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Ron, sobre Saracho: “Me dijo que iba a amenazar con estrellar el avión en la puerta del BCE”

El expresidente del Popular cree que la nueva dirección provocó su venta a bajo precio: "Me dijo que, si no lo conseguía, montaría una tómbola".

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Ángel Ron, expresidente del Banco Popular, este jueves en el Congreso de los Diputados. | EFE

Ángel Ron tiene muchas cuentas pendientes y ha comenzado a saldarlas este jueves, en el Congreso. El expresidente del Banco Popular acudía a la Comisión de Investigación de la Crisis Financiera en España. Y no ha defraudado. De hecho, pocas veces se escuchan en este tipo de comparecencias afirmaciones tan contundentes como las que ha hecho Ron ante los diputados.

El relato del banquero gallego se ha asentado sobre tres principios: en primer lugar, que él dejó un banco solvente y sin ningún problema de liquidez; que la nueva dirección llegó con el objetivo de tirar el precio de la acción, para facilitar así una ampliación de capital o su venta; y que él es una víctima de todo este proceso, y no sólo por el daño que se ha hecho a su reputación, sino porque invirtió en el Popular y no vendió sus acciones en ningún momento, por lo que perdió "más de un millón de euros" tras la intervención de la JUR y la compra de la entidad por un euro por parte del Santander.

"Los propietarios se merecen una reparación", ha asegurado Ron, muy combativo en todo momento: "La propiedad es un derecho fundamental que ha sido conculcado". No sólo eso, sino que todo este proceso se ha llevado a cabo, en su opinión, "sin transparencia, sin justiprecio, sin información. Espero que la justicia encuentre una solución a este atropello tan flagrante".

En este punto es en el que Ron ha sido más contundente. Se ha alineado con los accionistas (de los que él es uno más, ha apuntado) y ha pedido que se les compense por lo que considera una decisión completamente injustificada. "Si hubiera habido la más mínima duda sobre si las cuentas ofrecían una imagen fiel", ha explicado, él nunca hubiera mantenido hasta el final su dinero: "Perdí más de un millón de euros. También vengo en carácter de perjudicado, tanto en el plano reputacional como en el económico. La ampliación de capital fue respaldada por el mercado. En esa ampliación, los consejeros y yo invertimos personalmente. Las pérdidas de ese consejo fueron elevadísimas". De hecho ha hablado de hasta 500 millones de euros de pérdidas para los miembros del consejo.

¿Y esto por qué? Si es verdad que el banco era solvente, cómo puede ser que acabase intervenido y que sólo el Banco Santander quisiera quedárselo (y eso sólo si era a coste cero). Ron cree que lo que ocurrió es que la nueva dirección, encabezada por su sucesor, Emilio Saracho, generó dudas en los mercados, con el objetivo de bajar el precio de la acción y hacer que la venta o ampliación de capital que tenía en mente fuera más sencilla: "Es legítimo echar a un presidente de una cotizada. Pero lo que no es legítimo es hacerlo a través de un proceso que pone en riesgo la institución, pretendiendo y consiguiendo una caída de la acción. Había un interés en controlar el banco a bajo precio. Era una oportunidad para quedarse con un banco con 11.000 millones de patrimonio a un precio muy bajo. (…) Mi sucesor manifestó no conocer los fundamentos de la banca comercial. Me dijo que iba a crear valor con una ampliación de capital y que, si no, montaría una tómbola. Me dijo que la acción estaba cara y que un principio básico era infundir pánico a las autoridades, a los accionistas, al mercado...".

Sus acusaciones no han terminado ahí. El ataque a la gestión de Saracho ha sido muy contundente. A sus formas y al fondo. Al objetivo final y al desarrollo del proceso: "Mi sucesor me dijo que de lo que se trata es de asustar, que iba a amenazar con estrellar el avión en la puerta del BCE. A lo mejor es una táctica de negociación. Pero como estrategia para gestionar un banco comercial... cuando menos me recuerda a la conducción temeraria". En este punto, Ron ha asegurado que les aconsejó a los nuevos gestores que cambiasen de táctica: "Les anticipo que los clientes se pondrán muy nerviosos. El departamento de comunicación también les advirtió de que la forma de hacer declaraciones no era buena". Pero, incluso así, la nueva dirección mantuvo el rumbo. ¿Por qué? se ha preguntado Ron, pues con un doble objetivo: "Bajar el precio de la acción y echar la culpa a los anteriores gestores".

Y eso que ha dicho en un par de ocasiones que él no cree que la idea fuera desde el principio que todo terminase como lo hizo: "Yo no atribuyo a una voluntad de acabar en una resolución. El patrimonio de verdad de un banco es su confianza: un banco es solvente si da buen servicio y no da malas noticias". Por ahí sí que ha señalado de forma directa a Saracho. Por ejemplo, al recordar que éste el día 9 de abril aseguró en un off the record que la acción podía "llegar a cero". No sólo eso, Ron ha realizado una cronología con un puñado de noticias y declaraciones en las que su sucesor sembró dudas sobre el futuro de su entidad, algo que fue poco a poco minando la confianza de depositantes e inversores, lo que derivó en la intervención de la JUR y su posterior entrega al Santander.

