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Se cae el 'mito danés': su economía es cada vez menos intervencionista

Desde el marco económico danés desde un prisma liberal, el mito de la socialdemocracia parece haber quedado atrás. 

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Dinamarca I Archivo

Suecia fue, durante décadas, el país modelo al que apeló la izquierda europea cada vez que tuvo que justificar la viabilidad de sus recetas económicas. La década de los 90 puso en tela de juicio aquel paradigma y, ante el giro liberal que vivió Suecia, los progresistas del Viejo Continente empezaron a buscar alternativas en otros lugares.

Muchos de ellos empezaron a invocar el ejemplo danés como alternativa. Mientras Suecia bajaba impuestos, reducía el peso del Estado e introducía un sistema de cheques para la gestión privada de la educación y la sanidad pública, Dinamarca seguía aplicando las viejas recetas intervencionistas de la socialdemocracia nórdica. De modo que la respuesta pasaba, necesariamente, por evitar la "deriva neoliberal sueca" y abrazar la consistencia del modelo danés, tan efectivo como fiel a los principios de la izquierda.

En España, el "mito" de Dinamarca como ideal socialista ha cobrado fuerza en los últimos años. No solo lo cultiva el PSOE, sino que Ciudadanos y Podemos han ensalzado el modelo danés por diversos motivos. En el imaginario colectivo de la política española, podríamos decir que Dinamarca es la nueva Suecia.

Pero, más allá de los tópicos, lo cierto es que el sistema económico de Dinamarca tiene poco que ver con el ideal intervencionista de la izquierda. Así lo explica Bjorn Hoi Jensen en el Europe Liberty Forum de ATLAS Network, celebrado recientemente en Copenhague. Este financiero y empresario ha presidido hasta hace muy poco el think tank liberal CEPOS, una institución de referencia en el país escandinavo.

"Reagan y Thatcher nos enseñaron el camino"

Jensen explica que el punto de partida para el cambio en Dinamarca "fueron los años 80, cuando el liderazgo de Reagan y Thatcher nos enseñó el camino y demostró que se puede transformar el mundo con la libertad como guía. Sí es cierto que su triunfo bebía del trabajo de muchos intelectuales que llevaban décadas defendiendo esas ideas, pero su poderío político hizo que esas ideas pasasen del papel al mundo real".

Para Jensen, "en Dinamarca empezaron a cambiar las cosas cuando los partidos de izquierda y derecha abandonaron sus utopías intervencionistas y, agobiados por el estancamiento económico, empezaron a prestarle atención a cuestiones como el control de la inflación, la reforma de los sistemas tributarios, la reducción del gasto público, la liberalización de los sectores intervenidos…".

El financiero y empresario danés considera que "las ideas de la libertad se han impuesto con el paso del tiempo, por eso están siempre bajo ataque sobre todo a raíz de la crisis económica. Pero en Dinamarca tenemos claro que la libertad individual, la eficiencia del sector público y la competitividad del sector privado son la respuesta adecuada a muchos de los retos que enfrentamos".

Los datos que certifican el giro liberal danés

Sus palabras parecen corresponderse con la realidad. Dinamarca ocupa el puesto 12 en el último Índice de Libertad Económica, elaborado por la Fundación Heritage y divulgado en España por Foro Regulación Inteligente y Faes. Su mercado laboral es, de largo, el más flexible del mundo rico, hasta el punto de que contempla el despido libre y sin indemnización. A ello hay que sumarle el aplauso generalizado a las instituciones públicas de Dinamarca, en las que la corrupción es limitada, la justicia funciona con eficacia y la burocracia es relativamente eficiente.

Es cierto que el tipo máximo del IRPF sigue siendo del 55% o que el IVA del 25% se sitúa entre los más altos de Europa. Sin embargo, el tipo del Impuesto de Sociedades ha bajado hasta el 22% y el peso del gasto público ha caído de forma progresiva, pasando del 60% al 50% del PIB en las dos últimas décadas.

La estabilidad fiscal también se ha convertido en uno de los pilares de la nueva economía danesa. En dos de los últimos años, el presupuesto público ha cerrado con superávits fiscales superiores al 1% del PIB. Gracias a esa política prudente, la deuda del Tesoro apenas se ha resentido ante el estallido de la crisis y ya se mueve por debajo del 38% del PIB.

De modo que, juzgando el marco económico danés desde un prisma liberal, el mito de la socialdemocracia parece haber quedado atrás. Como certifican los datos presentados en los párrafos anteriores, Dinamarca ha seguido un camino similar al de Suecia, abandonando el intervencionismo de antaño y liberalizando su economía hasta convertirla en una de las más abiertas de Europa.

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