeables a la propaganda. Lo hemos visto hace nada gracias a la mascarada de las elecciones presidenciales, que ha provocado protestas juveniles en más de cien ciudades. Y hace un mes, una manifestación del Partido Libertario concentró a más de doce mil jóvenes en Moscú, una cifra muy alta para una formación extraparlamentaria.

Esta es una generación nueva y valiente. Muchos de quienes la integran nacieron bajo Putin y no han conocido otro régimen, pero tienen una mentalidad universal, internacional, y saben perfectamente cómo funciona la democracia de los países libres y prósperos. Cuando les veo me reafirmo en mi convicción de que sí tenemos la oportunidad de conseguir una Rusia mejor.

- Usted es libertaria, y el libertarismo está creciendo en muchos países, pero sigue estando fuera del tablero político convencional al estar carente de representación en las instituciones. ¿Cómo percibe el futuro de esta tendencia política a escala global?

En general, encuentra uno más libertarios en los países que han tenido que soportar el socialismo u otras formas de autoritarismo. En el mundo postsoviético hemos tenido un buen número de reformas pro-libre mercado en países como Estonia o Georgia. En Ucrania, donde viví un par de años, el sentimiento libertario es muy fuerte e incluso el ministro de Finanzas se identifica con esta corriente de pensamiento.

Al mismo tiempo, las sociedades occidentales están decepcionadas por los partidos convencionales. Por desgracia, ese hueco lo están llenando hasta ahora los populismos autoritarios, pero hay espacio para que los libertarios vayamos conquistando ese terreno. Para ello hay que hacer política. Los libertarios solemos darle mucha importancia a la difusión de nuestras ideas, pero como primera política libertaria electa a un cargo público en mi país, creo que merece la pena dar la batalla de la política y de las elecciones.

Por último, las ideas libertarias van ganando la partida en un nivel mucho más sutil de la realidad, al ir comprendiendo la gente que se puede vivir sin gobierno. Esto se observa por ejemplo gracias a fenómenos como la economía colaborativa: son millones los usuarios de Uber o de Airbnb que "votan" cada día por alternativas privadas, sin licencias ni regulaciones. Esta elección cotidiana puede estar corroyendo al Leviatán de una manera más efectiva que cualquier campaña electoral. Y eso está pasando en España, en Rusia y en el mundo.

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