Por último, Ron ha realizado una acusación a su sucesor algo más grave. Porque lo anterior se puede plantear como una diferencia de planteamiento o de valoración de la entidad. Uno pensaba que había que buscar tiempo para sanear el balance, mientras el otro buscaba un comprador porque pensaba que era la única solución. Pero además de todo esto, Ron ha insinuado que Saracho tenía un conflicto de intereses potencialmente muy peligroso. Así, ha contado que cuando Saracho llegó al Popular les explicó que sólo tenía un problema para aceptar el puesto de Ron, un plan de pensiones millonario (aunque ha dicho que no conocía la cantidad exacta) que sólo cobraría si "cumplía 65 años mientras trabajaba en JP Morgan". Como no quería perder ese dinero (todo esto de acuerdo a la versión de Ron), Saracho pidió permiso a la entidad norteamericana para que le mantuviesen el bonus sin cumplir la condición de seguir trabajando allí. En este punto, Ron se pregunta por qué JP Morgan, "que no es una ONG", aceptó esta petición de su empleado, que le costaba un buen dinero. Y qué incentivos perversos podía tener el nuevo presidente del Popular a partir de entonces. Hay que recordar que Saracho contrató a JP Morgan, en varias ocasiones y para aspectos clave del proceso fallido de venta, durante su etapa al frente de la entidad bancaria.

Solvencia y liquidez

La pregunta que Ron no ha terminado de responder es por qué, si estaba tan claro que el Popular no tenía ningún problema de solvencia, no hubo ninguna otra entidad que entrase en una subasta a la que sólo acudió el Santander. Porque el expresidente del Popular ha dibujado un escenario saneado en el que su entidad fue víctima de una mala gestión y de una legislación claramente inadecuada: "Se aplica una normativa al banco que es una ficción. Se valora como si se estuviera liquidando, pero no se liquida. ¿Se cerró alguna sucursal? ¿Dejó de funcionar ese día? Se aplica una normativa de resolución a una entidad solvente. El procedimiento era inadecuado. Se ha producido un vaciamiento patrimonial de los accionistas. Muchos accionistas dicen que se produce desplazamiento patrimonial y enriquecimiento injusto. Las cuentas trimestrales dicen, en marzo de 2017, que el Popular supera en un 82% las ratios de liquidez. La firma que auditó las cuentas, cuando hace el informe de auditoría, el 30 de junio de 2017, cuando el banco ya está controlado por el Santander, dice que el banco se resuelve como consecuencia de una crisis de liquidez provocada en el segundo trimestre de 2017. Se le aplica una normativa de resolución que no está pensada para ese caso (...) El Banco Popular había pasado todos los controles habidos y por haber. Siempre ha dicho la verdad. No hay nada más frágil que un banco. La solvencia del banco se construye a lo largo del tiempo. Teníamos solvencia regulatoria, patrimonial y contable".

Para reforzar este argumento, Ron ha apelado en varias ocasiones a la opinión de los supervisores y asesores, que durante los últimos años de vida del banco y en la ampliación de capital de 2016 dieron su visto bueno a las cuentas de la entidad: "El gobernador del Banco de España dijo que el banco había sido resuelto por un problema de liquidez, pero que hubo una fuga de depósitos que no tenía nada que ver con que los clientes pensasen que el banco no era solvente. Que era imposible un año antes saber que un año después iba a haber una fuga de depósitos. Si yo hubiera pensado esto, no hubiera esperado a que me confiscasen mis acciones".

Quizás en lo que menos se ha detenido ha sido en el proceso final, el que terminó con la entrega del Popular al Santander por un euro. Aunque, eso sí, ha asegurado que, en su opinión, esta entidad hizo "un negocio excelente": "¿Cuánto vale un banco que genera 1.000 millones de beneficios antes de impuestos. No conozco ningún activo en el mundo que pueda comprar por un euro, le pongamos capital y nos dé el 20%. Ha habido claramente una confiscación del patrimonio de los accionistas. No digo que lo haya hecho el Santander, pero el procedimiento no es el adecuado".

Eso último es importante. Porque Ron culpa en buena medida a la normativa y a la JUR de lo que ocurrió. En este punto, ha explicado que uno de los principales problemas es que se procedió a un mecanismo de resolución que, por su propia naturaleza, sólo debería ponerse en marcha para entidades quebradas, no para las que, como el Popular, eran solventes y podían encontrar otro comprador: "A los accionistas del Popular se les expropia y la regla para calcular el justiprecio es el valor de liquidación".

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